Otros artículos de Mercedes Díaz-Jiménez Martínez en el Diario Pueblo

OTROS ARTÍCULOS EN EL DIARIO “PUEBLO”

 MERCEDES DÍAZ-JIMÉNEZ MARTÍNEZ (León, 1913 - Madrid, 1989)


  1. 07/07/1952 (L)  - Un platillo volante sobre Madrid
  2. 28/07/1952 (L) - El agregado cultural del Pakistán en Madrid fue discípulo de Pepe Marchena en cante jondo
  3. 06/08/1952 (X) - La escuela de baile flamenco de “El Estampío” es única en Madrid
  4. 16/08/1952 (S) - El parque más nuevo de Madrid se llama Eva Perón
  5. 26/08/1952 (M) - Una escritora replica a Vicente Escudero (1)
  6. 28/08/1952 (J) - Una escritora replica a Vicente Escudero (2)
  7. 06/09/1952 (S) - Réplica de una escritora a Vicente Escudero (3)
  8. 09/12/1952 (M) - El domingo, en El Rastro (1): Los charlatanes
  9. 16/12/1952 (M) - El domingo, en El Rastro (2): ¡Don Nicanor tocando el tambor!
  10. 26/12/1952 (V) - El domingo, en El Rastro (3): El gitano boca-cántaro
  11. 29/12/1952 (L) - El domingo, en El Rastro (4): Zafar, el pakistaní
  12. 02/01/1953 (V) - El domingo, en El Rastro (5): El Rastro y el ogro de la calle Ruiz de Alarcón
  13. 06/01/1953 (M) - El domingo, en El Rastro (6): El escultor Sebastián Miranda compra en el Rastro
  14. 07/01/1953 (X) - El domingo, en El Rastro (7): El arquitecto que construyó las “Galerías Piquer”
  15. 13/01/1953 (M) - El domingo, en El Rastro (8): Un par de castañuelas
  16. 16/01/1953 (V) - Nuestras clases modestas tienen tanto honor como las clases elevadas
  17. 21/01/1953 (X) - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (1)
  18. 22/01/1953 (J) - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (2)
  19. 23/01/1953 (V) - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (3)
  20. 24/01/1953 (S) - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (4)
  21. 26/01/1953 (L) - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (5)
  22. 27/01/1953 (M) - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (6)
  23. 28/01/1953 (X) - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (7)
  24. 29/01/1953 (J) - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (8)
  25. 23/02/1953 (L) - Los Juegos Florales de Alicante tienen singular carácter social
  26. 09/04/1953 (J) - Intercambio mundial de música
  27. 16/04/1953 (J) - El domingo, en El Rastro (9): La tienda de antigüedades
  28. 17/04/1953 (V) - El domingo, en El Rastro (10): Un ladrón perseguido
  29. 18/04/1953 (S) - El domingo, en El Rastro (11): Los angelitos barrocos
  30. 21/04/1953 (M) - El domingo, en El Rastro (12): “El nervioso”, o sea Francisco Martín Messía, único castañuelero que hay en Madrid
  31. 05/05/1953 (M) - La Caja de Ahorros infantil, de Alicante, primer establecimiento bancario que tienen los niños españoles
  32. 07/05/1953 (J) - El domingo, en El Rastro (13): El “Melenas”
  33. 04/06/1953 (J) - El domingo, en El Rastro (14): Natalia, la coja
  34. 20/06/1953 (S) - Contestación a los anticuarios de la plaza del general Vara de Rey
  35. 23/06/1953 (M) - Las japonesas escribieron a los combatientes españoles de 1938
  36. 08/07/1953 (X) - Alicante, mirador para turistas en el mediterráneo
  37. 24/08/1953 (L) - Las siete horas de Humberto de Saboya en Elche
  38. 22/09/1953 (M) - El capitán Richard D. Zern, que manda la 4ª flotilla de destructores norteamericanos, habla para Pueblo
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  40. 29/12/1953 (M) - Dos atracadores arman un fenomenal escándalo en las oficinas de la Unión y el Fénix, de Valencia
  41. 11/01/1954 (L) - En busca de cerebros de primera categoría
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  43. 22/01/1954 (V) - Leopoldo Querol prefiere las composiciones románticas
  44. 15/04/1954 (J)  - Semana Santa en Crevillente. Cinco “pasos” de Benlliure desfilan en un paisaje que evoca el de Palestina
  45. 31/08/1956 (V) - Sin distinción de sexo
  46. 01/09/1956 (S) - El “¡Sésamo, ábrete!” de Carmen Ponte
  47. 10/09/1956 (L) - Más sobre las mujeres
  48. 11/09/1956 (M) - Sucursal de Montecarlo junto a orillas del Manzanares. La niña bonita
  49. 24/09/1956 (L) - Se examinan los bailarines
  50. 29/09/1956 (S) - Busque los marcianos que “llegan” a Madrid
  51. 11/10/1956 (J) - “Tortura” y algo más
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  53. 13/12/1956 (J) - A perra gorda la aventura
  54. 27/12/1956 (J) - Operación Rio - Tajo
  55. 19/02/1957 (M) - En el país de Nicolás Batalla
  56. 29/03/1957 (X) - La iniciación profesional femenina en la escuela primaria
  57. 02/04/1957 (M) - La iniciación profesional en la Escuela Primaria
  58. 05/04/1957 (V) - Certamen de cine amateur en mayo
  59. 13/04/1957 (S) - El censo de las cigüeñas. En Valencia de Alcántara hay hasta 420
  60. 20/04/1957 (S) - Afán por la lectura
  61. 26/04/1957 (V) - Lo histórico en el cine
  62. 27/04/1957 (S) - Los “Amigos de los castillos” buscan el clima medieval… por medio de una excursión aérea
  63. 04/05/1957 (S) - Un método revolucionario para la enseñanza de la aritmética, probado en la capital de España
  64. 17/05/1957 (V) - “El diario de Ana Frank”
  65. 04/07/1957 (J) - Luis Santamarina en su “Alonso de Monroy”
  66. 17/07/1957 (X) - ¡¡Emplead menos esfuerzo, mujeres!!
  67. 05/08/1957 (L) - Misa en Notre-Dame [desde París]
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  69. 19/08/1957 (L) - El Congreso se divierte [desde París]
  70. 23/08/1957 (V) - San Julián el Pobre [desde París]
  71. 28/08/1957 (X) - Conversaciones en el aire: Perico y Avelino
  72. 29/08/1957 (J) - Conversaciones en el aire: Don Luis, el magnífico, y el recluta
  73. 10/12/1957 (M) - Usted mismo puede hacerlo, usted mismo puede emocionarse. Un poblado ibérico en la irredenta Extremadura
  74. 13/12/1957 (V) - Relato de unos testigos: Doce días sitiados en Tiliuin (Ifni)
  75. 27/12/1957 (V) - El príncipe Karim en la Mezquita
  76. 01/01/1958 (X) - Murió atropellada
  77. 30/12/1959 (X) - El palacio de la civilización del trabajo (1). En el “coliseo cuadrado” de Roma se tratan los más palpitantes problemas laborales.
  78. 31/12/1959 (J) - El palacio de la civilización del trabajo (2). Los tratadistas insisten en la “despersonalización” y el “embrutecimiento” que el maquinismo ha traído al obrero
  79. 01/01/1960 (V) - El palacio de la civilización del trabajo (3). Según Luigi Pignone, empresarios y obreros necesitan una educación social de que hoy carecen
  80. 11/01/1960 (L) - Las ciudades muertas (1): “Yo afirmo que la Norba del Lacio revivió en la Norba Caesarina, o Cáceres actual”
  81. 12/01/1960 (M) - Las ciudades muertas (2): En la Norba romana crecen hoy pinos y maleza, pero subsisten edificios y cisternas
  82. 13/01/1960 (X) - Las ciudades muertas (3): La Norba del Lacio acabó con el suicidio colectivo de sus habitantes
  83. 14/01/1960 (J) - Las ciudades muertas (4)
  84. 03/02/1960 (X) - En Italia. El teléfono sirve para muchas cosas
  85. 01/03/1960 (M) - El caballero 1960. Un hombre elegante ha de cambiar de traje 4 veces al día.
  86. 07/04/1960 (J) - Italia instala en sus trenes emisoras de radio
  87. 18/04/1960 (L) - Junto al Mercado Común Europeo, la comunidad de la escuela europea
  88. 10/08/1960 (L) - Un nuevo tipo de humanidades (1): Valores actuales
  89. 11/08/1960 (M) - Un nuevo tipo de humanidades (2): El ajustamiento de lo clásico
  90. 12/08/1960 (X) - Un nuevo tipo de humanidades (3): Cultura y educación en constante desarrollo
  91. 22/10/1960 (S) - Los marinos de El Ferrol inauguran [desde La Coruña]
  92. 12/11/1960 (S) - Un cachalote de diez toneladas llega a la playa de La Coruña [desde La Coruña]
  93. 26/11/1960 (S) - A los seis años de edad ya es músico famoso [desde La Coruña]

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PUEBLO 07/07/1952 - Un platillo volante sobre Madrid




TRANSCRIPCIÓN

UN PLATILLO VOLANTE SOBRE MADRID

Se vio el pasado día 1, a las 22:25 horas de la noche

"Con los ojos clavados en el cielo, esperé un buen rato. Mi ánimo quedó embargado por la emoción", esto nos ha dicho la escritora Mercedes Díaz-Jiménez.

 

[encuadrado]

Con relación a los platillos volantes, Madrid tenía cierta inferioridad respecto a las demás ciudades españolas, pues ninguno de estos artefactos había cruzado hasta ahora el cielo madrileño.

La falta de noticias acerca del paso de los platillos volantes que se deja sentir en Madrid significa que los platillos no tienen predilección por la capital de España. Pues estoy en la creencia de que si un madrileño hubiera visto a la misteriosa aeronave habría corrido a las Redacciones de los periódicos para que ellos propalasen la noticia a los cuatro vientos. Y lo habría hecho principalmente porque el ente supercivilizado que es el madrileño necesita acreditar su universalidad personal con la experiencia propia del hecho que mayor curiosidad está suscitando hoy día. Además, desde el punto de vista turístico, Madrid carece de un espectáculo que con frecuencia se prodiga en otras partes.

Pero ya puede quedarse el madrileño sosegado, porque Madrid acaba de ser visitado por un platillo volante el martes, día 1 de julio de 1952, a las 22:25 horas. “Yo misma fui testigo de ello -nos ha dicho la escritora Mercedes Díaz-Jiménez-, y si no corrí a la agencia periodística fue por temor a ser tratada por el público como visionaria, ya que a las mujeres se las considera fácilmente sugestionables, y da la casualidad de que yo soy una mujer. Ahora voy a relatar mi experiencia. Y, en consecuencia, quien dude de lo que yo vi, dejará de incluirme en lo patológico para considerarme sugestionable sólo dentro del campo literario, que siempre es más agradable”. El hecho ocurrió de la siguiente forma:

 

El día 1 de julio fue un día caluroso. Aun al anochecido, apenas podía respirarse. Por tanto, marché en busca de un lugar fresco donde pudiera refrigerarme. El sitio que elegí fue el final de la Castellana, el jardincillo que se extiende ante la Escuela de Ingenieros Industriales. Al llegar me detuve en el café que en aquella colina sirve de refugio a las parejas de enamorados. Se trata de un magnifico lugar cuya elevación, árboles, césped y el pequeño lago donde las ranas croan incesantemente proporcionan una agradable impresión de frescura. Dejé el café transcurrida una hora, y descendí por uno de los senderos. Pero me detuve en mitad de la colina sin decidirme a abandonar aquel oasis para entrar en el paseo de la Castellana. Entonces, contraviniendo las ordenanzas municipales, me senté sobre el césped de cara a Chamartín de la Rosa. Y me puse a contemplar el cielo no con un sentido romántico, sino con apreciación cósmica. A mi izquierda y por detrás, la luna iba a ser cubierta por un nubarrón que me traía esperanzas de lluvia en aquella noche tan calurosa. Eran las diez y veinticinco minutos y hacia un cuarto de hora que yo estaba escudriñando la bóveda celeste cuando de pronto veo que por el cielo viene algo brillante. "Una estrella fugaz", me dije a mi misma.

Pero bien pronto me dl cuenta de que aquello no era una estrella fugaz, porque todas las que yo había visto corrieron a perderse enseguida, juntamente con su cola, en la oscuridad celeste. Aquello parecía una estrella por su forma circular luminosa, pero no se perdía, sino que circulaba. Bajaba, es la palabra exacta. Además no tenía cola. Era un foco potente, aunque pequeño, con luz rojiza como la del fuego. Estaba, indudablemente, descendiendo hacia la tierra. Describió una línea oblicua que fue desde la vertical de Chamartín hasta la vertical del final de la Castellana. Cuando aquel foco de luz rojiza hubo llegado a este último punto, cambió de dirección, sin duda para no estrellarse contra el suelo de Madrid, y entonces lo vi en una posición distinta, lo vi de perfil. En este momento su apariencia ya no era la de foco sino la de un aparato que marchaba. Ahora en esta nueva posición quedaba iluminado solamente por su parte de abajo y tenía además unos bigotes de luz por delante. Estas dos guías luminosas y el reflejo de abajo, de color no ya rojizo, sino azulado, perfilaban en parte la forma circular de aquello que avanzaba. Fue entonces cuando me di cuenta de que se trataba de un platillo volante. Es decir, de algo completamente distinto a todo lo que en mi vida había visto en el cielo. No pude distinguir la forma que tenía el platillo, pues las zonas que carecían de luz quedaban confundidas con la oscuridad. Avanzaba el platillo a poca altura, pues, marchando hacia Cuatro Caminos, pronto quedó oculto por el edificio de los Nuevos Ministerios. En cuanto a su velocidad, no creo que fuera mayor de la que llevan los aviones de reacción. En total, el platillo bajó de la bóveda celeste y cambió de dirección sobre el final de la Castellana, formando un ángulo de ciento diez grados, más o menos, en la trayectoria que describió ante mí.

Con los ojos clavados en el cielo, esperé un buen rato. Pero nada más vino a turbar el espacio sideral que yo abarcaba con la vista. Y he de confesar que mi ánimo quedó embargado por la emoción. Es cierto que no soy la primera persona que ve un platillo volante, ya que centenares de individuos los han visto antes que yo. Sin embargo, nadie puede quitarme la sensación de haber estado frente por frente de algo tan misterioso y tan rápido. Y ya se sabe el atractivo tan grande que tiene lo desconocido y que tiene lo fugaz. Además, la falta de prioridad mía tiene la ventaja de que haya podido contemplar el paso del vehículo con mayor discernimiento. Aunque el juicio que ha merecido a mis semejantes poco ha influido en mi percepción, la cual es completamente personal. Pues creo tener un juicio suficientemente claro para valorar lo que veo, debido a mi dedicación a los estudios filosóficos, a la investigación histórica y a numerosas prácticas en el laboratorio psicológico. Y digo esto para que no se hable de sugestión colectiva. Por desconocer la cinemática no puedo dar una opinión científica. Pero digo, en contraste con los demás testigos, que el móvil luminoso que yo vi lo mismo podía tener la forma de platillo que la esférica: cuando bajaba, su forma era la circular, después, al variar de dirección, por llevar su luz sirviéndole sólo de plataforma, además de los bigotes delanteros, quedaba el resto de la masa en la oscuridad sin poder distinguirse la forma que tenía.

Se dio la circunstancia de que en aquellos momentos yo estuviera sola. Y a juzgar por las apariencias, desde mi observatorio ninguna otra persona vio el paso del platillo volante.

No puedo, pues, desgraciadamente, invocar a nadie como testigo. Pero desde otro punto de Madrid, que yo sepa, fue visto a la misma hora desde la calle Álvarez de Castro por don Eduardo Aguirre, auxiliar de Archivos, con destino en la Biblioteca Nacional. Al día siguiente Radio Nacional dio la noticia de que en Las Palmas fue visto por varios empleados del Cabildo insular un platillo volante que pronto se elevó hacia la inmensidad. Seguramente fue el mismo que vimos en la capital de España.

El hecho de ver un platillo en movimiento supone en quien lo contempla el ansia de saber la verdad, pues mi apetencia de ahora es mucho mayor. Y es de suponer que cuando la mayoría de los habitantes de la tierra vean con sus propios ojos a los platillos, la Humanidad pedirá a gritos que le aclaren el misterio. Hasta ahora la ciencia nada ha dicho en concreto. Ni siquiera conocemos la opinión a este respecto de una mentalidad de primera categoría, como, por ejemplo, la de Einstein. En nuestros días parece ser que toda la atención de las naciones está reclamada por la desintegración del átomo, aun a riesgo de ser sorprendidas por algo más extraordinario todavía. También España tiene su correspondiente organismo dedicado al estudio de la energía nuclear. ¿Por qué, pues, no intenta nuestra Patria desentrañar el misterio de los platillos volantes? No nos faltan las mentalidades agudas y los buenos observatorios meteorológicos. Gracias al pueblo de navegantes que fue España en los siglos XVI y XVII pudieron adelantar extraordinariamente las ciencias astronómicas y, por ende, las matemáticas. Hasta el mismo Newton se sirvió de los pasos dados por los españoles. Ahora que estamos anulando el complejo de inferioridad científica que el siglo XIX cargó sobre los españoles, estamos en buenas condiciones para las empresas universales, y sería una buena jugada mundial el que nuestros sabios desentrañasen el misterio que envuelve a los platillos volantes.

 

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PUEBLO 28/07/1952 - El agregado cultural del Pakistán en Madrid fue discípulo de Pepe Marchena en cante jondo




TRANSCRIPCIÓN

UN REPORTAJE DE ÚLTIMA HORA

El agregado cultural del Pakistán en Madrid fue discípulo de Pepe Marchena en cante jondo

Ama a una sola mujer, a pesar de la autorización del Corán: "Tendrás tantas mujeres cuantas puedas amar"

ES UN "SUFÍ", QUE ES UNA CALIDAD DE HOMBRE PODEROSO

 

CONVERSAR con el agregado cultural de la Embajada del Pakistán en Madrid es algo muy interesante. Porque Aziz Balouch habla de costumbres pertenecientes a un país que, por hallarse tan lejos de nuestra Patria, muy pocos españoles podremos ir a conocer.

Aziz Balouch no sólo tiene el encanto de ser un tipo de pakistaní puro, tanto en su figura como en su mentalidad, sino que posee además el atractivo de ser portador de la quintaesencia de la cultura pakistaní. Su calidad de agregado cultural así lo proclama. Y yo acredito que, después de conversar con él extensamente, no me invadió la decepción. Sucedió todo lo contrario, pues me sentí atraída por el Pakistán, la nueva y más joven nación con que hoy cuenta el Islam.

Los relatos de Aziz Balouch están provistos de un intenso espiritualismo. Y casi siempre bordean lo misterioso, según corresponde a la concepción que de la vida se tiene en las civilizaciones orientales. Todas las preguntas que yo le hice tuvieron su respuesta, aun a pesar de que fueron encaminadas principalmente a captar al hombre, a Aziz Balouch, y a su circunstancia. Nuestra conversación fue la siguiente:

 

LOS SUFÍES, MÍSTICOS DE LA MÚSICA Y DE LA POESÍA

-Nací en Beluchistán -dice Balouch- y tengo la profesión de músico. También me dedico al periodismo, pues dirijo la revista titulada "The Sufi", que se edita en Londres. Además soy presidente de "The Sindh Society", y autor de un libro sobre el sufismo,

-¿Quiénes son los "sufíes"?, le pregunto intrigada.

-La Asociación Sufí es un conjunto de intelectuales y de místicos de la música y de la poesía, que pertenecen a diversos países del Islam, como Persia, Irán, Pakistán, etc. Sufí quiere decir ser libre, personalmente. La Asociación está Integrada por miles de sufíes, y dicha cualidad nada tiene que ver con la religión y con la política. Tampoco se trata de una casta, pues en el Islam no existen las castas. Uno de los más importantes sufí de la antigüedad fue el escritor arábigo-español Ibn Arabi, de Murcia. Y nuestro embajador en Madrid es descendiente de un gran sufí del siglo XVII.

Desde muy pequeño entré a formar parte de los sufíes. Ello fue debido a que mi madre dio de beber cierto día a un hombre santo (véase la película "Kim de la India"), donde aparece uno de estos ascetas), quien, agradecido, le anunció que el cielo le concedería aquello que pidiese: "No he tenido hijos y deseo tener uno", exclamó mi madre. Y el hombre santo respondió: "Tendrás un hijo que será sufí." Por esta razón yo sabía desde pequeño cuál iba a ser mi destino. A los seis años comencé a escuchar los poemas de los sufíes, y un compañero mío de estudios, mayor que yo, fue mi maestro espiritual. Los sufíes tienen un gran poder sobre las demás personas. Ahora estoy preparando un libro en el que describo cómo es nuestra fuerza. Poder que no sólo nos viene con el nacimiento, sino con lo que desarrollamos notablemente con nuestra voluntad.

-Entonces, usted, por ser el presidente de los "sufíes", tendrá un poder extraordinario. Inquirí llena de asombro.

-No me gusta vanagloriarme de mis hechos. Por eso me callo. Pero en casi todas las naciones hay gentes que me conocen. ¡Y ellos son quienes hablan bastante de mí!

Yo estaba escuchando atentamente a Balouch. Tenía mi vista pendiente de la suya. Y como sus ojos son negrísimos y de un fulgor penetrante, recordé el hipnotismo. Ese procedimiento de anulación ajena que se emplea en la India con frecuencia. Pero no creo que sea éste el poder especial de los "sufíes". Es, sin duda, la fuerza emanada del genio artístico y filosófico lo que impresiona a los pakistanís. Hasta el punto de que las gentes sencillas reconozcan poderes extraordinarios en las personas que Dios ha dotado con especial inteligencia.

Aziz Balouch prosiguió:

-Desde mi infancia fui educado como corresponde a un "sufí". Estuve estudiando en Persia como colegial, y dentro de la mística artística de los "sufíes" me incliné por la música. Ya en mi país, entré como discípulo en casa de un excelente maestro, que era ciego, donde aprendí la música clásica indo-pakistaní. Después me dediqué al canto, como tenor, marchando a Londres para estudiar la ópera en uno de los mejores centros de enseñanza europeos.

 

LA MÚSICA ESPAÑOLA HIZO DE MI UN HISPANISTA

-Estando en Beluchistán oí la música española en unos discos gramofónicos y quedé sorprendido por la semejanza que existe entre el "cante jondo" y la música folklórica nuestra. Desde entonces deseé venir a España. Deseo que vi satisfecho en 1933, pues me establecí en Gibraltar como gerente de una Sociedad comercial. Al cabo de tres años dejé mi trabajo, con objeto de pasar a Madrid y estudiar la música y la vida españolas. España me entusiasmó hasta el punto de que esta admiración me convirtió en un ferviente hispanista. Aquí, en Madrid, fui discípulo de Pepe Marchena respecto del "cante jondo". Y qué alegría he recibido cuando volví a Madrid, hace dos meses, y encontré a mis amigos de entonces, el maestro Molleda y Pepe Marchena.

-¿Cómo llegó usted al puesto de agregado cultural?

-Precisamente por mi condición de hispanista. Cuando regresé a la India pronuncié numerosas conferencias sobre España. También lo hice en Londres. Y en la B. B. C., en la emisión para el Oriente, actué varias veces con canciones españolas. Yo soy conocido en el Oriente Medio por el informador de las cosas de España. Ahora aspiro, en justa correspondencia, a lo contrario. Es decir, a que algunos españoles sean los informadores del Pakistán en este país del Occidente.

 

HAY MUY POCOS HARENES EN EL PAKISTÁN

-¿Quiere hablarme, Aziz Balouch, de su harén? Pues, debido a su condición de musulmán, es lógico que lo tenga.

-EI Corán dice lo siguiente: "Tendrás tantas mujeres cuantas puedas amar". Sin embargo, yo no soy capaz de amar más que una sola. Por tanto, nunca tendré un harén. ¡Sería muy complicado reunir a varias mujeres en casa! Por otra parte, los harenes van siendo muy escasos en Pakistán. Quedan solamente al alcance de los hombres de gran posición económica. Estoy adivinando la pregunta que usted me quiere hacer. No. Nuestro ministro en Madrid tiene una sola mujer, que muy pronto vendrá a reunirse con él.

-¿Cómo explica que las mujeres del Pakistán, tan acostumbrado al encierro en casa, propio de los musulmanes, formen la Guardia Nacional, con uniformes, uso de armas, desfiles y hasta su banda de música?

-La Guardia Nacional de mujeres es auxiliar del Ejército, a semejanza de Inglaterra y de Estados Unidos. Aparte del manejo de las armas, tienen a su cargo servicios sanitarios y de puericultura. El paso de la casa a la calle fue dado por nuestras mujeres en el trastorno consiguiente a la formación del Pakistán. Sus servicios fueron necesarios para atender a los ocho millones de refugiados que vinieron a la patria.

 

LA ASOCIACIÓN CULTURAL HISPANO-PAKISTANÍ

-¿Qué es la Asociación Cultural Hispano-pakistaní?

-Es una obra fundada por mí en Madrid, y patrocinada por el señor ministro del Pakistán. Se constituyó el día 10 del presente mes, con asistencia del señor Ruíz-Giménez, ministro de Educación Nacional. Sus fines son los siguientes: Estrechar los lazos de amistad entre los dos países. Intensificar el Intercambio cultural. Proyectar películas, organizar conferencias, charlas Y coloquios, extender a toda España las actividades de la Asociación. Dar conciertos de música pakistaní y española en su forma vocal e instrumental. Organizar festivales de danzas de ambos países. Patrocinar Exposiciones de pintura y escultura. Y crear cursos para la enseñanza del urdu, idioma oficial del Pakistán.

Aziz Balouch habló en un español casi perfecto. En el que sólo había de diferente la pronunciación, completamente islámica, de la letra jota. Hay que tener en cuenta que, a pesar de ser un hombre joven, es un políglota. Pero con la manera amplísima de hablar cinco idiomas orientales y cuatro occidentales. La palabra citada con más reiteración en su charla fue la de filosofía. Después, como yo no hiciera más preguntas, Aziz no habló más. Este Ilustre pakistaní, nacido en la región hindú que tiene fama por la fortaleza y valentía de sus hombres, quedó silencioso. Con el espíritu enfrascado en su ferviente hispanismo.

Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

 

Pie de foto: El agregado cultural de la Embajada del Pakistán, señor don Aziz Balouch.


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PUEBLO 06/08/1952 - La escuela de baile flamenco de “El Estampío” es única en Madrid



TRANSCRIPCIÓN

LA ESCUELA DE BAILE FLAMENCO DE "EL ESTAMPÍO" ES ÚNICA EN MADRID

El viejo maestro (74 años) años habla de los demás y de sí mismo

Entre sus discípulos figura el hijo del diplomático filipino señor Nieto, que aspira a ser bailarín

 

PARA llegar a ser bailarina es necesario poseer una técnica artística muy depurada. Técnica que no poseen las bailaoras ni tampoco las cultivadoras del baile popular. Porque el baile español de concierto, como cualquier manifestación artística de primera categoría, no se nutre solamente de la intuición, sino que necesita un estudio concienzudo.

Nuestro baile exige las siguientes condiciones: Una educación afinadísima del oído. Un sentido muy depurado del ritmo. El aprendizaje de cientos de pasos de baile y de otros tantos zapateados complicadísimos. Las diferentes posiciones de los brazos. La colocación del busto. El movimiento de las manos y de los dedos. Y la percusión de las castañuelas. Ni un sólo músculo del cuerpo permanece pasivo cuando la bailarina o el bailarín interpretan la danza española.

Para dominar tales ejercicios se necesitan muchos años de aprendizaje. Y no basta con saberlos ejecutar, pues hay que mecanizarlos hasta lo inverosímil para que sea a la melodía a lo que únicamente se atienda. Pero hay más todavía. Hay que añadir a todo ello el sentimiento coreográfico, que no es un estado de ánimo teatral, de mímica solamente. El fuego temperamental, anímico y biológico, característico de la raza española no se puede expresar con palabras. Y es la danza precisamente quien se encarga de pregonar esa difícil intimidad, cuyo "tempo" sale fuera del alcance de la literatura, de la poesía y aun de la música.

Por otra parte, la danza española es la más difícil del mundo, pues, a diferencia de las demás, lleva un instrumento en las manos. Sin embargo, cuando admiramos el arte de un bailarín olvidamos de hacernos la siguiente pregunta: "¿Quién ha sido su maestro?" Pues si cada efecto proviene de una causa, es evidente que ese batir de tacones, ese diálogo de los palillos y esa plástica humana ha tenido un impulsor, un maestro de baile.

En Sevilla es célebre el maestro "Realito"; en Barcelona, Trini Borrull, y en Madrid, además de la cátedra de baile español del Conservatorio, hay una docena de maestros que enseñan a la mayor parte de los bailarines que de España salen. Pero en cuanto al baile flamenco, rama de la danza que se caracteriza por la ausencia de castañuelas, pues bastan los pitos, donde todo radica en los arabescos que trenzan los pies sobre el rasgueo de las guitarras, de ese baile macho, según dicen los flamencos, sólo existe en Madrid un maestro, que es "el Estampío".

 

EN CASA DEL MAESTRO "EL ESTAMPÍO"

Y a casa de "el Estampío" me dirijo yo. Porque quiero conocerle para presentárselo a mis lectores y tributar así un merecido homenaje a su pedagogía flamenca. Vive en el número 15 de la calle del Olivar. En el barrio más castizamente madrileño, ya que esta calle es paralela a la de Lavapiés.

Desde el portal se oye el redoble que producen los pies de un alumno en el entarimado del piso primero. La puerta de la academia se abre a mi llamada, y me dirijo a la sala de estudio sin que nadie me pregunte nada, como es habitual en estos lugares. Allí está sentado el maestro "el Estampío", en un ángulo de la desnuda habitación, donde sólo hay un espejo grande, una mesita y dos sillas. En el centro de la clase un joven zapatea incesantemente. "El Estampío" es un hombre viejo, magro y taciturno. Se halla absorto sobre los pies de su discípulo, con el fin de gritarle a la menor falta que cometa. Ni siquiera se fija en mi presencia.

Después, cuando termina una serie de los zapateados propuestos, "el Estampío" se pone en pie y se encara conmigo. Pero al hablar de la intención que tengo de interviuvarle, me contesta con un no rotundo. "No quiero aparecer en los periódicos! ¡No necesito propaganda! ¡Ya no me importa nada!", ha dicho el viejo maestro, y volviéndome la espalda inclina la cabeza sobre el pecho. Está esperando a que yo me marche.

Evidentemente hay tristeza en su actitud. Tal vez por la soledad en que se hallan los maestros de baile, de cuya labor ni siquiera tiene noticias el Gobierno español, aun cuando el Gobierno condecora a las grandes bailarinas que llevan el nombre de España por todo el mundo. O tal vez porque tema la emoción al encontrarse de nuevo con el público. Y como me doy cuenta de su tristeza, me quedo allí sin enfadarme por su destemplada negativa.

A pesar de sus setenta y cuatro años, "el Estampío" tiene la auténtica planta de un bailarín. Su traje blanco resulta elegante y el cuerpo de los pantalones le sube hasta el corazón, como a los flamencos. Sus tobillos son cañas de fácil juego. Y en su mano izquierda hay un solitario, cuyo brillo recuerda a los fulgores que desprendió este mismo brillante en los escenarios nacionales y extranjeros al ser herido por las luces de las candilejas.

Acostumbrados como están los bailarines a su mundo, a la gente de baile, "el Estampío" ve en mí a una intrusa molesta. Por eso me acerco a él y, con voz suave, le digo confidencialmente:

-Yo estudié baile español durante seis años. Fui discípula, en Barcelona, del maestro Bautista, que, sin duda, usted recordará.

-Si -contesta "el Estampío" aclarando su ceño-. Si, Antonio Bautista era madrileño... Supe que murió hace unos cinco años.

 

"EL ESTAMPÍO" HABLA DE LOS DEMAS Y DE SÍ MISMO

Entonces, el viejo maestro se sienta confiadamente en su silla y yo junto a él. Ha sido convencido por mi conocimiento del arte que llena su vida. Ya no se niega a hablar, y me mira por primera vez a los ojos. El alumno continúa zapateando en medio de la clase.

-Quedan muy pocos flamencos -digo yo para empezar-. Creo que Vicente Escudero es el mejor.

-Vicente Escudero da conferencias como si fuera un catedrático. O es muy listo o está loco. ¡No hace más que provocar a los demás! ¿Eso es delito o qué es? Le conocí en París, cuando iba yo con Padilla, con el autor de "El relicario". Un día estábamos en un café de Montmartre y él decía: "Fulano no sabe nada; Mengano, tampoco; Perengano, menos aún." Yo le decía a todo que sí, como si estuviera en presencia de Luis Candelas. Pero cuando aseguró que en España no se sabía bailar flamenco, miré a Escudero con ojos tan amenazadores, que él, asustado, se abalanzó sobre mí dándome un abrazo y diciéndome que no le hiciera caso porque estaba chiflado.

-Y Antonio, el compañero de Rosario, a quién tuvo por maestro?

-Antonio fue discípulo del marido de "la Quica" durante poco tiempo. Se marchó a América y él mismo se hizo bailarín con lo poco que aprendió. En cuanto al arte flamenco suyo no es puro, pues está modernizado. Rosario y Antonio es una pareja muy compenetrada. Llevan quince años juntos. Cosa rara, ya que las parejas pronto se desavienen.

Habla "el Estampío" a la manera andaluza. Con una expresión regional que pudiéramos llamar clásica, pues difiere placenteramente de la parla usada por los nuevos bailarines. Su charla, de frase cortada, es ingeniosa, porque "el Estampío", roto el hielo, se ha puesto a devanar el hilo de sus recuerdos.

-Soy de Jerez de la Frontera. No pensaba ser bailarín. Iba para torero y llegué a torear novillos. Pero, amigo, tenía miedo al bicho y por eso tuve que dejarlos. De chiquillo bailaba cuando me daban algunas perrillas. Así es que, cuando dejé los toros, empecé a ir por los pueblos con mi baile. Yo no sabía nada de ello. Sólo hacía lo que me salía de dentro, pero en los pueblos yo era el rey. Algunos viajantes de comercio, que son gentes más enteradas que los paletos, por haber corrido mundo, me animaron a seguir el camino emprendido. Luego, en Badajoz, estuve bastante tiempo, y, como yo era muy feo, me llamaban "el Feo de Extremadura". ¡Ahora también soy muy feo! Por Badajoz cayó un guitarrista que me metió en el cuerpo las ganas de venir a Madrid. Y vine.

-¿Le costó mucho trabajo triunfar?

-No. Aquí, en Madrid, estudié de firme. Me avisaron para un café que había entonces en la calle de Jardines, en 1910. Recuerdo que el local era muy largo y muy estrecho. Al final de aquella largura estaba colocado el tabladillo, donde había unas bailaoras. Como entonces llevaban vestidos de lentejuelas, aquel brillo me parecía el de la misma gloria. Pero la gloria la veía muy lejana. Me probaron y lo hice mal, pues temblaba de puro azarado. Me contrataron, y más adelante pasé al Romea con un cuadro flamenco. Por entonces comencé a frecuentar un café que había aquí cerca, en la calle de la Magdalena, donde hice las primeras amistades. Estos contornos han sido el escenario de mi vida, como que me podían nombrar alcalde de barrio por lo viejo que soy.

-¿Por qué le llaman "el Estampío"?

-Es que uno de mis primeros bailes, que yo solo me compuse, remedaba a un picador. A un picador muy malo. Y yo mismo gritaba insultos diciéndome: "Eh! ¡Estampío! ¡Chuzahumo! -Malajeta!" Como la gente se quedó con lo de "Estampío", pues con "Estampío" me quedé. Con este nombre firmé mi primer contrato y todos los demás.

-Habrá formado usted escuela de su baile.

-Quiá. No tengo hijos. No me casé. Se me pasó la vida de flor en flor. La vida marcha rápida; de mis contemporáneos ninguno vive. No di con mujeres buenas y no tuve tiempo de buscar en otros ambientes a una mujer para casarme.

 

EL HIJO DEL EMBAJADOR DE FILIPINAS ES DISCIPULO DE "EL ESTAMPÍO"

-¿Cuántos alumnos tiene?

-Ahora, cinco chicas y tres muchachos. No todos valen. Además, quieren pasar por la Universidad del baile saludándola desde la puerta. Pero éste que ahora zapatea vale. Fíjese con qué limpieza ejecuta los puntos del zapateado, aunque sólo hace tres meses que viene. Se llama Rubén Antonio Nieto y es hijo del embajador de Filipinas en Madrid.

Con un poco de sorpresa contemplo al discípulo de "el Estampío". Se trata de un joven de veinticinco años, tan moreno y con tanto estilo, que cualquiera diría a primera vista que es un calé de Granada. Me intriga lo de su afición al baile y le interrumpo su punta y tacón, tacón y punta, para preguntarle:

-¿Pero qué es lo que usted busca en el baile español?

-El baile español gusta en todo el mundo -responde Rubén con acento tagalo-. He tenido que esperar tres meses a que el maestro me diera una hora, y no logro convencerle para que me dedique dos al día. Aprendo baile español para dedicarme por entero a este arte. Cuando a los ocho años lo conocí, supe dónde estaba mi vocación. He terminado el bachillerato y he estudiado arquitectura y decoración para complacer a mi padre, pero ninguna clase de estudios ha conseguido atraerme. Puede comprender la alegría que sentí cuando mi padre fue nombrado ministro de Filipinas en España.

-¿Qué opinan sus padres de tales proyectos?

-Que es mejor ser un buen bailarín que un mal diplomático. Me presentaré en un escenario de Norteamérica cuando esté en condiciones de hacerlo. También necesito ir a otra academia para aprender las demás ramas del baile español. El maestro me ha puesto en contacto con Pellicer y pronto comenzaré a estudiar con él.

-¿Y respecto al temperamento español, lo fingirá usted?

-No, por cierto. También lo tengo, pues si mi padre es filipino, en cambio mi madre es española.

"El Estampío" me ha dejado conversar libremente con Rubén. En su boca hoy una sonrisa de satisfacción, pues le complace que yo me entere bien de que tiene un alumno de categoría.

Con gusto me hubiera quedado más tiempo con "el Estampío". Pero las nueve de la noche es una hora prudente para dejar a un maestro de baile, ya que la fatiga de los pies reclama el lecho prontamente. Aunque esta noche "el Estampío" no podrá conciliar el sueño fácilmente. Pues he abierto la puerta de par en par a sus recuerdos, que entrarán en tropel por la calle del Olivar y subirán al número 15. Llevarán a "el Estampío" el principio de siglo en ardoroso "ballet" de sombras, en los garabatos misteriosos del "tempo" flamenco, en el pentagrama luminoso de "El amor brujo" y en los tanguillos de Cádiz. Pero no sé si "el Estampío" me agradecerá o me reprochará el que yo haya abierto la puerta de par en par.

Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

 

Pie de foto: Rubén Antonio Nieto, hijo del ministro consejero de la Embajada de Filipinas en Madrid, dando su clase de baile con "El Estampio". (Foto Verdugo.)

 

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PUEBLO 11/08/1952 - Réplica de Vicente Escudero a El Estampío



TRANSCRIPCIÓN

CARTA ABIERTA A "EL ESTAMPÍO"

(DE VICENTE ESCUDERO)

A ver si, en vez de molestar, razonamos

 

MAESTRO “El Estampío”:

No puedo pasar por alto los inelegantes conceptos que me diriges en tus declaraciones a PUEBLO, aparecidas en el número del pasado miércoles, día 6 del corriente. Jamás yo me habría podido figurar que desde hace veinte años estabas deseando encontrar la ocasión para expulsar el malhumor que se te había acumulado desde que nos encontramos en París, cuando ibas con la compañía del maestro Padilla, al ver que yo iba dando recitales por el mundo, mientras que tú estabas en un conjunto de revistas bailando bailes de «chufla», tipo mojiganga, y pasando sin pena ni gloria entre los desfiles de aquellas chicas que entonces llamaban “girls” y ahora vicetiples.

Con las declaraciones que acabas ahora de hacer, sin ton ni son, sale a relucir que no me perdonas la diferencia de categoría artística que ya entonces existía entre nosotros. No se concibe otra cosa, ya que, por otra parte, tú sabes muy bien cuánto yo te he elogiado como maestro siempre que me han preguntado dónde se podía ir para aprender a bailar flamenco y cuántas lecciones te mandé también, así como los consejos que te di sobre los honorarios a cobrar por tu trabajo, que sabes que al principio eran irrisorios. Y que, reconociendo tus méritos indiscutibles, en mis conferencias yo habló justamente de lo que tú representas en el baile flamenco, como hablo también bien de Pilar López, de Mariemma, de Carmen Amaya, así como de lo que representa su valiosa aportación al tesoro artístico de la danza española. Aunque alguna vez haga reservas, hablo bien de muchos bailarines y bailarinas. De Antonio, combato lo que en él no es puro, añadiendo que lleva chapas en los zapatos -como los bailarines americanos-, que él no se ha atrevido a suprimir, sabiendo la ventaja que hay entre llevarlas y no llevarlas.

Sin embargo, yo digo a los cuatro vientos que Antonio es un gran bailarín. Lo que tú no te atreves a decir en las declaraciones que motivan esta aclaración.

¿Por qué decir que provoco a los demás?

Yo siempre, al hablar de arte, antes, ahora y siempre, protesto contra todo lo que no tenga que ver con lo nuestro. Y en la época aquella a que te refieres, casi todos los bailarines, por no decir todos -y, sobre todo, los que andaban fuera de España-, influenciados por las corrientes de entonces, mezclaban al baile flamenco pasos de baile ruso y otros volatines. Y esto es lo que te habré dicho. Que Fulano hacía esto o lo otro. Y que Mengano también lo hacía. Como también te pregunté que por qué bailabas aquella mojiganga en vez de bailar por “alegrías” o «zapateados», y me contestaste «que tenías miedo al tocador», «que temías que no te respondiese». Yo, francamente, pensé que lo que temías era la mole de escenario que tenía el teatro de los «Champs Elysées», que yo conocía muy bien por haber actuado tanto allí; puedo decir que de allí partió mi renombre.

En cuanto a las conferencias, «si estoy loco» es de hacer investigaciones, de hacer estudios para salir de la rutina y para estar documentado y depurar el baile español, y particularmente el flamenco, conservando su pureza y su solera, sin caer en fáciles concesiones. No puedo quedarme como tantos, en estado cerril. Me documento y hablo para descubrir cosas y secretos que luego son plagiados por todo el mundo... Pero ¿y mi satisfacción? ¿Y el orgullo de constatar lo que tanto han aprendido en mis charlas?

Amigo «El Estampío»: Yo no soy muy listo. Simplemente lo que hago es estudiar mucho para que luego sepan moverse los pies, los brazos y toda la figura sin perder la masculinidad que caracteriza al viril baile español.

Y si es así, si tú sabes que yo no soy un bailarín de hojaldre, ¿cómo dices que me asusté ante tus ojos amenazadores y te di un abrazo? Ni que fueras Frankenstein para lo primero o Greta Garbo para lo segundo. ¡Cómo se habrán refocilado los que, conociéndome, hayan leído tal manifestación tuya!.

Vicente ESCUDERO


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PUEBLO 16/08/1952 - El parque más nuevo de Madrid se llama Eva Perón



TRANSCRIPCIÓN

EL PARQUE MÁS NUEVO DE MADRID SE LLAMA EVA PERÓN

Los niños elevan una respetuosa aspiración: más libertad para moverse en estos sitios

CUANDO se llega al final de la calle de Lista no hay más remedio que posar la mirada sobre el bloque de casas del Ayuntamiento. Porque el atractivo de estas casas es grande, debido a la situación privilegiada que disfrutan, el aspecto confortable que pregonan y a la envidia que suscitan en los infortunados buscadores de pisos. Por si las ventajas fueran pocas todavía, a las casas del Ayuntamiento se les ha hecho el regalo de un parque, el de "Eva Perón", que está colocado frente a ellas, a diez metros de distancia solamente.

Este parque familiar tiene su puerta central en la calle de Francisco Silvela, y también otras dos laterales. En la plaza de Manuel Becerra, a la derecha, y en la calle de Florestán Aguilar, en la izquierda. El recinto cercado del parque se alza en plataforma, y si la porción más baja del frontis es un jardín versallesco, la porción baja de la parte opuesta está dedicada a los jugadores de pelota. Sólo tiene un año de existencia y es pronto, por tanto, para hacerle una biografía. No obstante, de igual forma que los niños pequeños tienen su "Libro del bebé", el parque familiar puede tener anotadas los primeros pasos de su vida ciudadana.

 

LA FUENTE CENTRAL

La fuente central acapara la atención de los niños, pues tiene siempre numerosos admiradores a su alrededor. Los cuatro peces de colores que viven dentro del pilón jamás tienen reposo durante el día, pues las aguas son agitadas en violento vendaval por las manos infantiles. Allí están los chiquillos chapoteando a todas horas con entusiasmo, bien para un remojón que refresque el cogote o para impulsar un barquito de vela. Luego se entabla una pelea entre niños y niñas, utilizando el agua como proyectil. Más tarde los pañuelos de las niñas son lavados en fingida colada, y los pañuelos de los chicos, con cuatro nudos en sus cuatro puntas, navegan hinchados como globos.

Pero no paran aquí los encantos de la fuente central. Hay más todavía: la fuente puede proporcionar numerosas sorpresas, según nos asegura una niña:

-¡Dentro hay cosas!

-Claro, peces y lodo -contestamos a la pequeña.

-No. Hay cosas. Dentro hay cosas de las que se pierden. Hay una peseta. Hay una cazuelita. Y una niña sacó un pendiente. ¡De oro! ¡Era de oro! Yo alcanzo con la mano hasta el fondo. ¡Mire cómo alcanzo!

-¡Cuidado, que te vas a caer!

-No me caigo, no. Si el fondo está en seguida. Una vez se cayó un niño de los pequeños y empezó a llorar como si se fuera a morir. Si nadie se puede ahogar aquí.

Y suele suceder que cuando los chicos están más divertidos, se presenta de improviso el ogro. El ogro viste uniforme gris con vueltas coloradas, sombrero de fieltro, correaje en bandolera, bastón de hierro y cuerno metálico. El ogro dice:

-¿Quién ha encharcado el suelo? ¿Quién ha echado esas cáscaras en el agua?

Los niños se han paralizado por el temor, y todos estiran el cuello silenciosos para mirar la cara del ogro, que ha cogido al culpable por un brazo:

-¿Dónde está tu mamá?

-Uj, uj -es todo lo que puede responder el atribulado infractor del reglamento.

-¡Ajá! ¿Conque vienes soto? Pues así aprenderán las madres a no dejar a sus hijos abandonados. ¡Ahora te pongo la multa!

Todas las boquitas del corro infantil se han abierto con el susto. La tan nombrada amenaza, la máxima punición, ha llegado. ¡La multa! ¡Ahí está la multa!

-¿Que no tienes cinco pesetas? Pues yo iré a buscarlas a tu casa. ¿Cómo te llamas? ¿Dónde vives?

 

LOS OGROS DEL PARQUE

Pero vamos en busca del ogro segundo, a ver qué nos dice por su parte. Los ogros del parque son cuatro guardas, dos en el turno de la mañana y otros dos en el de la tarde. Habla el aragonés Manuel Atance:

-La culpa de que los niños nos miren de esa forma la tienen las mamás. ¡Hasta a la hora de comer amenazan a sus hijos con el guarda! Yo sí que las daría a ellas unos buenos azotes.

-No obstante, les gusta a ustedes darse bastante importancia -le decimos al guarda Atance, colocándole los puntos sobre las íes.

-Es que no hay más remedio para mantener la autoridad.

-Pero dos guardas son muchos para un jardín tan pequeño.

-Ni mucho menos. Cuando un guarda tiene que ausentarse para llevar a alguien a la Casa de Socorro o a la Comisaría, siempre queda uno de nosotros en vigilancia. Los domingos somos tres guardas.

-¿A la Comisaría ha dicho?

-Sí. Solamente se ha dado un caso. Llevamos a la Comisaría a una pareja de novios que se comportaba indebidamente, y allí les levantaron el correspondiente atestado. En cuanto a la Casa de Socorro, nada más puede ocurrir que algún perro muerda a un niño.

 

SE NECESITA ACTUALIZAR A LOS PARQUES FAMILIARES

A nosotros nos parece que este parque es el que tiene los guardas más exigentes de todo Madrid. Quizá sea porque los guardas están orgullosos de él, por ser tan nuevo. O tal vez porque necesiten combatir su aburrimiento gravitando sobre los paseantes. Puede tenerse la seguridad de que ninguna persona se mueve dentro del recinto sin que los guardas sepan lo que está haciendo en cada momento. Ningún chiquillo se atreverá a tocar una hierbecilla ni a pisar una esquina del césped, ni a recostarse sobre un árbol, ni a recuperar la pelota que se ha caído sobre un seto.

No es que protestemos contra la conservación de los jardines ni contra la buena autoridad. Es que la vida ciudadana conspira contra los niños. No hay sitio para ellos ni en los pisos tan pequeños ni en las escuelas tan limitadas, y no digamos lo que peligran en las calles. Todo conspira contra ellos, como si hubiéramos decidido suprimirlos. ¿Dónde, pues, lograrán los niños encontrar un lugar suyo? Desde luego, no lo encuentran en el parque "Eva Perón", a pesar de sus regadores, de sus jardineros y de sus barrenderos. Allí falta un espacio acotado lleno de arena, como tiene el paseo de La Isla, de Burgos. Falta un cuadrilátero con césped para que lo pisoteen a su gusto; falta un pilón de agua que ellos puedan controlar.

Por otra parte, son tan escasas las sombras que la gente ha de buscarlas sentándose en las escaleras y en el suelo, si es que quiere evitar la muerte por insolación. Los numerosos bancos que existen sirven solamente de adorno en el verano. Ya no se aspira solamente a que los espacios verdes de la ciudad proporcionen reposo a la vista, a que los jardines sirvan de espléndido decorado a las expansiones del espíritu y a proporcionar romanticismo a las parejas de enamorados. Los parques son el único reducto donde hoy día los niños pueden moverse con cierta holgura. Procuremos, pues, que se muevan con mayor libertad.

Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

 

Pie de foto: Se dijo muchas veces que los encargados del urbanismo madrileño no aman al árbol. Sin quitar ni poner rey, lo que sí puede afirmarse es que Madrid dispone de numerosos jardincillos y parques, bellísimos y atrayentes. El Retiro, el parque Eva de Perón y los Jardines de Sabatini, cuyos aspectos recogemos en estas fotos, son una buena prueba de nuestro aserto. (Fotos A.).

 

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PUEBLO 26/08/1952 - Una escritora replica a Vicente Escudero (1)



TRANSCRIPCIÓN

UNA ESCRITORA REPLICA A VICENTE ESCUDERO

Cuando habla Escudero de baile puro y de baile impuro, hace una discriminación inventada por él

No puede decirse "pureza clásica" del baile flamenco porque es una manifestación tardía.

(El zapateado se introdujo en el siglo XIX)

Otra cosa sería querer despistarnos

 

A los críticos de arte suele achacárseles un desconocimiento de la materia que valoran, por lo que estamos acostumbrados a presenciar las réplicas que pintores, dramaturgos y músicos sostienen con los juzgadores de su obra. Pero el hecho de que la disconformidad de los artistas surja únicamente cuando la crítica es negativa, me hace pensar en que la razón no está de parte de los artistas, por tratarse de una apreciación excesivamente personalista.

La vida del hombre es demasiado corta para pretender que el escritor dedicado a la crítica sea además un magnífico pintor o un excelente músico. Dos vidas se necesitarían para adquirir dos técnicas artísticas de primera categoría. Y, aun llegando a poseerlas, no habría tiempo, en las veinticuatro horas del día, para dar al arte lo suyo y para entregarse al mismo tiempo a una labor de crítico. No obstante, si los criticados insisten en su punto de vista, ¿por qué no dan ejemplo ellos mismos y, abandonando sus pinceles, su teatro o su baile, se convierten en críticos de profesión?

Pero no hay necesidad de llegar al extremo de arrancar a un artista de su pedestal diario, porque los críticos que en la actualidad existen se bastan a sí propios para emitir un juicio sereno. Precisamente por no ser parte interesada y por no hallarse encuadrados en un clan exclusivo, pueden contemplar el problema desde una cima universalista. El crítico de arte es siempre un especialista en la materia que trata, ya que no existe ningún escritor tan inconsciente que se ponga a escribir sobre un tema que desconoce. Es necesario tener en cuenta, además, que hay varios escritores que pintan, que escriben teatro, que hacen música y que saben danzar. Pero también, aparte de esto, podríamos hacer la pregunta siguiente: ¿Por qué un artista admite como buena la opinión del público y, por el contrario, rechaza la del escritor? Pues ya se sabe que el público es, en su mayoría, inculto, y que las masas se dejan arrastrar por las corrientes más falsas.

En lo referente al baile español, resulta que, por haber alcanzado este arte su máxima categoría en los tiempos actuales, su crítica correspondiente es muy joven. Y no cuenta en su acervo tradicional con la enjundia cultural que sobre las demás ramas del arte gravitan. La danza española ha entrado en el terreno de la crítica artística recientemente, aun a pesar de que las bailarinas gaditanas ya eran famosas en la Roma imperial.

Por eso, esta clase de crítica es la que con más facilidad se siente atacada. Si los bailarines arremeten continuamente contra ella, es porque la creen tan débil como puede serlo un adolescente. No se dan cuenta de que por carecer de abolengo y por marchar libre de todo lastre, es más original, más ágil y, por lo tanto, tiene más libertad de movimientos. Y para asfixiar a esta crítica tan jovencita lanzan los bailarines, una y otra vez, anatemas como el siguiente: "No estoy de acuerdo, ni mucho menos, con la manera de escribir sobre este arte. Para hablar de esto hay que estar enterado de la técnica y de las normas que esta clase de baile requiere ya de tradición... Observo que a la crítica que leo en los autores le falta estas cualidades, sin las cuales no se debe emitir un juicio en público.".

Las palabras precedentes pertenecen a nuestro primer bailarín de flamenco, que es Vicente Escudero. Aparecieron en PUEBLO el día 15 de febrero de 1949, en unas declaraciones que hizo al periodista Córdoba. Posteriormente, hace pocos días, insiste en emitir este juicio personalizando más concretamente. Es decir, Vicente Escudero alarma que yo no puedo escribir sobre baile español porque desconozco la materia... Pero yo contesto a nuestro primer flamenco diciéndole que he verificado mis estudios de baile español, en la misma forma y durante el mismo tiempo que los bailarines que son aplaudidos en los escenarios españoles y en los extranjeros. Y no me he limitado a un solo maestro, sino que he asistido a tres escuelas distintas, con objeto de conocer los estilos diferentes que presenta actualmente la danza española. Si me he quedado en la categoría de "amateur" ha sido por la mayor atracción que sobre mi ejercieron los estudios universitarios.

Más aún le diré a Vicente Escudero. El único texto sobre baile español que existe hoy en el mundo (téngase en cuenta que digo texto de enseñanza y no libro), el titulado "La danza española", que está escrito por Trini Borrull, fue ideado y proyectado por mí, como puede atestiguar el señor Meseguer, que es su editor. Y si no llegué a desarrollarlo en su totalidad fue debido a que tuve que dejar Barcelona cuando mis tareas madrileñas me reclamaron en la capital de España. Como el señor Meseguer tenía prisa en lanzar a la imprenta tan utilísima idea, fue el motivo por el cual se lo encargó a Trini Borrull.

Por tanto, creo tener condiciones suficientes para haberme "atrevido" a escribir en PUEBLO el artículo titulado "La Escuela de Baile Flamenco de El Estampío es única en Madrid". Artículo que es el cuerpo del delito que Escudero ha cogido por las solapas para zarandearlo, y que es el único promotor de la cuestión existente hoy día entre El Estampío y Vicente Escudero y entre Vicente Escudero y yo.

Pero vamos ahora con la cuestión del purismo en el baile español, que es otro de los mitos que invocan los bailarines para introducirse en un tabú misterioso que los proteja del resto de los mortales y que los haga intangibles. Ninguna manifestación del arte puede quedar estancada, sino que ha de seguir caminando a través de las épocas con un ritmo más o menos acelerado. La danza española no puede ser una excepción, y por eso camina también con sus pasos propios. El baile español de composición, el que no es popular, apenas puede invocar un clasicismo propio, porque no nos ha quedado la muestra fehaciente de sus mejores épocas. Su técnica no se ha transmitido por medio de un pentagrama semejante al de la música, que, con sólo lectura, nos permitiera repentizar un baile determinado. La técnica se ha transmitido de unos a otros bailarines por medio de la enseñanza oral, y ya puede suponerse la serie de variaciones que habrá sufrido con el correr de los tiempos. El baile francés del siglo XVIII, por el contrario, puede repentizarse hoy día, porque los bailarines dibujaron esa especie de pentagrama a que me he referido. Lo hicieron en sus coreografías. Además, así nos lo asegura la terminología de la palabra coreografía, cuya acepción la empleamos muy mal en el presente. Pues la composición del baile que se efectúa hoy no se escribe en el papel, sino que los bailarines la conservan en la memoria. Huelga, por tanto, la segunda parte de la palabra, la de grafía. Fue grande la influencia que ejerció en la danza francesa el baile español, hasta el punto de que muchos de nuestros pasos actuales, como el "coupé", el "jeté", el "sissoné", etc., los tomamos de ella y los repetimos con su nombre francés. Si nosotros leemos ahora una coreografía de danza francesa escrita por el maestro español Minguet o por Ferriol, podemos repetir exactamente la "Contradanza", "El minueto del nardo", "La hija de Cupido", "La airosa malagueña" y "La airosa catalana". Pero no nos habremos desenvuelto dentro de la auténtica danza española, puesto que la tenemos que ir a buscar más atrás, en pleno Siglo de Oro, y de ella no nos han quedado coreografías indicadoras de sus giros.

Podemos, sin embargo, llegar a un conocimiento muy aproximado de la danza española pura dedicándonos a una investigación histórica, muy minuciosa. Pero no creo que Vicente Escudero haya tenido tiempo de realizarla. Por eso, cuando habla Escudero de baile puro y de baile impuro hace una discriminación inventada por él, que es muy meritoria, pero que poco tiene que ver con la filiación histórica del baile. Con mucha menos razón puede hablarse de pureza clásica del baile flamenco, porque es una manifestación tardía, sobre todo el zapateado, que se introdujo en el siglo XIX. Que no solamente el flamenco procede de los gitanos del Indostán, ya que estos gitanos se extendieron por toda Europa y dieron lugar a bailes bien distintos de los españoles.

Más exacto sería decir que Escudero, en lugar de ser clásico, ha dado un gran impulso al baile español por las nuevas aportaciones con que le dota. Es un creador de muchas bellas interpretaciones, de atractivas actitudes y es un sibarita del tempo psíquico flamenco, por lo que su mérito es asombroso.

Cuando Antonio, por ejemplo, baila su "Panaderos del siglo XVIII", escribe una magistral página de historia. Pero cuando baila el flamenco de "El amor brujo", abandona lo que nosotros creemos que es la pureza del baile para lanzarse a nuevas y valiosas adquisiciones, como corresponde a un artista que es hombre de su tiempo. Si es ahora cuando la danza española alcanza su punto álgido de belleza, es desde aquí de donde arrancará su pureza para lo venidero. Pero otra cosa es querer despistarnos pretendiendo traer desde siglos atrás una actitud bailística que está variada meritoriamente por Vicente Escudero, por Antonio y por Carmen de Amaya.

Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ


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PUEBLO 28/08/1952 - Una escritora replica a Vicente Escudero (2)



TRANSCRIPCIÓN

UNA ESCRITORA REPLICA A VICENTE ESCUDERO

DESAFÍA A UN "DUELO" DE BAILE AL ESTILO CLÁSICO DEL SIGLO XVII

La vuelta de pecho ha de ser aquélla y no la de ahora

Formarán el Jurado tres maestros de baile

 

No desconozco el terreno tan peligroso en el que me he metido por hablar de baile español. Pues los bailarines son muy susceptibles, según corresponde a su hipersensibilidad, que siempre se halla puesta en trance por causa del continuado danzar. Ellos por no tolerar nada, ni siquiera toleran a los escritores, sin comprender que en materia tan libre como es la opinión artística, uno puede echar su cuarto a espadas.

Imagino, pues, que Vicente Escudero, después de leer mi artículo de ayer, afilará los puñales de sus ojos negros para apuñalarme con ellos. Y también Imagino que, por ser el más culto de los bailarines, puesto que ha escrito un libro, afilará su pluma, que la tiene bien expedita, y arremeterá contra mí en una carta abierta. Pero, para no tener yo una mayor ventaja sobre él, en lo que al arte de escribir se refiere, quiero que afile también sus pies contra mí, con objeto de acudir al reto bailístico que voy a lanzarle.

El excesivo amor propio de los bailarines sí que es tradicional. Tanto, que en 1642 se escribía lo siguiente: "Pica tanto el danzar a los que tratan dél, que ninguno quisiera que nadie le murmurare, y sobre estas murmuraciones de que unos saben más y parecen mejor que otros, se pierden muchas amistades y se han echado muchos retos que suelen venir a parar en cuchilladas. Y porque los retos suelen parar en disgustos, deben los bailarines tener junto a sí sus armas, sin que jamás les falten del lado."

Los retos de que habla Juan de Pastrana tenían lugar en el siglo XVII, principalmente cuando un discípulo oía hablar mal de su maestro de baile. Pues en muy alta estima se tenía entonces al hombre que se dedicaba a la enseñanza. El individuo ofendido se presentaba en la escuela o en el lugar de donde emanó la ofensa y, sin quitarse el sombrero, la capa y la espada decía, más o menos, lo siguiente: "Desafío a danzar y a bailar cuatro mudanzas de Pavana, seis paseos de Gallarda, dos mudanzas de Folía, dos de Rey, dos de Villano, de Chacona, de Canario y de Rastro, a más hacer y a mejor parecer, debajo de buen tañido. Y señalo el día y nombre por padrinos a fulano y a fulano." Este mismo reto se echaba luego en todas las escuelas de la ciudad. Y llegado el plazo y la hora, danzaba primero el que retó, y danzaban luego el uno en pos del otro hasta acabar el reto.

Pues bien, yo soy discípula del maestro "el Estampío", y como Vicente Escudero ha hablado mal de mi maestro de baile en la carta abierta que dirigió al director de PUEBLO el día 11 del presente mes, me siento ofendida y le lanzo un reto. Tan tradicional soy yo, y tan purista en el arte flamenco es mi ofensor, que le reto a danzar la escuela de danza de nuestro glorioso Siglo de Oro. El programa de la escuela del célebre maestro Almela, discípulo de Quintana el Viejo. Es decir, la Pavana, la Gallarda, Folía, El Rey Don Alonso el Bueno, Villano, Chacona, Canario, El Torneo, "El Pie de Gibao" y la "Tárraga". Pero ha de ser con pasos de danza que no estén tergiversados por el transcurrir de los años. Se han de verificar con la prístina pureza que tenían en la época en que jamás se ponía el sol en los dominios españoles, porque además de América dominábamos en los países flamencos. La vuelta de pecho ha de ser aquélla y no la tan fácil de ahora. Y lo mismo digo de los rompidos, del floreo, de las cabriolas atravesadas, de los cuatropeados, de los encaxes y etc., etc. Como corresponde a aquel momento de la danza española, bailaremos sin palillos, con ventaja manifiesta para Escudero, porque el flamenco sólo lleva pitos, y porque sin duda él no posee unos palillos Stradivarius como los que tengo yo. Y aquí sí que puede mostrar Escudero su forma de bailar en arquitectura gótica, como asegura en su libro titulado "MI baile", puesto que en el 600 florecía el gótico por doquier.

Señalo como padrinos míos en este reto al maestro Pellicer, de Madrid, y al maestro Realito, de Sevilla. Y en cuanto al Jurado calificador, no me sirve el público. Porque el público no está preparado para opinar sobre la técnica artística. Quiero, pues, para Jurado a tres maestros de baile, a un compositor de música española, a un catedrático de arte y a un escultor.

El bailarín Vicente Escudero tiene la palabra.

Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ


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PUEBLO 03/09/1952 - Réplica de Vicente Escudero



TRANSCRIPCIÓN

POR UNA SOLA VEZ.-- A UNA ESCRITORA DESPISTADA

NO HAY QUE CONFUNDIR EL BAILE FLAMENCO CON EL ESTILO CLÁSICO DEL SIGLO XVII

"El Estampío" me ha dicho: "A ver si por esta "guasa" que ha "pasao" vamos a perder la amistad"

Por VICENTE ESCUDERO

Nada de tanta osadía como la irresponsabilidad. Aquí cualquier chica, en cuanto da dos pataditas en un escenario, ya se cree una artista. Aquí, en cuanto a una persona un periódico le admite, de tiempo en tiempo, una colaboración, se llama a sí mismo escritora o escritor. ¡Ah!, y cuando también una vez y por azar llega la ocasión de hablar, por ejemplo, de baile, entonces se arroga el diploma de crítico del baile.

Viene este preámbulo como consecuencia de los artículos que en estas columnas de PUEBLO han aparecido estos días pasados bajo la firma de Mercedes Díaz Jiménez.

Hice caso omiso al primer, que seguramente desconcertaría a los lectores de este diario, ya que el mismo era réplica a la carta abierta que desde estas mismas columnas dirigí a "el Estampío" con fecha 11 de agosto, contestando a unas indiscretas manifestaciones que Mercedes Díaz-Jiménez jamás debió haber recogido. Pero refiriéndose a unos párrafos que no llegaron a publicarse y por tanto que no conoció el público, porque, llevado de mi benevolencia, fueron tachados del original, que yo mismo entregué en mano, al considerar los mismos inoportunos, aunque después, por lo visto, y yo no sé por qué fueron comunicados a la escritora en cuestión.

En estos párrafos cercenados yo decía, poco más o menos: Los periódicos y publicaciones deberían cuidar mucho de no admitir trabajos y colaboraciones de personas advenedizas que emiten juicios o críticas para sembrar confusionismo. No es esto exactamente lo que había escrito: pero, en espíritu sí es.

Mercedes Díaz-Jiménez empieza zahiriendo a todos los artistas al citar que somos muy susceptibles y de que no concedemos autoridad a la crítica, llegando a tener la pretensión de que los que se dedican a tan alto cometido deberían conocer mejor que nosotros la ejecución de nuestro arte para poder enjuiciarlos. ¡Pare el carro, amiga! Ningún artista solvente tiene tal pretensión, aunque muchas veces el crítico no esté de acuerdo con lo que hace.

Ahora bien, el artista, para que admita la beligerancia del crítico, lo menos que puede exigir es que éste también tenga cierta solvencia, que esté en posesión de una amplísima cultura, conozca a fondo el arte que enjuicia, tenga una gran experiencia y asiente sus conocimientos del arte que desmenuza, plasma o destruye en una base algo más sólida que una amistad con el editor de un libro de danza española, con el roce superficial de una bailarina, con unas lecciones de academia, en fin, buceando en las bibliotecas y aprendiendo de memoria unas citas de un viejo libro que habla del baile en el siglo XVII. Esta base es débil. Por esto confunde mis teorías sobre el baile flamenco puro con ese siglo que dice la firmante.

Los dos artículos aparecidos son los más cómicos y más simpáticos que he leído en mi vida, y digo simpáticos porque, después de todo, están escritos por una mujer: si no hubiera sido por esta razón y por la insistencia no hubiera contestado. ¿Pero cómo, y aunque no sea más que por una vez, voy a ponerme al margen de la galantería? ¡Tendría que ver que yo tuviese que contestar o bailar con todas las bailarinas y escritores que me retasen, cada uno a su manera!

Esta dama me sale con los bailes del siglo XVII, que no conozco; mañana puede salirme otra persona con los bailes del tiempo de los fenicios, que tampoco conozco, y un poco más tarde otra con los bailes de la época paleolítica cuando los hombres hacían bailar a las piedras, según dicen los escritos. A mí que me hablen del baile flamenco desde el tiempo de "Miracielos" y "el Raspaó" hasta ahora. Que me hablen de la siguiriya gitana (he dicho siguiriya) que yo creé, ya que antes nadie se había decidido a interpretar su cante y su guitarra bailando. Por esta creación estuve pasando por loco durante algunos años, hasta que al fin empezó a adoptarla todo el mundo, claro que como Dios les da a entender. A bailar estos bailes flamencos que son los que más personalidad tienen de todos los bailes españoles (de aquí su gran éxito por el mundo, si quiere la señora Jiménez) yo invité, no reté, al gran bailarín Antonio. Con este artista de categoría es con el único que mano a mano yo puedo enfrentarme, si también se tiene en cuenta la mía. Por eso he encontrado cómica la pretensión y las cosas que dice y propone esta escritora.

Yo estoy defendiendo el baile flamenco de hombre y nada más. Lancé un "Decálogo", cuyo primer punto dice: Bailar en hombre. El segundo dice: Sobriedad. El tercero: Que no hay que soltar los dedos en los movimientos de manos, lo que está bien y natural en la mujer. El cuarto punto dice que no hay que mover las caderas (contonearse). Tampoco hay que usar de la acrobacia ni la velocidad, porque el baile flamenco es de la tierra y "asentao".

Ahora esta escritora, ¡es graciosísima!, quiere que yo ejecute vueltas de pecho, cabriolas y otras cosas raras y femeninas que ha leído, repito, en tratados de danza y quizá también en la hoja de algún calendario. ¿Sabe Mercedes Díaz-Jiménez que ha sido escrito en todas las lenguas que yo soy el bailarín masculino por excelencia? Sentado bien esto, y cambiando de ritmo, diré que no me gusta discutir con mujeres. Las doy siempre la razón. Aunque esta vez me extienda un poquito, es para aconsejarla que si quiere hacerse remarcar, busque otro camino, porque el mío está cerrado, y no lo abriré por mucha literatura y erudición habilidosa que despliegue creando confusión en el público que no esté preparado. A este público, que no es precisamente tan inculto como se dice o se cree, lo que hay que hacer es enseñarle a ver y a comprender (como hago yo), que digo bien claramente, explico y preconizo cómo debe bailar el hombre para conservar la pureza, que para mí es tanto como decir la masculinidad. ¿Me comprende? Y ello sin literatura ni retórica.

Mercedes Díaz-Jiménez, dada su erudición y, por lo visto, ya catedrática en materia de baile, debería dedicarse a enseñar esos bailes del siglo XVII que dice saber. Sería de la única forma que podría llegar a hacerse conocer y ello sin necesidad de indisponer a nadie.

En su último artículo dice que yo he hablado mal del "Estampío" y que es su discípula. Entonces, ¿cómo al otro día de mi contestación al reportaje publicado en PUEBLO me telefoneó el mismo "Estampío" diciéndome que quería verme, y al encontrarnos me dijo estas palabras textuales: "Hombre! ¿Qué ha pasado? ¡Hay que ver! Yo no conozco para nada a esta señora periodista... Yo no quería hablar con ella; pero, chico, me enredó: luego dicen las cosas a su manera y vuelven a uno loco. ¡A ver si ahora vamos a perder tú y yo la amistad por esta "guasa" que ha "pasao"!".

Contestación mía: "Además, de verdad, que le vuelven a uno loco. ¡Si vieras las veces que me ha pasado a mí! Por eso ahora exijo siempre que me enseñen el artículo antes de entregarle al periódico. Si no, prefiero que no lo publiquen." Y Juan Sánchez, "el Estampío" y yo, Vicente Escudero, estuvimos juntos hasta las cuatro de la mañana, en armonía absoluta, pues nuestra vieja amistad es tan sólida que no la puede ablandar ninguna manzana de la discordia.

Y ahora, si le place, baile sola ese laberinto de bailes que me propone, los cuales, por la salud mía, no creo que los sepa bailar ni quien inventó los tormentos danzantes.


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PUEBLO 06/09/1952 - Réplica de una escritora a Vicente Escudero (3)



TRANSCRIPCIÓN

RÉPLICA DE UNA ESCRITORA

"Vicente Escudero no acude a mi reto. Se niega a bailar porque no conoce más flamenco que el de ahora"

 

Hace cinco meses Vicente Escudero invitó a Antonio a bailar junto a él para ver quién de ellos lo hacía mejor. Pero como Antonio no aceptara la invitación, Escudero anda presumiendo por ahí de que el maravilloso bailarín no ha tenido valor para enfrentarse con él.

En forma semejante yo he retado a Escudero a que muestre la pureza clásica de que tanto alardea, bailando la danza española del siglo XVII junto a mí. Pero Escudero no acude al reto. Por tanto, y siguiendo su propio ejemplo, desde hoy puedo presumir de que Escudero no ha venido a enfrentarse conmigo.

Esta es la conclusión a que ha llegado la cuestión de tipo castizo que teníamos entablada entre un bailarín y una escritora. Todas las demás consideraciones generales y los juicios que sobre mi persona hace Escudero en su carta abierta del día 3 no son más que pura hojarasca, ganas de andarse por las ramas y una salida por la tangente. Pues, en definitiva, lo único que cuenta es el total: ¡que Vicente Escudero no baila!

Y la negativa representa una circunstancia bastante peligrosa para su reputación del día de mañana, cuando los escritores quieran hacer la biografía de Escudero, a la que él, sin duda, aspira. Porque las palabras se las lleva el viento, y la letra impresa, por el contrario, permanece escrita. Dos magníficas hemerotecas tiene Madrid, y en ellas se ha guardado el periódico que lleva escrita la negativa de Escudero. Que por la boca muere el pez, dice el refrán, y el deseo tan imperioso que a Escudero le ataca de hablar a través de la Prensa se convierte en un arma de dos filos, que en este caso le ha hecho un rasguño. Si hoy día le ha salido a Escudero una escritora retándole con el baile del siglo XVII, es porque este bailarín tuvo la poca gentileza de atacarla. Y es muy posible que se cumpla su profecía de que mañana le pueden salir con el baile de los fenicios para restregárselo por la cara si no recoge las velas que tiene extendidas y se hace más prudente. Porque viene ejerciendo una prolongada impertinencia contra bailarines y escritores, y algún día tenía que encontrarse con una pared de contención. Hasta qué punto llega la impertinencia de Escudero lo demuestra la prestigiosa revista "Mundo Hispánico", en su número del mes de marzo, que, al final de un artículo firmado por Escudero, inserta la siguiente nota de la Redacción: "Mundo Hispánico" no puede suscribir ninguna de las opiniones vertidas por sus colaboradores. Se limita, eso sí, a ofrecer sus páginas para cualquier réplica a que las personas aludidas se encuentren obligadas. Y se da el caso asombroso de que Escudero no llegue a reconocer la gentileza que con él tenemos los escritores, que le retamos a bailar y no a escribir una novela.

Respecto a las demás afirmaciones de Escudero, contesto to siguiente: El decir que las vueltas de pecho y las cabriolas de la danza de escuela española son movimientos femeninos, indica que nuestro primer flamenco sólo conoce las tergiversaciones actuales. La Historia, que es una ciencia muy respetable, puede mostrar a Escudero una extensa lista de hombres que daban vueltas de pecho y cabriolas en el Siglo de Oro. Y en aquella época los españoles eran famosos por su hombría, demostrada en la conquista de un Imperio enorme. Voy a comenzar, solamente un poquito, la lista de los referidos españoles: Juan Baptista el Flamenco, Francisco Magre, Alonso de Balbuena, Luis de Faria, Cerdán, Micael Angel de Cádiz, Luis Caravallo, Melchor de Guevara, Paladinas, Martin Magno, Pedro de Saavedra, etcétera. Y entre los señores que tenían título de don se hallaron, por vía de ejemplo, los siguientes: don Juan de Zurbarán, en Sevilla, hijo del gran pintor Zurbarán; don Diego de Córdova, caballero de la Orden de Santiago; don Andrés de Begoña, oficial de Estado; don Damián de Monterroso; don Juan y don Gaspar Calano, jurados de Sevilla; Pedro y Agustín Bergel, alguaciles de Corte; Cepeda, escribano del Crimen, etc.

Decir que los renombrados pasos de la escuela de danza española los he leído en hojas de calendario, y que el laberinto de bailes que le he propuesto no los supo bailar ni quien los inventó, indica que nuestro primer flamenco no tiene escuela. Por tanto, no le va bien el nombre de bailarín, sino que debe usar el de bailaor. Que también en el siglo XVII andaban los gitanos por España, según la muestra fehaciente que de ello nos ha dejado Cervantes en su novela realista titulada "La gitanilla". Y si no llega a convencerse Escudero de esta verdad, que se lo pregunte al profesor Walter Starkie, que es especialista en gitanos, y que a buen seguro está en Madrid.

¿Que él defiende el baile flamenco de hombre? ¿Que él es el bailarín masculino por excelencia? Es cosa sabida por mí desde el momento que Escudero pertenece al género masculino, circunstancia que nadie le ha discutido. Si todos los bailarines actuales, y aquellos de la generación precedente, no hubieran sido hombres, ¿en qué profesión, pues, había entrado Escudero? En ese caso, le sería muy fácil medrar, pues le ocurriría lo que al tuerto, que en tierra de ciegos es rey.

Este bailaor de que estoy hablando sólo baila de vez en cuando en los escenarios. Pues no siempre está sobre las tablas. Ahora mismo no actúa: espera a que llegue de París ese cacareado contrato que no acaba de llegar. No obstante no se puede decir que no sea bailarín. En forma semejante, tampoco se puede afirmar que yo no soy una escritora por el hecho de que no siempre esté escribiendo para el público. Y, por otra parte, ¿está Escudero en posesión de la condecoración española con que el Gobierno premia a los bailarines? No, ni mucho menos. Escudero no ha recibido ninguna condecoración. Sin embargo, yo estoy en posesión de un premio periodístico, ganado en una competición nacional a la que acudieron otros muchos periodistas.

Celebro grandemente que "El Estampío" y Escudero se hallen en perfecta armonía. Hacía mucho tiempo que no permanecían juntos hasta las cuatro de la mañana, y su reencuentro de ahora me lo tienen que agradecer a mí. Pero queden bien sentadas dos cosas, para más exactitud: primero, que Escudero no ha mostrado afecto por su gran amigo cuando le ha puesto de vuelta y media en una carta abierta; segundo, que antes de recibir la llamada telefónica de "El Estampío", Escudero le escribió una carta citatoria.

Repliéguese, pues Escudero a sus primitivas posiciones. Es decir, a las de bailarín flamenco, en cuya expresión es magnífico. Pero no pretenda entrar en el campo literario, ya que Dios no le llama por este camino. Respecto a la crítica de arte, mientras sea hombre público, no tendrá más remedio que dejarse criticar por sus compañeros y por los escritores. Que esa galería que emplea para hacerse intangible va bien para el campo limitado de su profesión, pero no sirve para salir al ancho mundo de la cultura. Y que no pretenda ser el único depositario de una tradición total, pues ella es tan rica que Escudero sólo ha visto el panorama del baile español desde un agujerito. Él es un bailarín especializado, que está poniendo su granito de arena en la grande amplitud de la danza española, como lo están haciendo los demás.

Al fin, anuncia Escudero que ya no se meterá más con mi persona. Por el contrario, yo le prometo que mi sincera pluma volverá a recoger toda información que sobre él o sobre el moro Muza llegue a mis oídos. Pues no estoy acostumbrada a los trucos del escenario. Además, cuando él actúe en la ciudad en que yo me encuentre, y a fe que recorro mucha tierra, me tendrá en la primera fila de butacas del teatro donde baile. Con objeto de publicar luego en la Prensa la correspondiente crítica sobre su baile. Para bien o para mal. Pues a los críticos de la danza española no se les puede poner una mordaza, señor bailarín.

Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ


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SEMANARIO GRÁFICO FOTOS 13/09/1952 - Entrevista a Mercedes Díaz-Jiménez



TRANSCRIPCIÓN

A Vicente Escudero le ha salido la ESCRITORA RESPONDONA

MERCEDES DÍAZ-JIMÉNEZ Y SU SINGULAR RETO AL FAMOSO ARTISTA, «QUE NO CONOCE MÁS BAILE FLAMENCO QUE EL DE AHORA>

 

HACE pocos días, el periódico madrileño "Pueblo" sirvió de tribuna para una sugestiva polémica entre el famoso bailarín Vicente Escudero y la escritora Mercedes Díaz-Jiménez. El primero, según parece, se muestra reacio a reconocer en casi todos los críticos un cierto conocimiento de lo que critican. En una palabra: los considera legos en la materia sobre la que han de trabajar permanentemente. Y hete aquí que envolvió en sus despectivas afirmaciones hacia los escritores críticos a la mencionada señorita, que da la casualidad que es una autoridad en lo referente a la historia y teoría de la danza española.

Generalmente, las polémicas suelen durar mucho, y su principio y fin están en las propias palabras. Pero en esta de Escudero – Díaz-Jiménez se ha pasado de las frases -en el buen sentido de la palabra- a los hechos. O sea, que la escritora ha retado a bailar al bailarín. Pero Vicente Escudero no ha aceptado el original duelo ofrecido por la gentil escritora.

La señorita Díaz-Jiménez, en la réplica a Escudero, ha desplegado sus hondos conocimientos sobre el baile español, lanzando, uno tras otro, poderosos argumentos defensivos de sus afirmaciones. Con rotunda claridad, la escritora define y demuestra los errores en que está inmerso el famoso bailarín, ya que éste cree que practica el baile puro en absoluta exclusividad.

Mercedes Díaz-Jiménez es licenciada en Filosofía y Letras, inspectora de Enseñanza Primaria y colaboradora asidua en algunas emisoras españolas y bastantes diarios y revistas. Prepara actualmente la tesis doctoral bajo la ponencia del ex rector de la Universidad Central don Pío Zabala. En Roma ha permanecido dos años estudiando Arte e Historia.

Es natural que considerásemos excelente sustancia para un reportaje la charla con la primera representante de la profesión literaria que ha retado a un bailarín. Con tal ánimo solicitamos de Mercedes Díaz-Jiménez la interesante entrevista mantenida, por cierto, sobre un itinerario tan distinto y distante como el que va desde la Biblioteca Nacional -donde prepara su tesis- al madrileñísimo Rastro, lugar en donde se está ambientando para una serie de artículos.

-¿Conoce "de cerca" el baile?

-Mi afición al baile data desde que lo conocí: cuando, a los diez años, vi bailar a Antonia Mercé. Pronto aprendí a bailar las sevillanas, que me enseñó una profesora. He estudiado ocho años baile con el maestro Antonio Bautista en Barcelona. En Valencia aprendí los bailes regionales valencianos. Cuando voy a Sevilla me doy siempre una vuelta por la academia de "Realito". También en Barcelona he pasado por la clase de "El Cartagenero". Mi verdadero maestro fue Antonio Bautista. A los demás he ido para tener una visión más amplia.

-¿Se ha exhibido en público?

-Sólo dos veces he bailado en público: una, en Roma, en una fiesta privada, cuando fui estudiante de su Universidad, y otra, en la fiesta de fin de curso de la Universidad de Jaca, celebrada en el Casino, el año 1942.

-¿Conserva, pues, sus facultades para un reto de la categoría del que acaba de lanzar?

-En cuanto a las danzas españolas del siglo XVII, desde luego.

-No es corriente que nuestras mujeres se aficionen al baile y danza española...

-Resulta incomprensible. Aunque sólo sea desde el punto de mira más egoísta de la mujer, debiera practicar el baile, pues es la mejor y más completa gimnasia que puede verificar todos los días. Por lo menos, todas las españolas debieran saber tocar los palillos.

-¿Ha profundizado mucho en la teoría del baile?

-Si bien me interesó, al principio, como práctica, pronto me incliné a él intelectualmente, dedicándome a la investigación histórica de esta disciplina, y de modo concreto a la referente a los siglos XVI y XVII. Yo he estudiado especialmente este último siglo por su mayor florecimiento en las artes. Y lo he estudiado prácticamente para seguir la trayectoria de su evolución. Estoy preparando un libro sobre baile español, que además incluirá un "test" de capacidad específica para las personas que quieran dedicarse al baile. Trabajé sobre estas cuestiones psíquicas y biológicas del baile con el doctor barcelonés Azoy, otorrinolaringólogo, y, por tanto, especialista en la cuestión referente al equilibrio.

-¿Quién ha originado la polémica, Escudero o usted?

-Yo no pensaba ni remotamente que mi trabajo sobre "El Estampío" en un periódico levantase en Escudero cierta suspicacia. A Vicente le gusta mucho salir en los periódicos, y por eso escribió una carta abierta a mi diario poniéndome de vuelta de perejil, si bien por galantería fue invitado a quitar algunos de los improperios contra mí.

-El principal punto de ataque era que él se mantiene en el molde clásico de la danza..., ¿no?

-¡Y ahí está lo malo! La danza, como la literatura, la pintura y la música, debe variarse y buscar nuevos y más depurados estilos. Y eso no lo puede hacer cualquiera, pues se precisa una profunda preparación. El bailarín Antonio -para mi es el más completo- crea un estilo nuevo en "Amor brujo", y ¿quién puede decir que técnicamente no es perfecto? Vicente Escudero es solo un bailarín especializado en flamenco, pero no un bailarín que se dedica a toda la amplitud del baile. Además, no conoce más baile flamenco que el de ahora.

-¿Cree usted, por último, que estas discusiones han beneficiado al arte de la danza española?

-No me cabe ninguna duda. De las discusiones sale el progreso de las ciencias y las artes. Por esta discusión nuestra resultará, de una parte, alentadora para los críticos, y de otra, servirá para que los bailarines adviertan que la danza española tiene más profundidad de la que ellos creen. Es una invitación al estudio del baile.

Tiene, efectivamente, razón esta inteligente escritora. Hoy, la danza española vive su momento culminante. Hay muchas cuestiones, sugestivas y dignas de estudios, a ventilar entre los técnicos del baile español. Ya hemos visto la polvareda que ha levantado una simple definición teórica. Ahora que a cada paso se celebran Congresos de todas las profesiones, ¿por qué no convocar el Primer Congreso de la Danza Española? Un Congreso en el que, además de la limpia y erudita teoría, de la luz y los taquígrafos, tuviera un tablado donde las ponencias se tradujeran, párrafo a párrafo, en zapateados, cabriolas y desplantes con el fondo insistente de los palillos.

JUAN FRANCISCO PUCH

 

Pie de foto 1: Mercedes Díaz-Jiménez gusta de vivir los lugares castizos como este del Rastro, en donde se ambienta para escribir unos artículos. Su amor por lo genuinamente español le ha llevado a documentarse sobre el baile hispano en todas sus manifestaciones y épocas. Su erudición y conocimiento teórico y práctico de la danza española le ha permitido desafiar a bailar a Vicente Escudero

 

Pie de foto 2: Hemos preguntado a la escritora Mercedes Díaz-Jiménez quién era, a su juicio, el bailarín con más personalidad. Su contestación ha sido «Antonio». La pareja de Rosario y Antonio, de la más pura escuela, ha creado nuevas fórmulas en la danza española (Fotos Amieiro)

En la primera réplica de la señorita Díaz-Jiménez a Escudero citó la indudable personalidad que se desprende de la interpretación por Rosario y Antonio de «Panaderos del siglo XVIII». «Sólo un bailarín -dice la escritora- que domina todo el arte de la danza puede realizar una creación tan perfecta. Vicente Escudero es sólo –prosigue- un bailarín especializado en flamenco»



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PUEBLO 09/12/1952 - El domingo, en El Rastro (1): Los charlatanes



TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

LOS CHARLATANES

El esfuerzo que realizan de garganta y de inteligencia subastando, es tan grande que no resisten más de dos horas seguidas de trabajo

 

SIEMPRE he sido muy aficionada a quedarme escuchando a los charlatanes. Pero esta afición mía la guardaba yo en el mayor secreto, por parecerme deshonrosa en una persona culta. Sin embargo, un día perdí el temor de parecer una bobalicona cuando sorprendí al doctor Santos en el mismo corro en el que yo estaba escuchando a un charlatán. El filipino doctor Santos y yo éramos condicionales asistentes en el año 1945 a cuantas conferencias literarias y científicas se pronunciaban en la ciudad de Barcelona.

Aquí, en Madrid, posteriormente, me confesó un señor de personalidad relevante qué él también escuchaba a los charlatanes. Por tanto, a la vista de estos ejemplos, me ha desaparecido el complejo de inferioridad que sentía y por eso puedo escribir tranquilamente de este asunto.

Entre los muchos charlatanes que tengo oídos, he podido comprobar que los de mayor éxito económico lo integran los que venden medicamentos. Por apoyarse, sin duda, en la tragedia que aqueja a toda persona, pues la Humanidad no logra verse libre del dolor físico. He visto a una mujer con dos enormes culebras que se le enroscaban en el cuello sin llegar a estrangularla. Y he presenciado el espectáculo de un charlatán que, al terminar su parla, fue aplaudido calurosamente por el público. Y quedan todavía por algunas villas castellanas sacamuelas que hablan desde la capota de un coche de caballos, adornado con un mantón de Manila, y que agitan una campana, para llamar la atención de todos.

En Madrid, los, charlatanes se hallan replegados en el Rastro. Mejor dicho: allí han sido confinados por las Ordenanzas, Municipales, y solamente les está permitido actuar en los domingos. Ni que decir tiene que yo soy una de sus clientes habituales, pues me creo en la obligación de comprarles algo en justa correspondencia del buen rato que me proporcionan.

Ayer mismo escuché a un charlatán que estaba colocado en la calle del Campillo. Tenía a su alrededor un amplio corro de escuchas, compuesto por las personas siguientes: productores con trajes domingueros, militares de tropa, chiquillos, dos o tres mujeres, algunos viejos pertenecientes a las clases pasivas y una servidora de ustedes. El charlatán ensanchó el círculo de personas, y tomando de su maletita un paquete de hojas de afeitar, comenzó su trabajo a grito pelado:

"Las máquinas de coser que se fabrican en España son mejores que la Singer! ¡Las hojas de afeitar españolas son las mejores del mundo! ¿Por qué? Por causa de las aguas del Tajo que templan a maravilla los aceros. ¡Quien se afeite con esta hoja le quedará la cara como el c... de un niño! ¡Vamos a probar si el acero es bueno! ¡Enciendo una cerilla, pongo la hoja a su llama, y miren cómo ha quedado completamente azul! ¡Y el acero es estupendo, lo dicen los libros, cuando se vuelve de este color! Pero a caballo regalado no se le mira el diente. ¡Una peseta vale el paquete! Uno para usted. Otro aquí, Otro allí. Gracias. Así. Tengan paciencia que ahora les doy el cambio exacto, pues yo he sido contable de una casa, aunque me echaron por robar.

Voy a darles una estilográfica regalada. Hace pocos días pasó por Madrid Mr. Berry, el fabricante de las plumas, y me hizo una considerable rebaja. ¡Sólo valen la mísera cantidad de cinco pesetas! Quiero ver si ustedes tienen dinero en el bolsillo, pues, de lo contrario, me marcho. ¡Sí lo tienen, sí! ¡Pero parece el ascensor de la Gran Vía, arriba y abajo, del bolsillo a la mano y de la mano al bolsillo! ¡Una pluma para el caballero! ¡Otra para este general! ¡Para la señorita! ¡Gracias! ¿Dejan ustedes la vuelta del dinero para los pobres? ¿Para los pobres taberneros?

A quien me compre un bolígrafo le regalaré un duro para merendar. ¿Quién lo quiere? Nadie. ¡Sangro tomate! ¿Será posible? El bolígrafo tiene estética, porque ir bien vestido enaltece a la persona. ¡Un bolígrafo y un duro para merendar! Uno para usted. Otro para el señor. Tome. Gracias. ¿Más? Y a continuación va el duro que les prometí. ¿Saben ustedes quién fabrica ahora los duros? ¡Los duros los fabrica la Unión Chocolatera! Tome un duro de chocolate para merendar. Otro y otro. Para merendar.”.

Y gritando en términos parecidos siguió el charlatán con su trabajo durante dos horas. El sol, que se había elevado hasta el máximo de su cenit, dejaba caer sus rayos sobre la cabeza del charlatán y sobre medio circulo de oyentes. Cuando la máquina parlante que era este hombre recogió sus mercancías, el sudor le caía a chorros desde su frente. La gente se dispersó hacia otros lugares de distracción y yo me acerqué.

-¿Cómo ha ido la venta? -le dije

Regular nada más. Hoy no estaba el público caliente. El sitio que me han asignado es malísimo. A los charlatanes nos mandan al basurero. El sitio envidiable es junto a la estatua de Cascorro. Cabríamos tres, uno de cada lado; pero el Ayuntamiento nos está anulando. Y no será porque no paguemos como cada cual. Quince pesetas por el permiso, a más de cinco duros que cada domingo nos mete el guardia de multas sin que contravengamos ningún reglamento.

-¿Es usted de Madrid?

-Sí, de aquí. Y me llamo Tomás Horche, para servirla. Llevo veinte años en mi oficio, que me viene de familia.

-¿Subastadores ha dicho?

-Es que somos de más categoría. Charlatanes son los que venden pomadas y ungüentos para el cabello. Truquistas o ratoneros, los que explican un procedimiento: soldar un cacharro, hacer un juego de manos. Los ratoneros pueden permanecer hablando toda la mañana, porque se desgastan poco. Pero nosotros, los subastadores, necesitamos echar mucho nervio, y tan grande es el esfuerzo de garganta y de inteligencia que hacemos, que no resistimos más de dos horas. Casi siempre trabajamos subidos sobre una mesa, porque así dominamos nosotros al público en lugar de dominarnos él a nosotros. Pero, ¡traiga usted al Rastro una mesa, y el Ayuntamiento le sacará un ojo de la cara! ¡Maldita sea!. Deberíamos estar sindicados para tener un apoyo moral.

-Y fuera de Madrid, ¿es gratuito el hablar?

-Hay sitios que abusan. En Alcalá cobran once duros, y en Oviedo, veinte. ¡No comprenden que nosotros animamos la feria! Hasta el punto de que, si no hay charlatanes, no hay feria. A Cáceres no volvimos. ¿Y qué pasó? Que han tenido que venir a llamarnos, a rogarnos que volvamos a su feria.

-¿Cuál es la feria mejor?

-La que más ganado tiene, porque circula el dinero. Albacete es estupenda, pero acuden demasiados charlatanes. Tenemos que trabajar por turnos de seis. Buena es la de Salamanca y buena la de Palencia. Donde mejor se vende es en el Norte; son más desprendidos. El público de Andalucía es pobre; pero allí me gusta trabajar por que se ríen con nuestros chistes y son comprensivos. Pero al público que yo prefiero es al de Madrid.

-Supongo que en los pueblos se dejarán convencer más fácilmente.

-¡Ni mucho menos! No quiero a los paletos por lo burros que son. Lo toman todo al pie de la letra, pues si he prometido que les voy a dar algo, quieren que les dé todo. Y eso que les tiro de regalo cadenas plateadas y pesetas. En un pueblo tuve que entregar el género y el dinero, porque ya habían sacado las navajas. Al poco rato de comprar una pluma vienen a devolverla. Hay pueblos a los que no voy ni aunque me den oro molido. En Colmenar ocurrió que por la tarde me fui a los toros; pero el que cogía las entradas era un paleto a quien había vendido una pluma por la mañana. ¡Pues que no me dejaba entrar a pesar de haber pagado mi entrada! Decía que yo le había engañado, y tuvo que venir la Guardia Civil para amparar mi derecho.

-¿Alguna vez le han puesto en conflicto en medio de la charla?

-Sí, también. Pero el que replica se queda siempre chafado. En Toledo se empeñaba un tío que yo no debía decir en público la palabra retrete, que tenía que decir "wáter", que es más fino. Entonces le dije: "El diccionario dará la razón a quien la tenga." Pronto apareció un diccionario que fueron a buscar a una casa, y la razón estuvo de mi parte. Todo el mundo lo pudo ver. En Toledo, los extranjeros nos hacen fotografía tras fotografía, como si fuéramos unos bichos raros.

-¿Qué clase de mercancía es la que mejor vende usted?

-Cuando antes venían las bisuterías de Alemania y de Checoslovaquia, daba gusto trabajar. El objeto se prestaba a las bellas palabras. Hasta llegaba uno a creerse las exageraciones que decía, y quedaba satisfecho porque había entregado una cosa buena. Ahora no podemos salir de plumas y hojas de afeitar. Lo que se vende muy bien son los objetos para gastar bromas; pero no podemos abusar de ellos, pues perderían toda su gracia. Yo he sido quincallero, a treinta la pieza, y eso es lo que ahora se está poniendo bien.

-¿Y por qué no vuelve usted a ser quincallero?

-Eso sería bajar de categoría, pues he llegado a la cumbre: a ser charlatán subastador, a fuerza de escalafón. Al principio hablaba un poco para ofrecer, luego más y luego más, hasta llegar a lo de ahora. ¿Cómo quiere usted que me vuelva para abajo?

-¿Hay muchos charlatanes?

-En Madrid, unos ochenta. Todos los de España nos conocemos y somos como hermanos. Si viene uno de fuera, le ayudamos, y en las ferias come hasta el que no gane nada. A veces tenemos que recurrir a repartir la ganancia entre todos. Hay dos madrileños, en cambio, que tienen automóvil. Pero, ¡pobrecillos! En cuanto los guardias ven un coche, le muelen a impuestos. Trabajan a crédito pero nosotros sabemos que la maletita que llevamos es nuestra.

Si no pongo fin a la charla de Tomás Horche, habría estado hablando hasta el fin del mundo.

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PUEBLO 16/12/1952 - El domingo, en El Rastro (2): ¡Don Nicanor tocando el tambor!



TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

¡DON NICANOR TOCANDO EL TAMBOR!

LOS NIÑOS CORREN HACIA ÉL COMO SI TUVIERA UN IMÁN

 

PARA aquellos que se divierten toda la semana, el domingo les resulta insípido. En cambio, los trabajadores nos lanzamos a la conquista del domingo con alegría, pues sabemos que tiene atracciones interesantes, cuya única dificultad consiste en buscarlas.

Y así, algunos padres de familia encuentran su espectáculo favorito acudiendo al Rastro por las mañanas. Se cogen al chiquillo mayor y lo llevan bien sujeto de la mano a través de calles y de tranvías. Así le ocurrió ayer a Rafaelito, un niño mofletudo de seis años, que se vio conducido hacia el Rastro por primera vez en su vida. Al llegar a este lugar, los dos caminantes se metieron en la riada humana que desciende por la cuesta de Cascorro, y el padre comenzó a curiosear en los puestos. Rafaelito, que se había soltado de la mano, marchaba detrás de su progenitor guiado únicamente por los pantalones paternos, que le libraban de perderse entre la gente. Pero un claro que en aquel momento se estableció por casualidad entre la multitud, mostró a Rafaelito a un vendedor que tremolaba una gran moña de paja, donde tenía clavados muchos muñequitos. Y, naturalmente, Rafaelito echó a correr hacia aquel hombre y quedose parado frente a él.

Entonces, el vendedor hizo una exhibición ante su pequeño cliente. Metió él su boca en el pito que salía del monigote que tenía en la mano, y una musiquilla graciosa salió de él. Y por si esto era poco, el muñeco redobló con sus manitas en el tambor que llevaba sujeto a la panza. Rafaelito estaba extasiado. El vendedor gritó: "¡Es don Nicanor tocando el tambor!" Rafaelito volvió la vista suplicante hacia su padre, y, como no estaba allí, prorrumpió en amargos sollozos.

... ¡No llores, majo! -dijo el hombre de los Nicanores-. Quédate junto a mí, que tu padre vendrá a buscarte.

Efectivamente, pronto apareció el padre, haciendo aspavientos y dispuesto a dar una paliza al niño. Pero el vendedor intervino:

-No tiene la culpa el chiquillo. Los niños corren hacia mí, como si mis Nicanores tuvieran piedra imán.

Dudó unos momentos el sofocado padre, pero viendo el deseo de Rafaelito reflejado en sus ojos, le dijo:

-¡Te has ganado el muñeco! Toma dos pesetas y elige el que más te guste.

Yo, que había presenciado la simpática escena, también me acerqué a la piedra imán. En ella había un letrero con la siguiente leyenda: "Niños y niñas, llorad con ganas, que el hombre de los muñecos se va mañana."

-¿Dónde compra usted los muñequitos? -pregunté, llena de curiosidad, al vendedor.

-En mi fábrica -contestó, orgulloso. Porque los hago yo mismo.

Mas viendo que no quedaba convencida, me dijo que fuera a su casa aquella misma tarde. Y ésta fue la razón por la cual comenzó mi amistad con el hombre de los Nicanores y con su familia. Pues pasar una hora en su casa, sentada ante la mesa en que se están fabricando los Nicanores es un rato agradable, que se lo brindo a las personas pesimistas.

La de Venancio Albarrán es la casa de un artesano inteligente. Venancio, aunque habla conmigo, no deja de manipular entre los montones de cabecitas, manos y tambores que tiene ante sí. Además, comparten la mesa con nosotros Fernanda, la mujer de Venancio; María, una muchacha que ha sido adoptada por el matrimonio, y Dolores, la sobrina. Todos, menos yo, están haciendo muñecos. El cabeza de familia me cuenta su vida a grandes rasgos:

Yo nací en Pascualcobo (Ávila), y me dedicaba a guardar cabras. Pero como a aquello no le veía salida, pues me vine a Madrid a los dieciocho años. Me coloqué de pinche en el Casino Militar, y me gustaba, pero se acabó la contrata del cocinero y tuvimos que marcharnos. ΕΙ meterme a esta profesión de ahora se debe a que mi hermano se casó con una vendedora de feria. Mi hermano me llevó con él de dependiente. Vendíamos pitos y globos de goma a perra gorda. A la primera feria que salí fue a la de Sevilla, y allí conocí a mi mujer, que iba a divertirse con unos niños. Cuando me casé me puse a trabajar por mi cuenta.

-¿Cómo aprendió a hacer los monigotes?

-Un amigo me enseñó, pues Don Nicanor es un juguete muy antiguo, y no puede patentarse porque es del dominio público.

-Están muy bien hechos.

-Es que me gusta alambicar mucho. Menos mal que compro el cartón al trapero, que las grapas me las regala un amigo hojalatero, y así casi todo lo demás. Si lo fuera a comprar, saldría muy caro. Este molde de aluminio es para las cabezas, que están hechas de resina y escayola. El pito, luego la pintura...; en fin, que el muñeco tiene un valor real superior a las dos pesetas que pido por él.

-Tengo entendido que los clientes se quejan, porque en sus bocas el chiflato no suena bien.

-Hay que tener un poquillo de arte. El Nicanor que nosotros tocamos como muestra sólo tiene la diferencia de que le hemos afinado la lengüeta del silbato. Yo tengo mucho oído, y puedo repetir en seguida todas las melodías. Me ocurrió un caso con el maestro Guerrero: estaba yo vendiendo en las Cuatro Calles por Reyes cuando pasó Guerrero acompañado de unos discípulos. Los alumnos comenzaron a burlarse de mí, y entonces el maestro, comprándome un Nicanor, se lo dio a uno de los guasones, diciéndole: "Toca ahora mismo para ver si tú lo haces mejor." Y, claro, no pudo hacerlo, porque el instrumento musical es muy rudo.

-¿Vende muchos?

-Si más tuviera, más vendería. Pero no damos abasto para hacer más. Como que me tengo que quedar sin ir a muchas ferias por falta de existencias. Solemos hacer a la semana unos cien, y cuando salgo a la calle llevo ochenta muñecos.

-Habrá corrido mucho mundo.

-Usted verá, yendo, como voy, a casi todas las ferias. Conozco toda España, menos Cataluña. Como que los chicos me conocen, y al volverme a ver prorrumpen en grandes voces imitando mi pregón. Con esto de viajar se aprende mucho, y también pasan cosas. He visto quemar la Plaza de Toros de Almagro, en 1935. Por lo visto, los toreros, Ortega, Laserna y Maravilla, venían enfadados con el empresario porque no les había pagado en Manzanares. Como no cobraron antes de la corrida, los toreros se marcharon y la gente quemó la Plaza. A los toros les abrieron las puertas, y la muchedumbre huyó aterrorizada. Pero yo me quedé quieto, porque conozco el ganado: los toros, como yo suponía, tiraron para el campo, y yo hice una venta estupenda, porque todos los vendedores de la feria habían recogido sus puestos por causa del miedo.

Venancio Albarrán habla muy bien. Pero esta propiedad del lenguaje no sólo se debe a que es de Ávila, una de las provincias españolas donde mejor se habla el castellano, sino también a que tiene la casa llena de libros.

-Es el único vicio que tengo -dice al ver que miro sus estanterías. Cada domingo suelo traer un libro del Rastro, y mi mujer me regaña, pues asegura que gasto mucho dinero.

-¿Tendrá usted muchas simpatías entre los niños?

-Muchísimas. Pero también me compran las personas mayores cuando están de guasa. En Toledo, por Semana Santa, había unos franceses que se pusieron a tocar mis Nicanores y a bailar, porque su fiesta nacional cae por entonces. Y en Segovia compraron mis muñecos los abogados extranjeros del Congreso Penal. Se creían que cada Nicanor valía dos duros, pero yo les convencí de que sólo eran dos pesetas.

-¿Y qué proyectos tiene para el porvenir?

-Quizá yo esté apasionado porque amo a mis muñecos. Pero estoy en la creencia de que puede presentarse en cualquier sitio. Por eso lo voy a llevar a la Segunda Exposición Nacional de Juguetería. Y, por verlo allí, puede ser que me hagan proposiciones interesantes los comerciantes.


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PUEBLO 26/12/1952 - El domingo, en El Rastro (3): El gitano boca-cántaro



TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

EL GITANO BOCACÁNTARO

Plumas estilográficas casi regaladas y sortijas "como" de oro, para incautos

 

POR vivir en Madrid cientos de gitanos, en el Rastro no podía faltar una representación de ellos. Ayer, en la pendiente de Cascorro, y salido de improviso del barullo de la gente, un gitano me cerró el paso, elevando sus negros ojos en mí. Y alargando su mano renegrida con una pluma estilográfica, me dijo con entonación misteriosa: "Con punto de oro, se la doy barata”.

Examiné la pluma atentamente y le pedí precio. El gitano lo fijó en doscientas pesetas; yo le ofrecí veinticinco. El gitano se indignó y empezó a gritar en caló sabe Dios qué clase de insultos. Entonces le aseguré que podía interesarme otra cosa más que la pluma. El sacó del bolsillo una sortija de oro de la del moro, y para que no continuara enseñándome más chatarra, le aclaré mis intenciones:

-Lo que quiero es saber las particularidades de tu negocio y las particularidades de tu vida.

-¿Usté quiere haserme una crítica? Pues si no "diquela", yo no abro el pico.

-¿Cuánto quieres por abrir el pico?

-Una cosa que esté bien...

Mientras tanto la gente nos había rodeado, formando corro. Pues estaba satisfecha de presenciar la transacción tan curiosa que acaba de plantear el gitano, con su filosofía utilitaria característica de la raza calé. Por hallarse fuera del programa del Rastro, el regateo era más interesante. Y como aquello tenía trazas de pasar a espectáculo público, pedí al gitano las señas de su casa para ir aquella misma tarde a cerrar el trato. Las señas eran bien precisas: puente de Segovia.

Pero cuando llegué al puente de Segovia allí no había nadie. Subí a la carretera y pregunté por el gitano Hernández al primer transeúnte que llegó. La contestación fue que los gitanos vivían allí cerca, en el número 18 de la carrera de San Isidro. Hacia aquella dirección me encaminé, y, efectivamente, pude ver a muchos "churumbeles" que caminaban hacia su guarida en recua continuada, igual que las hormigas marchan hacia el hormiguero. Y, cosa extraña, los gitanillos no entraban en una cueva, sino en una casa magnifica de grandes proporciones, con verja, escalinatas y enorme patio. Mas pronto dejé de asombrarme, pues comprendí que el hotel, donde se hospedaban los gitanos lo pagaba el Estado. En su frontis estaba escrito el letrero siguiente: "Grupo Escolar Tirso de Molina.".

También yo entré en el edificio, y me encontré con la colmena de gentes más perfectamente organizada que he visto. Sus tres plantas estaban divididas en trescientas viviendas. Y cada vivienda se hallaba separada por tabiques ligeros, semejantes a las camarillas de un convento o de un cuartel.

Sin embargo, la mayor parte de los habitantes de tan aprovechado edificio eran familias obreras, constituyendo los gitanos una minoría. La minoría daba buenas muestras de su particularísima manera de vivir, pues así como los obreros se hallaban recogidos en sus hogares, los gitanos estaban todos en el patio, a la intemperie.

Me dirigí primeramente a un paisano, con oficio de albañil. Y me dijo que aquella colmena humana vivía allí desde una noche aciaga en que el Manzanares se salió de madre e inundó sus casitas, hechas con tablas y latas en la ribera del río. Entonces toda la colonia del puente de Segovia rompió las cadenas que aseguraban las puertas del grupo escolar e irrumpieron en él, y allí vivían desde hacía cinco años, sin que nadie les hubiera dicho que se marcharan. En cuanto a los gitanos, dijo que eran buenas gentes, pues ya dice el refrán que el gitano donde habita no hace daño. Hasta divertida les resultaba su vecindad. Cuando yo vi la buena armonía que reinaba entre obreros y gitanos, recordé a Carlos II, a Felipe V y a Carlos III. Si estos Reyes pudieran levantar la cabeza, se volverían complacidos a su sepulcro, pues en sus leyes obligaban a los gitanos a vivir mezclados con los demás vecinos, sin que pudieran llegar a conseguirlo, para que se les quitara su costumbre de vagar por el reino y para que dejasen de ser considerados como una raza maldita.

Lo difícil para mí fue encontrar al gitano que por la mañana vendía en el Rastro. Allí vivía, pero todos aseguraban que no le conocían, pues ya se sabe por experiencia que cuando una persona desconocida busca a un gitano es para reclamarle una prenda robada. Por eso aseguré a los gitanos que no buscaba a Hernández para cosa mala: pero resultó que había tres con el apellido de Hernández. Logramos identificar al susodicho, que no se llamaba por nombre de pila, suponiendo que hubiera tenido pila, ni José ni Pedro, sino Moquerre. Pero no usaba este nombre. Le llaman Bocacántaro, con calificación que heredó de su padre, quien tenía una bocaza semejante a la de un cántaro.

Bocacántaro dejó el grupo de los bailarines y vino hacia mí. A todo esto los gitanos me habían rodeado, y tan pegados a mí estaban que comencé a sentir picores por todo el cuerpo. A los chiquillos les conté uno por uno, y había noventa y ocho. Y como ya estábamos todos, comencé mi interviú en rueda de gitanos. Porque todos contaban la clase de negocio que hacían, la vida que llevaban y el número de queridas que habían tenido. ¡La de cosas privadas que me dijeron! Aunque lo de privado no es exacto, pues todos sabían las andanzas de cada cual, y el explicador de turno era ilustrado constantemente con detalles apuntados por los demás.

Al fin pudo Bocacántaro tomar la palabra. Este gitano tiene veintiséis años, y su rostro es achinado. Moquerre Hernández juró y perjuró lo siguiente:

-¡No y no! Las plumas que vendo en el Rastro no las robo. Se las compro a un payo, que no diré aonde vive porque e contrabandista.

-Lo creo -aseguré con gran seriedad-, pues estoy viendo que no tenéis pelos en la lengua para decir la verdad, cualquiera que ella sea.

-Zeñorita, voy a contá a usté un fracaso que ma ocurrío. Nasí en un pueblo que llaman Casillas, en Ávila, y como e mu chico, tenía ganas de venir a Madrí: entonse le cogí ocho duriyos a mi mare, cuando yo tenía quinse años, y me fui pa la estasión. Vi a un payo y me pegué junto a él pa saber lo que hisiera que estaría blen. El payo pidió en la taquilla un billete pa Madrí, y yo iguá. El payo saltó al tren, yo también. El payo se sentó, y yo junto a e. Llegamos a Madrí. Se puso a andar por la caye, y yo detrá. Entonse abrieron la ventana de una casa y una mujé me dijo que subiera ayí. Subí, pero había dos hombres, que me pusieron una pistola en el cueyo. Me yevaron a la caye; andando, andando, yegamo al Sementerio el Oeste. Saltamos las tapias y ellos me ataron. Levantaron la lápida de un panteón y, liándome con una cuerda por la sintura, me metieron en el hoyo. Desde arriba dijeron que ayí estaba enterrada una marquesa, que abriera la caja y que le quitara las joyas que tenía puestas. Se las quité y se las di a los ladrones, atándolas a un cordé que echaron. Pero a mí no me subieron, sino que taparon el hoyo con la losa. Me queé muerto e mieo y me arrebuñé en el rincón ma lejano de la muerta. Pasó mucho rato; luego noté que la losa se abría y que otros ladrones trataban de robar a la muerta. Echaron a un hombre atao, y yo me agarré a su taye. El comensó a gritar, diciendo: "Celonio, sube pa riba que la muerta ma cogío!" Le subieron, y a mí también. Echaron a correr, y yo también; pero el que iba delante a mí gritaba: "¡Celonio, que la muerta viene por mí!"

-Seguramente, Bocacántaro -le dije-, tú has leído en el diario PUEBLO cierta historia de una muerta...

Pero una voz masculina, indignada, que salió del corro gitanil, aseguró con orgullo:

-¡Aquí el único que sabe leé es menda, porque he andao a escuela! Pero no leo na.

-¿Y después, Bocacántaro?

-Pues me casao hase siete años, con la Tomasona. Pero mi mujé e machorra y la he dicho: "Si no me traes dos gemelos, te tiro lejos.". ¡Pa qué se quiere una mujé si no sabe tené hijos! Como la vida está mala y las plumas que vendo no me dan pa vivir, pues voy lejos, a los corrales, salto la tapia y me traigo un par de conejos.

-¿Nunca le han detenido?

-Sí, tres veses. Pero e una quinsena na ma. Lo peor e que ayí se come mu mal. A mí me gustan los poyos. Grandesitos, como esos dos que está pelando la Tomasona, que me he traído de Alcalá. Y ahora, zeñorita, la voy a desí un secreto. Vamos a apartarnos de toos. ¡Eh, compadre, anda lejos, yevaos a los churumbeles, que voy a desirle un secreto!

Nos apartamos a duras penas de la aglomeración, y Bocacántaro me dijo:

-El caso e que nesesito de aquí, pelas. Usté me ayudará, y en después que le contao toa mi vía, veinte duriyos creo yo que e bien poca cosa.

Llegó el momento de despedirme y las gitanas jóvenes me dijeron que habían trabajado en la película "Lola la piconera", que cada una había cobrado cincuenta duros y que si sabía de alguna otra película que fuera a llamarlas. La nube de gitanos me acompañó después hasta la puerta del grupo escolar, y los noventa y ocho chiquillos fueron tras de mí hasta que subí al tranvía.

Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

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PUEBLO 29/12/1952 - El domingo, en El Rastro (4): Zafar, el pakistaní



TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

ZAFAR, EL PAQUISTANÍ

 

EL más vistoso de todos los vendedores que hay en el Rastro es Zafar, el pakistaní. Zafar vende perfumes, y es quien mayor negocio verifica, porque su figura exótica le sirve de poderoso reclamo.

Zafar es intensamente moreno, y tiene los ojos más negros que pueden verse en rostro humano. Viste el traje de su país: turbante blanquísimo con cresta imitadora del ave más arrogante, levita gris y anchos pantalones morunos, que son blancos en verano y azules en invierno. Tiene situado su puesto en la parte más baja del Rastro, en la Ronda, y forma parte de una larga fila de vendedores anónimos. Pero tan juntos están unos de otros, que el pakistaní bien merecía un espacio vital más amplio y un pedestal que lo elevara convenientemente, como si fuera un mascarón de proa.

Además, Zafar es el más raro de todos los vendedores del Rastro, por la doble vida que tiene. De él oí hablar en el Ministerio de Asuntos Exteriores cuando aún no había venido el embajador del Pakistán. En Asuntos Exteriores me dijeron: "Ese vendedor de perfumes es el representante oficioso de su país, ya que es el único súbdito del Pakistán que hay en España."

Muchas ganas tenía yo de conocer personalmente a Zafar, pero hasta ahora no tuve tiempo de hacerlo. Ayer fuí a buscarle al Rastro y le compré un perfume oriental, y a continuación le expuse el deseo que tenia de conocer las particularidades de su vida. En seguida me invitó a tomar el té en su casa aquella misma tarde, y me entregó una tarjeta con su nombre y dirección. La tarjeta decía así: "Karam Ilahi Zafar, emir del Movimiento Ahmadía del Islam. Rabwah (Pakistán). Madrid. Lista núm. 58.".

A las seis de la tarde me encontraba yo, puntualmente, llamando a la puerta de su piso, donde campea un letrero indicador del extraño Movimiento Ahmadía. La puerta me fue franqueada por una sirvienta ya mayor, y a poco me encontré sentada sobre el amplio diván de una salita de recibir. En la pared había un mapa del Pakistán, es decir, de las dos porciones de terreno que han sido separadas de la India, enorme y misteriosa, por los musulmanes que vivían repartidos por el subcontinente hindú, y que hoy constituyen la nueva nación del Pakistán.

Entró Zafar en la habitación, y yo me apresuré a tenderle la mano amigablemente. Pero la rechazó, y, haciendo una inclinación de cabeza, me dijo:

-Perdone que no le estreche la mano. Pero soy un asceta, un santón de la religión musulmana, y me está prohibido el dar la mano a las mujeres. Tengo mucho placer en hablar con una persona culta. ¿Qué prefiere: té o café?

-Prefiero té –contesté-, pensando en que sería magnífico, por ser el Pakistán exportador de tan aromática hierba.

Mi anfitrión no llevaba ahora turbante. Calzaba babuchas, y había sustituido la levita gris de la mañana por una negra, que le daba una seriedad de santón.

-Dígame, Zafar, ¿gana mucho dinero con los perfumes?

-Voy tirando, nada más. Pero estoy muy satisfecho de venderlos, aun a pesar de mi carrera, pues las circunstancias así lo exigen. Estudié bachillerato en mi país y cinco años de Teología musulmana en Yanca Muhas Harin. Pero nuestra comunidad sufrió daños irreparables cuando llegó la partición con la India. Nos quedamos sin nada, y somos tan pobres, que no podemos dedicarnos completamente a la meditación, como sería nuestro deseo.

-¿Qué significado tiene el Movimiento Ahmadía?

-Es un resurgimiento del Islam, no una nueva religión. Este Movimiento fue fundado en 1889 por Hazrat Mirza Bashiruddin, quien predijo en 1905 la venida del comunismo y la guerra de Corea. Somos anticomunistas y nos oponemos a esta fuerza destructora. En los pueblos no podrá haber paz hasta que vuelvan a la vida sencilla que reclaman nuestros principios islámicos. La luz siempre la ha enviado Alá por la parte de Oriente, y ahora también nos envía a nosotros como luz para el mundo. El jefe actual nos ha enviado a seis de nosotros a Occidente para exponer nuestras ideas. A mí me ordenó venir a España, y mis compañeros marcharon a Londres, Paris, Roma, Milán y Nueva York. Es cierto que Occidente ha alcanzado una gran perfección en los adelantos materiales, pero le falta nuestro espiritualismo. El desquiciamiento del mundo no llegara a su ajuste normal hasta que las mujeres no se cubran la cara, como hacen las musulmanas.

-No me haga reír, Zafar. ¡Qué pinta seria la mía si yo vistiese como una mora!

-¡Que las mujeres cubran su rostro tiene mucha importancia! Porque los hombres evitarían la tentación.

-Pero, Zafar..., si el problema amoroso ha quedado relegado a segundo o último término, pues una problemática de mayor envergadura atormenta hoy a la Humanidad. ¿Puede usted casarse, aun siendo santón?

-Sí; naturalmente. Aunque sólo con una mujer. Únicamente pueden llegar a tener cuatro mujeres los hombres perfectos, y yo soy imperfecto.

-No lograra tener muchos prosélitos. En los cinco años que lleva en España, ¿ha conseguido algo positivo?

-He conseguido, al menos, que me traten con mucha consideración y afecto. Acabo de publicar el libro "El camino hacia la paz", que es la traducción de una conferencia dada por mi jefe en Lahore contra el comunismo. Se lo he remitido a las autoridades españolas, y mire el montón de cartas elogiosas que he recibido. Los españoles son los parientes de los musulmanes, y por eso sienten atracción hacia nosotros. Los islámicos no queremos la guerra y condenamos la violencia.

-Otra vez estoy en desacuerdo con usted: Mahoma prometió el cielo a los árabes que murieran en el fragor de la batalla, Aseguraba a sus huestes que inmediatamente de recibir el tajo mortal saldrían a recibirles allá arriba las huríes.

-¡Pero las huríes no son mujeres, como creen los occidentales! No son ni hombres ni mujeres: son espíritus.

La conversación de Zafar y el té que estábamos tomando eran ambos igualmente sabrosos. Yo estaba admirada de que mi anfitrión, un muchacho vigoroso de treinta años, viviera sólo para su luz interior salida del Oriente. Es decir, que llevaba una vida trabajosa con la finalidad de extender por Occidente sus ideas-fuerza.

Como había llegado el momento de despedirme, Zafar me presentó el libro de visitas para que incluyese en él mi nombre y dirección. Así lo hice, y además el pakistaní me dejó examinar las páginas del libro, donde pude ver que muchísimos españoles han pasado por la casa de Zafar. De pronto mis labios dejaron escapar un ¡ah! de asombro, al quedar mi vista detenida en una extraña firma, que decía así: Amaded-Din Er-Rashid I, Califa de los Omeyas.

-¿Quién es este tipo que se titula nada menos que Califa de los Omeyas?

-Es un musulmán pretendiente al trono de Córdoba, porque desciende de los Omeyas, de los Abderramanes españoles.

-¡Verdaderamente asombroso! ¿Pero no se da cuenta ese pretendiente que el último Califa de los Omeyas dejó de reinar en el año 1031? ¿Cómo puede justificar su línea genealógica a través de novecientos años? Sé que algunos moros guardan como un preciado tesoro, transmitido de generación en generación, la llave de la casa que en España dejó uno de sus antepasados cuando tuvo que marchar. Pero lo que no podría imaginar, ni aun como argumento de novela, es que un marroquí guardara la pretensión de colocarse en el trono de Córdoba hoy día.

-Así es. Me lo ha dicho muchas veces. Le conocí porque me escribió una carta llena de indignación, diciéndome que no utilizara en lo sucesivo el título de Emir, que quiere decir jefe supremo, pues en España el único Emir que hay es él.

Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

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PUEBLO 02/01/1953 - El domingo, en El Rastro (5): El Rastro y el ogro de la calle Ruiz de Alarcón



TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

El Rastro y el ogro de la calle Ruiz de Alarcón

 

Como no conocía personalmente a Pío Baroja, estaba yo en la creencia general. La de que el gran novelista es un hombre hosco y taciturno. Esta es la imagen que sus fotografías nos dan de él, y esa es la imagen que la lectura de sus libros causan.

Seguramente él fue así en otro tiempo, puesto que tanto lo aseguran. Pero como ahora ocurre todo lo contrario, en el momento en que estreché la mano de don Pío se me quitó un peso de encima, puesto que iba a conversar con un hombre agradable. Para ceñirnos a la realdad necesitaríamos tener otras imágenes de Baroja con simpatía, puesto que la tiene. El ceño apretado del gran novelista puede ser muy decorativo, ya que, aparte de su idiosincrasia, indica a la perfección nuestra característica de españoles, que es la gravedad de carácter. Sin embargo, tal aspecto es en la actualidad inexacto. Baroja tiene una carcajada frecuente, y por esa razón me quejo de que los retratistas sigan captándole con gesto huraño.

El motivo por el cual visité a don Pío fue para que me hablara del Rastro. Pues sin duda podría decirme muchas cosas de este lugar, debido a que la mayor parte de los personajes que aparecen en sus obras los habrá sacado de algún sitio raro. Qué duda cabe que mi gusto hubiera sido el de "cazar" a don Pío en el mismo Rastro. La cosa hubiera sido fácil años atrás, pero ahora es imposible porque el novelista ya no sale de casa para nada. Así es que, renunciando a toda ubicación pintoresca, hube de conformarme con trasladar el Rastro, conceptualmente, al despacho de Baroja.

-¿Qué le parece nuestro Rastro? -pregunto al insigne escritor.

-Pues que en todas las ciudades hay mercados de viejo. En París hay tres o cuatro mercados de las pulgas, como allí les llaman. Uno se halla situado en un barranco. Ahora no me acuerdo como se llama, pero lo voy a mirar en el plano de Paris.

Baroja se ha levantado de su sillón, quita la manta de sus rodillas y se traslada a la mesa del despacho. Toma una guía de la capital de Francia y la examina fácilmente, como cosa bien conocida. Luego me dice:

-Se llama el mercado Caulaincourt, y está metido en un barranco de un kilómetro de largo. A quince metros de profundidad con relación al nivel de las calles.

-¿Y nuestro mercado de viejo? -insisto.

-Sé poco del Rastro. Hace muchos años que no voy allí, desde antes de la guerra. Ni siquiera lo he visto ahora; creo que está muy cambiado. Tengo allí a un amigo. Es un librero de viejo que se ha establecido hace poco al final de la Ribera de Curtidores, a la izquierda, donde dicen que hay un edificio nuevo con varios pisos para tiendas. Este muchacho se llama Cayo de Miguel. Es un hombre simpático y tiene un aire juvenil, pues ya tendrá sus cincuenta y pico de años, aunque no lo parece. Cayo era dependiente de una librería de viejo que hay en la calle de San Bernardo. Ahora le va bien con su propia tienda y publica un catálogo muy interesante que me envía cada trimestre.

-¿A Cayo de Miguel le ha tomado usted para personaje de alguna de sus obras?

-Le he citado varias veces en mis memorias, pero no lo he tomado como tipo.

-Y de los tipos tan singulares que hay en sus obras, ¿ha sacado a muchos de la Ribera de Curtidores? En "La busca", por ejemplo, usted cita al Rastro catorce veces. Y dice que "el Bizco" compró allí su puñal y en el Rastro vendía las pieles de los gatos que devoraba. Las prendas que robaban los golfos las vendían en una ropavejería situada en dicho lugar. "El Pastiri" estafaba a los paletos con una rueda de fortuna. Y "el Conejo" engañaba en el Rastro a sus colegas.

-Sí, pero a esos tipos no los conocí precisamente en el Rastro. Están tomados de un lugar que había más abajo, junto al río. No me acuerdo cómo lo llamaban, era un nombre despectivo... Esto me trae a la memoria un día que estábamos en el Rastro Galdós y yo. Entonces le propuse que fuéramos más abajo, junto al Manzanares, para estudiar a aquella gente de quien los dos solíamos escribir. Pero Galdós se negó, dijo que no le interesaba ir a verlas. Y ese es el fallo que para mí tiene Galdós, que no conocía lo que describía. Madrid sí lo conocía muy bien, pero lo demás no. A la villa alavesa de Laguardia la describe en el episodio nacional titulado "De Oñate a La Granja". Pues bien, cuando yo estuve en Laguardia quise saber si efectivamente Galdós había estado allí. Se lo pregunté al juez y al médico, y ellos no lo sabían. Pero se lo fueron a preguntar al secretario del Ayuntamiento, y en el Ayuntamiento dijeron que no, que en aquel pueblo nunca había estado Galdós.

-En el libro de Gómez de la Serna titulado "El Rastro" hay un capítulo dedicado a usted. El autor lo captó en sus andanzas por el Rastro allá por el principio de siglo. Voy a leerle algunos párrafos para recordárselos y pedirle su parecer.

"Cargado de espaldas, como si un centenar de libros le pesasen en ellas, como un hombre de mar que no sabe andar por tierra, con una profunda elegancia de insubordinado, baja la cuesta refrenándose...

Don Pío interrumpe mi lectura para decir con viveza:

-¡Lo que dice Gómez de la Serna no tiene realidad! Es cosa fantástica lo que escribe. Lo mismo le da decir una cosa que otra. ¡Qué más da! Los escritores estamos expuestos a que digan de nosotros todo lo que quieran. Estos últimos días han dicho de mí no sé cuántas barbaridades. Me da lo mismo, como si dicen de mí que he cometido tres asesinatos. ¡Uy, qué miedo! añade Baroja humorísticamente. ¡Soy el ogro de la calle Ruiz de Alarcón!

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PUEBLO 06/01/1953 - El domingo, en El Rastro (6): El escultor Sebastián Miranda compra en el Rastro



TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

EL ESCULTOR SEBASTIÁN MIRANDA COMPRA EN EL RASTRO

 

CUENTA Madrid, entre muchas cosas buenas que tiene, con un grupo de personas amantes de las antigüedades. Pero no estoy refiriéndome a los coleccionistas maniáticos de un objeto determinado, sino a las personas que embellecen su hogar con muebles y adornos que pertenecieron a nuestros antepasados.

Forma este sector de gentes una nación espiritual, cuyo ámbito está lleno de placeres estéticos y cuyos límites no pueden traspasar quienes no se hallen iniciados en las artes suntuarias. Con la lista de las señoras y de los señores aficionados a las antigüedades que hay en el acontecer madrileño podríamos formar una guía social semejante al "Gotha". Pues este mundillo se halla integrado por aristócratas de la cultura y por aristócratas de la sensibilidad artística.

Si los chamarileros del Rastro pueden sostener su negocio con el cliente, anónimo, en cambio no viven plenamente sin el intercambio afectuoso que sostienen con el aficionado de las antigüedades. Unos y otros Individuos complementan su pasión mutuamente. Por este motivo siempre podemos encontrar en el Rastro a personalidades notables que van allí a entrevistarse con los anticuarios, aun cuando no hayan de comprar nada. Anticuarios y aficionados forman un verdadero "club" delante de las tiendas. Y este "club" es más interesante, desde luego, que las reuniones celebradas a la misma hora, la del aperitivo dominical, por los madrileños elegantes que frecuentan los cafés de la calle de Serrano.

Ayer, precisamente, se hallaba en las Galerías Piquer don Sebastián Miranda, el original escultor asturiano que ha sabido captar la especial idiosincrasia de figuras españolas geniales como Pío Baroja y Belmonte. Y cuya celebridad alcanzó su mayor apogeo con el "Retablo del Mar". Ni que decir tiene que yo enfoqué mi objetivo periodístico sobre tan interesante rastrista y, atravesando inmediatamente las fronteras sutiles del país de los anticuarios, pregunté al famoso escultor lo siguiente:

-¿Qué opina sobre el decreto de la Sagrada Congregación de Ritos acerca de las imágenes?

-Que las irreverentes y las colorinescas de baja calidad deben ser arrojadas de las iglesias. En cuanto al surrealismo, no puedo decir que sea mejor ni peor sencillamente porque no lo entiendo: Escapa a mi comprensión, pues yo no veo aquello que está más allá de la realidad. Tal vez en el futuro la gente logre verlo.

-¿Ha comprado ahora mismo algún objeto en el Rastro? Se lo digo por la fama que tiene usted de buen cliente.

-Hoy no he comprado nada. Pero si quiere venir a mi casa podré enseñarle mis últimas compras para que su curiosidad quede satisfecha.

Y como yo dijera que sí, Miranda subió a su automóvil y me llevó en pocos minutos a la puerta de su casa, que está situada en la colonia del Metropolitano. Allí descendemos del vehículo y traspasamos la verja del jardín. Junto a la bonita y bien cuidada villa del escultor observé que destacaban violentamente las ruinas de un edificio. Miranda dijo a este propósito:

-Todos estos contornos han sido frente de combate en la guerra de liberación marxista. Cuando hubo terminado y volví a Madrid encontré a mi casa en la misma forma en que están esas ruinas. He tenido que hacerla de nuevo y la estoy amueblando con mis compras del Rastro. De esta forma, además de tener muebles antiguos, me resultan más baratos que los nuevos. Precisamente por causa de la destrucción tan grande que sufrió la propiedad privada, el Rastro, a la terminación de la guerra, alcanzó su mejor época. Hasta el punto de imponer los precios en el mercado nacional de objetos de arte.

Un mastín enorme que estaba sentado a la puerta de la casa se levantó para recibir a su amo, y a mí me dejó pasar de mala gana. Dentro, ya desde el vestíbulo comencé a ver objetos antiguos: el característico arcón español, un "Ecce Homo" de Juan de Mena, una Dolorosa de escuela castellana, y sobre los arcos de las puertas campeaban alegremente cabecitas de ángeles barrocos. En el salón, Miranda me enseñó un monumental armario del siglo XVII, un cuadro de Solana titulado "La casa del arrabal" y un espejo con ostentoso marco de panes de oro. Me mostró muchas cosas más, muy apropiadas para quedarse admirada, con la boca abierta, pues por pertenecer a un artista han sido colocadas en la forma más favorecedora que existe.

-Todo lo que hay aquí -precisa Miranda- procede de los anticuarios, menos las alfombras y los tresillos. Quiero adornar mi casa como yo la tenía antes, como si mi mujer viviera en ella. Mi mujer se me murió en París y no puedo consolarme de su pérdida. Fue una mujer bellísima. Este es su retrato.

Me coloqué frente al retrato señalado por el escultor y, efectivamente, pude contemplar a una dama auténticamente bella. De absoluta perfección de facciones, de ojos intensos y con elegancia innata... Por unos momentos también yo noté la presencia de su espíritu allí mismo, junto a nosotros. Luego me agradó mucho el devoto recuerdo de Miranda hacia su esposa, pues resulta alentador en estos tiempos en que somos tan desaprensivos. Dejé mis pensamientos para decir a Miranda:

-¡Pero hábleme de usted mismo, del artista!

-No soy yo quien tiene que hablar de mí, sino los demás. Lo que puedo enseñarle es mi trabajo de ahora. Vamos al estudio.

Miranda se puso su traje de estar en casa, consistente en una capa gris que le resguardaba del frío. Me precedió para señalar el camino y salimos al jardín, donde subimos y bajamos varias escalinatas. En los muros del jardín, y entre la hiedra, había incrustados algunos escudos de piedra; en una hornacina, un santo varón, manco y barbudo, estaba impasible, y sobre un pedestal, dos leoncitos mansos daban al aire sus lomos de mármol. El escultor dijo que todas aquellas piedras labradas procedían del Rastro. Ya en el estudio, Miranda descubrió las figuras que estaba modelando en el barro, y pude ver a un grupo de gitanos entregados a las prácticas de su vida diaria: un borriquillo dejándose esquilar, un muchacho iniciando los pasos del baile, un mamoncillo chupando la teta nutricia y una vieja peinando a una muchacha.

-Es el Retablo de los Gitanos". Consta de treinta y cinco figuras, y lo llamo retablo porque desarrolla un tema en distintos pasajes. Voy a cubrirlos otra vez con los lienzos húmedos para que no se sequen.

-Y volviendo otra vez a lo del Rastro, dígame, don Sebastián, si encuentra gangas con mucha frecuencia.

-¡Ah, las gangas! Una ganga es la delicia de los aficionados, y cuando damos con ella la saboreamos y la cacareamos. Pues bien, sólo encontré la ganga una vez. Se trataba de una hermosa mantelería, y yo, para desvalorizarla, alegué que llevaba unas iniciales que no me servían de nada. El anticuario bajó el precio, pero yo, insistí diciendo que aquellas letras me resultaban hasta antipáticas. Me dejó la mantelería en un precio inverosímil, y yo la pagué con un cheque. Cuando el anticuario vio mi firma, es decir, el nombre de un avezado en las lides del tira y afloja, se dio cuenta de que mis deseos habían sido pura táctica comercial.

Salimos del estudio y el escultor volvió a precederme por el jardín para señalar el camino. Su capa gris se abría al andar y daba a su figura una categoría superior, de mando militar. Luego, el viento del Norte hinchó sus paños y el escultor quedó envuelto por unos momentos en una nube grisácea que le quitó corporeidad y lo sumió en la zona etérea. En aquella zona en la cual su bella mujer se hallaba inmersa.

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PUEBLO 07/01/1953 - El domingo, en El Rastro (7): El arquitecto que construyó las “Galerías Piquer”



TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

EL ARQUITECTO QUE CONSTRUYÓ LAS "GALERÍAS PIQUER"

 

EN el pensamiento de las gentes, por lo general, el Rastro no representa más que un lugar de cochambre. Y es natural que así sea, cuando su principal función consiste en recibir objetos de desecho que la ciudad lanza a la fosa común de lo inservible.

Lo deleznable y lo feo que posee la parte hosca de la Ribera de Curtidores y sus aledaños lo puso de relieve Gómez de la Serna en el libro que publicó en 1911 titulado "El Rastro". Desde esa fecha hasta ahora han transcurrido muchos años y el Rastro ha evolucionado bastante. Sin embargo, tal definición, por ser la más sistemática que en nuestra literatura existe, es la que todavía viene actuando sobre la opinión pública. Así piensan. Influenciados directa o indirectamente por Gómez de la Serna, aquellas personas que no son habituales de el Rastro, que lo pisaron una sola vez en su vida o que lo conocen de oídas. Y no digamos en cuanto a la opinión de los miles de españoles que viven fuera de Madrid, los cuales suelen hablar por boca de ganso de las cosas que hay en la capital de la nación

Quien tenga un criterio peyorativo se quedará asombrado al enterarse de que en la Ribera de Curtidores hay un magnífico edificio cuya parcela ocupa 51.300 pies y cuyo coste alcanzó los 6.000.000 de pesetas. Se trata de un edificio que alberga numerosos comercios, hecho de acuerdo con la fisonomía del lugar típico en que se halla enclavado.

Aun aquellos que pensamos que el Rastro es algo más que la cochambre y el tipismo nos quedamos entusiasmados al contemplar las "Galerías Piquer". Pues en ellas vemos hechas realidad las conclusiones tomadas por el Congreso de Arquitectura, que piden el mayor cuidado posible en el urbanismo de España y el mantenimiento de nuestro estilo propio frente a las influencias extranjeras.

La atención que puse en las Galerías, que en un principio iban a llamarse de la "Isla de Cuba", me hizo buscar a la persona que las proyectó y que las llevó a efecto. Al arquitecto don José de Azpiroz, quien me fue explicando toda clase de detalles ante su obra terminada y ya en marcha. En aquel momento me parecía imposible que Azpiroz, aquel hombre que ante mí recorría el edificio con el fin de enseñármelo, fuera el impulsor de él. Aun a pesar de su desbordante personalidad, de su rapidez de captación y de su energía. Tan reducida de tamaño es la persona humana, si la comparamos con un edificio, que, por buscar yo en aquel momento la esencia intima de las cosas, me resultaba sorprendente constatar el poder dominador que un hombre posee. Sin embargo, Azpiroz es, efectivamente, quien, en unión del aparejador, el maestro de obras y un ejército de obreros, levantó las "Galerías Piquer".

-¿Cuánto tiempo se empleó en la construcción? -pregunté a José de Azpiroz.

-Dos años, aproximadamente -respondió el arquitecto.

¿Por quién fue hecho el encargo?

-Por los señores Portillo y Solana. Imagínese lo que me agradó un encargo tan poco frecuente. ¡Aun tratándose de una empresa privada, el edificio iba a tener grandiosidad! En seguida me di cuenta de que el éxito radicaba en el atractivo, para interesar a la gente. Y había de tener gran visibilidad del interior, desde fuera, para que invitase a entrar en él. Ningún antecedente arquitectónico encontré para mis estudios preliminares. He logrado esta nueva creación inspirándome en los edificios españoles del siglo XVII y en el corral clásico de vecindad.

-¿Y el solar?

-No existía solar. Aquí habla un enorme almacén de trapos viejos. La parcela resultó barata, pero que el trapero se marchase costó 70.000 duros. El emplazamiento es inmejorable, por estar en el centro de la Ribera de Curtidores, formando esquina con la calle de Rodas. Ambas vías son de gran pendiente, porque entre el punto más bajo y el más alto de las líneas de fachadas existe una diferencia de once metros. Y esta circunstancia me permitió desarrollar el programa del edificio en dos plantas. Las dos con acceso a nivel por cada una de las calles.

-¿Y todo marchó sobre ruedas?

-No fue así. Pues resulto que el Ayuntamiento tenía esta parcela destinada para zona verde y no quería conceder el permiso de construcción que solicitábamos. Pero le convencimos. Alegando que en el momento en que inaugurase una zona verde en el Rastro quedaría invadido por los vendedores, como está ocurriendo en la Ronda y en el Campillo, donde hay jardines y arbolado. Al fin, el permiso fue concedido, bajo la condición de dejar un espacio libre. Para que así fuera, hube de variar la simetría de mi proyecto. Prescindí del cuerpo de edificio que había colocado en la parte izquierda y dejé libre esta fachada que da a la calle de Rodas, donde puse una verja. También hube de correr hasta el centro la torre, que había colocado en una esquina. Por otra parte, descubrí la existencia de un pozo antiguo donde hoy está cimentada la torre. De veintidós metros de fondo, que pasaba inadvertido y cuyo relleno nos hizo perder tiempo.

-¿Qué finalidad tiene la torre?

-La de proporcionar belleza y visibilidad desde lejos. La torre que yo imaginé era más alta y más estrecha, de campanil al estilo de las de Venecia. Pero hube de rebajar mis vuelos artísticos, pues sólo me concedieron para su altura los veinticinco metros de ordenanza municipal. El interior está destinado a viviendas, una por cada planta. Quise que fueran estudios para pintores, pero sólo se habilitó uno, en el último piso, que lo alquiló una pintora brasileña.

-Las opiniones sobre las Galerías son muy encontradas. Se dice que ese edificio tan nuevo quita tipismo a el Rastro.

-Lo que se ha hecho es dar tono a la Ribera de Curtidores y, juntamente con el edificio municipal cercano, se comienza a producir en aquella zona un clima urbanístico monumental propio de Madrid. Además, se beneficia el Rastro, por adecentar su comercio. A la mugre la hemos empujado hacia abajo, más fuera de la circulación. Y su función es eminentemente municipal, pues ordena la barriada. Hasta el cuerpo de edificio del fondo de las Galerías sirve para algo: para tapar las medianerías tan horribles que estaban al descubierto.

Entre los opinadores hay quienes aseguran que las Galerías no se habrán identificado con el Rastro hasta que tengan aspecto vetusto. ¿Cree usted posible que su obra durará tanto? ¿Como para adquirir la pátina ennoblecedora de las cosas viejas?

¡Claro que sí! Los muros de contención son de tierra de hormigón en masa de 250 kilogramos. Los muros superiores, de fábrica de ladrillo cerámico. La estructura, de hormigón armado con soportes, carreras y forjados, calculado todo el conjunto a base de 500 kilogramos de sobrecarga por metro cuadrado. Y etc., etc. En resumen que las construcciones que hoy hacemos en debida forma alcanzarán una larga existencia. Su vida la cortará la evolución de nuestras costumbres y no la ruina de sus paredes. En el futuro será derribado el edificio por no acomodarse ya al final para que fue creado.

-¿Por qué no se le dio el nombre de "Galerías de la Isla de Cuba"?

-El titulo primitivo tenía algo de evocador. No sólo por el héroe de Cascorro y el nombre de las Américas que figuran en aquel barrio, sino también por el simbolismo histórico de pasadas grandezas. Al entrar a formar parte, a última hora, de la propiedad del edificio la artista de la canción Conchita Piquer, se adoptó su nombre por tener atractivo propagandístico.

Como había llegado la hora del mediodía, las Galerías estaban en pleno apogeo. Multitud de personas entraban en ellas y se introducían en los comercios. Simplemente para ver, como si aquello fuera una feria de muestras. El hombre-guardacoches apenas tenía tiempo de atender a los automóviles que allí se aparcaban. Hasta las lenguas más extrañas se oían pronunciar junto a nosotros. José de Azpiroz, callaba complacido. Luego se marchó del Rastro. Fue a echar una miradita al nueve edificio que está levantando en la Ciudad Universitaria, destinado a Investigaciones Agronómicas.

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PUEBLO 13/01/1953 - El domingo, en El Rastro (8): Un par de castañuelas



TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

UN PAR DE castañuelas

 

COMO el Rastro está lleno de tipismo, en él no faltan las castañuelas, el instrumento representativo de la alegría española. Castañuelas hay en las tiendas de antigüedades, y castañuelas hay en cualquier puesto. Hasta un intento de atracción de compradores existe en una prendería situada en la plaza del General Vara del Rey: Pues allí hay una muchacha que repiquetea los palillos de cuando en cuando. Y digo que es solamente un intento de atracción de clientes, ya que ese torpe repiqueteo resulta una matraca, cuando en realidad podría ser un concierto de propaganda. Con música y hasta con bailaoras exhibiéndose.

Hace pocos años, en el Rastro aún se podían adquirir castañuelas estupendas. Palillos usados que tenían la virtud de sonar mejor, ya que este instrumento de percusión gana con el uso. Eran palillos de verdad, a causa de su madera de granadillo, de guayacán o de ébano, que fueron hechas cuando las maderas preciosas de las Antillas llegaban libremente a España, en nuestra época colonial. Pero en el presente momento no podemos adquirir postizas de buena calidad.

De lance ya no las hay en el Rastro, pues han sido arrebatadas por la moda actual que lleva a numerosas jovencitas hacia el estudio del baile español. A veces se encuentra una sola castañuela de las buenas, que debemos apresurarnos a comprar. Porque ella puede servirnos para hacer juego cuando, dentro de cinco años, encontremos a otra hermana suya.

Abundancia de palillos nuevos la hay enorme en el mercado nacional. Pero damos la voz de alarma a este respecto, pues es intolerable que en el país de las castañuelas se venda solamente un sucedáneo de ellas. Todos esos palillos que vemos colgados en racimos o guardados en estuches atrayentes en los comercios de Madrid no son más que unos pedazos de leña que están pidiendo a gritos el fuego. Para evitar este notorio abuso, debería tomar cartas en el asunto el ministro de Información y Turismo, pues no se trata de una cuestión baladí, aunque lo parezca a primera vista.

Cuando el turista extranjero llega al Rastro, compra indefectiblemente unas castañuelas. Por tal razón, los palillos están saliendo a millares de nuestra Patria. Y pasan a constituir un recuerdo permanente de España, que va a conservarse durante muchos años en las casas de otros países. Nos interesa, pues, que ese recuerdo sea lo que debe ser. Es decir, la mercancía que se ofrece debe estar de acuerdo con su propia naturaleza, que es la vocinglera y la charlatana en las castañuelas. En otras palabras: este instrumento debe ser apto para ser percutido; no debe estar condenado a la mudez. Sin embargo, el objeto representativo de la alegría española, el relicario que guarda una esencia íntima nuestra, no es más que un pedazo de leña despreciable. Pedazo de leña que va disfrazado con barnices y adornado con cintas y madroños, con olvido del refrán que asegura que, aunque la mona se vista de seda mona se queda. Unos palillos malos no pueden ser percutidos ni aun por las manos más hábiles y más experimentadas. Por eso hay que desenmascarar a los impostores, por el prestigio de nuestro valioso folklore. Que hoy día es, nada menos, que nuestro embajador plenipotenciario.

Los dueños de las tiendas del Rastro suelen guardar en vitrinas los objetos más valiosos que poseen, a semejanza de lo que hacemos en nuestros hogares. De esta forma la pieza expuesta resulta más tentadora para el cliente. Pues bien: algunos tenderos del Rastro tienen la desfachatez de colocar castañuelas de pino dentro de las vitrinas, junto a joyas, miniaturas y esmaltes. Para unos palillos bien hechos es, desde luego, la vitrina un lugar apropiado. Porque además de ser un instrumento de acompañamiento músico, simboliza a dos corazones que palpitan bajo la caricia de unos dedos artísticamente inquietadores. Pero cuando los palillos colocados en las vitrinas son unos farsantes, como está ocurriendo a diario, el hecho resulta tragicómico. Trágico, por indicar, con su chispita de filosofía, a qué punto de degradación han arrojado los codiciosos a este gracioso objeto ibérico. Que además de servirnos para nuestro solaz y para nuestro arte, ahora más que nunca, ha salido a recorrer el mundo entero. Cómico, por la ignorancia que ostenta el vendedor que colocó en la vitrina seleccionadora a semejante porquería. Y también por la burla que el mercader malicioso pretende hacer del cliente, al mostrarle como buena una moneda que es completamente falsa.

Cuando el turista extranjero toma en sus manos a esos palillos por primera vez no sale de su asombro. Pues no llega a comprender cómo es posible arrancar a aquellas torpes concavidades de madera los sonidos agradables que le son característicos. Unas castañuelas buenas, con sólo tropezarlas tocan algunos golpecitos indicadores de lo que son capaces de hacer. Pero las que hoy están alcance del turista se quedan mudas, pegadas una valva contra la otra a causa del barniz. Y hacen pensar erróneamente al comprador extranjero que los españoles poseemos una habilidad inusitada, puesto que somos capaces de tocarlas airosamente.

El vendedor alega en favor de esta mala calidad que el turista quiere las castañuelas sólo para adorno, y que tanto se le da que sean buenas como malas. Semejante justificación no es válida, pues ¿acaso no sería una idiotez fabricar plumas estilográficas simuladas, con destino a las personas que no saben escribir? Quien compra unas castañuelas compra también el derecho a poder percutirlas cuando le llegue el momento. Por tanto, la única razón, que existe para falsearlas es la codicia de los comerciantes, que no quieren perder miles de compradores ahora que las castañuelas se venden como rosquillas. Y ante la dificultad que existe para adquirir maderas apropiadas, emplean las peores, y en aquellos restos que ya no sirven para nada. Hasta resulta sonrojante que una fábrica valenciana este inundando el mercado de miles de palillos hechos en serie, de madera de almendro, desorejados y contrahechos. ¿Es que somos tan pobres que no podemos emplear las maderas que actualmente importamos de Cuba y del Brasil? Tal vez la solución conveniente esté en que el Gobierno aumente el volumen de importaciones de madera de primera calidad. De esas importaciones que destina a la construcción de barcos. Y conceda un cupo de dicha materia prima a los artesanos que moldean castañuelas, ya que no necesitan mucha cantidad.

Aun después que el ministro de Información y Turismo haya saneado el mercado castañuelero, todavía nos queda algo más que hacer. Como al turista que compra unos palillos le asiste el derecho a conocer el manejo de ellos, no hay más remedio que enseñarle a tocarlos. Tocar los palillos bailando es cosa difícil; pero tocarlos sin bailar es bastante sencillo. Solamente se necesita aprender el impulso primero, el punto de arranque. Lo demás depende del tesón que ponga el aprendiz, sin que nadie pueda ayudarle en su empeño. Qué buena cosa sería para nuestra propaganda folklórica que el instrumento nacional de percusión comenzara a extender su alegría por el ancho mundo al ser percutido por las manos extrañas que lo compran. Nosotros, como compensación a esa difusión que están llevando a cabo las personas que nos visitan proporcionaríamos al extranjero una sensación agradable y única, distinta a todas las sensaciones que gustó en los demás países. Pues es ésta una originalidad española que tiene también su puesto en la categoría de los valores.

Que el extranjero está deseando tocar los palillos pude comprobarlo prácticamente días pasados. Me había yo comprometido a acompañar por Madrid a un señor inglés, durante los ocho días de su estancia en la capital de España. Y debía enseñarle a la vez el castellano que fuera capaz de aprender en tan corto lapso de tiempo. Naturalmente que llegamos al Rastro y allí compramos unas castañuelas. Pero cuando el inglés se enteró de que yo sabía tocarlas, me rogó que mandásemos la lengua española al diablo, puesto que podría aprenderla en Inglaterra y que le enseñara la clave necesaria para la utilización de las postizas. 

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PUEBLO 16/01/1953 - Nuestras clases modestas tienen tanto honor como las clases elevadas



TRANSCRIPCIÓN

NUESTRAS CLASES MODESTAS TIENEN TANTO HONOR COMO LAS CLASES ELEVADAS

Una institución ejemplar en Alicante hace préstamos sin otra garantía que la personal

EL "EMPEÑO" EN EL MONTE DE PIEDAD HA SIDO SUPRIMIDO

 

ALICANTE. (Crónica especial para PUEBLO, por Mercedes Díaz-Jiménez.) -A las pocas horas de mi llegada a la ciudad de Alicante recibí una comunicación muy sugestiva, La Caja de Ahorros del Sudeste de España me invitaba al acto de bendición y colocación de la primera piedra en el grupo de viviendas protegidas que comienza a construir. Y también me invitaba a la inauguración de la Caja de Ahorros Infantil, que ofrece a los niños alicantinos, con el fin de inculcarles la previsión económica para el futuro.

Estas dos ceremonias parecen, a simple vista, muy corrientes y vulgares en la vida de una ciudad. Sin embargo, tuvieron gran interés, por sobrepasar el estrecho ámbito local. Y convirtieron mi primera mañana alicantina en una fiesta deleitadora. Porque la Caja de Ahorros colocó ante mis ojos un primer plano de la ciudad en marcha, en alza y en esfuerzo tenso hacia lo porvenir.

Poco antes de las once, las campanas de la Colegiata de San Nicolás voltearon con insistencia, para llamar a los invitados de la Caja de Ahorros del Sudeste a la Misa dominical solemne que iba a celebrarse en el día de su Patrona, de la Sagrada Familia.

"Por favor -pregunté-, ¿quién es el director de la Caja de Ahorros?" Por primera vez contemplé al hombre que me interesaba, a don Antonio Ramos Carratalá, pues el director de mi periódico me había ordenado conocerle e interrogarle. El señor Ramos parecía tener cincuenta y cinco años. Posee la frente ancha característica de las personas inteligentes y su fisonomía de ojos negrísimos acusa la tipología levantina. Sin duda corren todavía por sus venas algunos hilillos de sangre árabe.

Terminada la misa solemne, nos trasladamos todos -presidencia, invitados y pueblo- a las afueras de la ciudad, al Pla del Bon Repos, en cuyo lugar se halla situada la parcela de terreno donde la Caja de Ahorros construirá quinientas noventa y nueve viviendas de tipo económico. Hablar de viviendas en estos tiempos es lo mismo que hablar de agua al sediento que se halla en el desierto de Sahara. Y las gentes de Alicante están necesitadas de vivienda, en igual forma que lo están todas las gentes del mundo.

El señor Ramos Carratalá leyó el contenido del acta con voz emocionada. Después fue firmada por las autoridades allí presentes y, en unión de un ejemplar del diario "Información" y de unas cuantas monedas de curso legal, fue metida en el nicho cobijador como mensaje destinado a nuestros descendientes.

Nos volvimos al interior de la ciudad. A la Rambla de Méndez Núñez, que es la calle principal de Alicante, si la tomamos en el sentido de "city". Entramos en el establecimiento señalado con el número 17. Es decir, nos introdujimos en el sugestivo mundo de lo pequeño, pues la Caja de Ahorros Infantil tiene la apariencia de un diminuto Banco, cuyas ventanillas son bajitas para que los niños lleguen a ellas sin necesidad de empinarse sobre las puntas de los pies. He de advertir que esta Caja de Ahorros infantil es única en el mundo, pues posee una Junta informativa compuesta por niños y se aloja en un local exclusivo para niños. No existe otra igual en España, así es que su importancia y su novedad son muy grandes. Una vez bendecido el local por el prelado, el presidente del Consejo de Administración de la Caja del Sudeste, don Román Bono Marín, hizo la presentación del local con frases entusiastas. Señaló de manera incuestionable la circunstancia de ser Ramos Carratalá el verdadero promotor de esta nueva institución.

Hay que tener en cuenta que el señor Bono Marín, por su alto cargo, es la persona que ha de sancionar en último término todas las actividades de la entidad que preside. Por tanto, su presencia, su palabra y su figura impresionan un tanto. Según dicen por aquí, se trata de un presidente muy inteligente, que cuenta en su haber el haber sido alcalde de Alicante. Observé yo con insistencia a este hombre por tener un gran atractivo pare mí, pues la única profesión que verdaderamente me gustaría desempeñar en la vida es la de presidenta de un Consejo de Administración.

Este fue el momento en que, por fin, pude acercarme al señor Ramos Carratalá con objeto de Interrogarle:

-Tengo entendido -le dije- que en la Caja de Ahorros que usted dirige ya no existe Monte de Piedad.

-Efectivamente, ya no existe. Si le di cerrojazo fue porque no podía contemplar el triste espectáculo que suponía la llegada de una y otra persona con el colchón o con la máquina de coser a cuestas, para dejarla en prenda en nuestros almacenes. Este medio de prestar dinero repugnaba a mi conciencia de católico. Los Montes de Piedad, cuando fueron fundados en España en el siglo XVII, verificaron una admirable labor. Pero en los tiempos actuales ya no puede sostenerse la norma tradicional del empeño. Ni siquiera el frío embargo judicial se apropia de las prendas del lecho ni de las herramientas de trabajo. Sin embargo, nosotros veníamos haciéndolo con gran crueldad.

-¿Se da cuenta usted de que la suya es una innovación admirable, que revoluciona el sistema de préstamos de los Montes de Piedad?

-Al poco tiempo de hacerme cargo de la Dirección de la Caja de Alicante sometí mis proyectos al Consejo de Administración. Le hice la advertencia leal de que en el camino que íbamos a tomar podríamos perder veinte mil duros mensuales. Pero entendía yo que esta pérdida la podríamos soportar muy bien puesto que la Caja no reparte dividendos, sino que dedica sus beneficios a obras sociales. Además, en lo sucesivo ahorraríamos dinero, puesto que la conservación de las prendas de vestir supone un gran desembolso. Fue hace tres años cuando llamamos a las pobres gentes para que vinieran a recoger sus ropas y enseres. Bien entendido que el préstamo que les teníamos concedido quedaba igualmente en sus manos, con la sola garantía personal avalada por la firma de dos amigos suyos pertenecientes al mismo grupo social. ¡Nuestras clases modestas tienen tanto honor como las clases elevadas! ¿Me creerá usted si le digo que no perdimos un céntimo? Cuando en medio del asombro general la gente se llevó sus prendas, nos quedaron vacíos cuatro almacenes. Y aquellas naves que antes contenían la miseria de nuestra ciudad, el clásico bulto de ropa, están hoy convertidas en bibliotecas, en aula de cultura, en sala de exposiciones y en aula de capacitación para nuestros empleados. La ropa sucia del menesteroso se ha convertido en algo que produce a nuestro pueblo un capital mucho más valioso.

-¿De qué clase son esos pequeños préstamos?

-Comienzan en 60 pesetas y terminan en 960. Estas cantidades, por ser múltiplo de 12, permiten devoluciones mensuales de un duro, de dos o de tres, según sea el importe de la cuantía solicitada. Nuestro interés es del 4,20 por 100, que es inferior al percibido por otros organismos similares. No tenemos ni un solo caso de morosos. Los deudores acuden puntualmente a nuestra casa para devolvernos el dinero. ¡Estoy convencido de que es necesario poner confianza en la gente, para que ella responda con sus verdaderos sentimientos! Es verdad que aquí, en Alicante, nos conocemos todos y podemos prejuzgar la trayectoria que van a seguir los préstamos. Tal vez en la gran ciudad mi experiencia no rinda el resultado apetecido.

-¿Cómo no, señor Carratalá? Madrid es grande, pero allí los distintos distritos municipales se aíslan cada vez más. Cada barriada madrileña es como si fuera una capital de provincia más. ¿Por qué, pues, los Montes de Piedad de las grandes capitales no han de tener fe en las gentes modestas?

 

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PUEBLO 21/01/1953 - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (1)



TRANSCRIPCIÓN

GRANDES REPORTAJES EXCLUSIVOS

EL DOCTOR MAS MAGRO SE DISPONE A SALVAR LA VIDA DE CATALINA JELEN

Un reportaje de Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

LA ESTACIÓN de AFICIONADOS 5EG, de ALICANTE, LANZA su MENSAJE

Un sabio español pretende arrancar a una niña francesa de las garras de la muerte

 

ALICANTE.- (Especial para PUEBLO.)

HACE pocos días, la emisora particular del aficionado a la radiodifusión Ramón García Sensio lanzó al éter el siguiente mensaje:

-C. Q. 40 metros... ¡C. Q. 40 metros!... ¡La estación 5EG de Alicante (España) llama urgentemente al colega francés que se halle más próximo a Villiers-sur-Beach! ¡Le comunica que el doctor Mas Magro se pone a disposición de Catalina Jelen para tratar su grave enfermedad! ¡Atiende con ello a la angustiosa llamada que el padre de la niña ha hecho a los médicos que puedan ayudarle!... ¡C. Q. 40 metros! ¡¡C. Q. 40 metros en llamada urgente!!

Durante todo el día 15 de enero fue retransmitido insistentemente el anterior mensaje. Y allí mismo, frente a la pequeña emisora particular, estaba el doctor Mas Magro, hijo, en espera de que una voz francesa acusara la respuesta correspondiente. Numerosas personas esperábamos en la habitación contigua, y, frente a la casa donde se hallaba instalada la emisora, en el número 3 de la calle de Botella de Hornos, comenzaron a formarse grupos de alicantinos que, conscientes de la trascendencia del momento deseaban tener noticias directas sobre la humanitaria tentativa que estaba llevando a cabo el íntimo colaborador del primer especialista mundial en leucemia.

El tiempo transcurrió lentamente, y las ondas hertzianas permanecieron mudas. Aun a pesar de que Mas Magro, hijo, tomó el micrófono y, con su propia voz, repitió muchas veces el mensaje optimista que enviaba a Francia. El S. O. S., que el Código Internacional de Señales tiene establecido para los casos de emergencia y que hace callar a todo radiodifusor con objeto de ceder el paso al mensaje urgente, no pudo ser utilizado por carecer de validez legal entre los aficionados españoles. Tantas fueron las interferencias ajenas en el campo difusor que la voz española, no pudo abrirse paso. Callaron los espacios obstinadamente, y el importantísimo mensaje no tuvo acuse de recibo.

¿Cómo era posible que el éter no se mostrara propicio con el sabio español que pretendía arrancar a una niña de las garras de la muerte? Ante lo inexplicable del caso, Ramón García Sensio se dirigió inmediatamente al Consulado francés, solicitando detalles exactos sobre la situación topográfica de Villiers-sur-Beach. Seguidamente el Consulado se puso en comunicación telefónica con la Embajada de Francia en Madrid y la Embajada contestó que ignoraba la existencia de tal localidad. Que el único pueblo que tiene un nombre parecido es Villiers-le-Beade, en el departamento Seine-et-0ise.

En consecuencia, no es de extrañar que los allí presentes nos quedásemos un tanto desconcertados y que nos pusiéramos a hacer las cábalas consiguientes. ¿Se trataba de un error de copia difundido por las agencias periodísticas? ¿Era real el caso de la niña atacada de leucemia? ¿O se trataba de una serpiente de mar de las que suelen asomar la cabeza en el silencioso mes de enero? La patética llamada francesa surgió cuando la noticia del médico español que había logrado inactivar la leucemia recorrió el mundo. ¿Este seguimiento en pos sería una mera coincidencia?

La opinión de Mas Magro, hijo, en aquellos momentos fue la siguiente:

-El diario "Informaciones" asegura que Julien Jelen se ha dirigido a la Embajada española en Francia para solicitar la ayuda de Mas Magro. Pero, ¿Cómo es posible que no hayamos recibido una comunicación del embajador, del conde de Casas Rojas, si es amigo de mi padre desde la niñez? Por ser Casas Rojas alicantino se habría apresurado a pedir ayuda al médico paisano suyo.

Al día siguiente la Prensa publicó la fotografía de Catalina Jelen, y los mal pensados nos arrepentimos de nuestro exceso de suspicacia. Como la Agencia Efe aseguró que la pequeña Catalina se hallaba en París hospitalizada, el doctor Mas Magro escribió al conde de Casas Rojas ofreciéndose desinteresadamente. Sin embargo, y a pesar de que han transcurrido varios días, la respuesta del embajador no ha llegado, todavía.

Por otra parte, y como todo Alicante se halla interesado en tan noble empeño, el redactor de Radio Falange Víctor Viñes escribió una carta a Julien Jelen, diciéndole que busque en París una emisora de radiodifusión y que comunique con la 5 E. G. de Alicante, de tres a seis de la tarde, en cualquier día, para ponerle en contacto directo con el sabio español.

Como en el transcurso de una jornada los acontecimientos habían variado, otra vez volví a interrogar a Mas Magro, hijo:

-¿Qué clase de ayuda prestará el doctor Mas Magro?

-Mi padre está dispuesto a prestar ayuda en cualquier forma. Bien dictando desde aquí el tratamiento a seguir, recibiendo a la niña si la quieren traer a España o marchando él a París.

-¿Morirá la niña si el doctor Mas Magro no interviene?

-Tal vez no sea precisa la intervención de mi padre, pues parece ser que la niña está en manos del doctor Alfred Piney, el famoso hematólogo de Londres. Además, si Jelen ha recibido más de mil respuestas a su llamada, quiere decir que existen muchos médicos, dedicados al estudio de la leucemia. Aunque, naturalmente, de esta cifra hay que descontar un tanto por ciento, perteneciente a los desaprensivos, que siempre tratan de aprovechar tales casos para fines personales.

-¿Y los remedios que han sido propuestos?

--Ni mi padre ni yo estamos de acuerdo con la efectividad de las drogas que han sido recomendadas. En el momento actual no existe una droga que sea capaz de atacar a un virus, aunque sea el tan corriente de la gripe. El agente productor de la leucemia es un virus, y ese ser, invisible todavía, no ha encontrado su antivirus.

Con las noticias que acabo de transcribir, he relatado todo lo que hay de verdad respecto al doctor Mas Magro en relación con el caso Catalina Jelen. Por tanto, como mis afirmaciones están tomadas de la misma fuente de origen, las noticias contradictorias que se han difundido acerca de este asunto carecen de fundamento.

 

Ultima hora

El doctor Mas Magro recibe una carta del padre de Catalina Jelen.

Sobre esta noticia informará mañana Mercedes Díaz-Jiménez a nuestros lectores.


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PUEBLO 22/01/1953 - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (2)



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GRANDES REPORTAJES EXCLUSIVOS

EL DOCTOR MAS MAGRO SE DISPONE A SALVAR LA VIDA DE CATALINA JELEN

Un reportaje de Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

EL PADRE DE LA ENFERMA ESCRIBE A DON FRANCISCO

 

ALICANTE. (Servicio especial de PUEBLO.)

Sin duda alguna, la ciudad española que en el presente momento tiene un mayor atractivo es Alicante. Porque aquí vive Mas Magro, el sabio español que acaba de ofrecer sus servicios a Julien Jelen para curar a su hijita que se encuentra atacada del terrible mal de la leucemia.

Por el hecho de haber llegado yo a esta ciudad ahora, en un momento que se está haciendo histórico, doy gracias a Dios. La intervención de Mas Magro en el asunto Jelen alcanzará una resonancia mundial. Y, debido a tal circunstancia, confieso que no estoy viviendo en Alicante, pues no veo su mar, ni sus palmeras, ni percibo su clima suave. Sólo veo a Mas Magro. Es decir, su espíritu lo estoy percibiendo en cualquier punto de la ciudad donde quiera que yo me encuentre.

Al fin llegó el momento deseado. El momento en el cual iba yo a conocer personalmente a don Francisco Mas Magro. Eran las ocho de la tarde, cuando me encaminé a la plaza de Calvo Sotelo, lugar donde habita nuestro sabio y donde aun en la calle existe un clima medicinal, pues varias farmacias, abren allí sus puertas prometedoras de salud. Como se trata de uno de les mejores edificios de la plaza, pronto di con la casa que buscaba. A ambos lados del portal, dos placas pequeñas anuncian el nombre de los dos clínicos Mas Magro, del padre y del hijo. Subí a la primera planta y, enseguida que entré en el piso, me salló al encuentro el sonido de una música briosa. Alguien estaba interpretando en aquel preciso momento la "Sonata en re menor" de Beethoven.

-¿Quién toca el piano? -pregunté a la doncella que me abrió la puerta-. Y como me contestara que el dueño de la casa, seguí por el pasillo en busca de la melodía, sin atender a ninguna consideración. Cuando me asomé en la puerta de una escondida estancia, pude ver al sabio de fama mundial.

Las manos grandes y fuertes de Mas Magro, aquellas mismas manos que con sus manipulaciones en el plasma sanguíneo habían beneficiado a la Humanidad, recorrían el teclado con entusiasmo. Llevaba gafas puestas y, como se pusiera en pie por apercibirse de mi llegada, me fue dado apreciar toda su figura. Mas Magro es un hombre de corta estatura, pero de complexión fortísima. Parece tener muchos menos años que esos setenta y cuatro que registran las biografías al uso. Su cara es serena y sin arrugas. Y el ojo izquierdo que, al mirar de frente, se desvía un poco, da particular animación a su rostro. Cuando camina, naturalmente que sus miembros acusan la pesadez propia del hombre que ha sobrepasado los sesenta años.

Me condujo a la sala de recibo y, con sus primeras palabras, me reveló que poseía la maravillosa obsesión del sabio. Quien únicamente ve a su alrededor aquello que le preocupa:

MAS MAGRO. -¿Es usted misma la enferma? ¿Tiene usted leucemia?

YO. -¡No estoy enferma! Vengo enviada por PUEBLO...

MAS MAGRO. -¿En qué pueblo está el enfermo? ¿Le van a traer aquí?

Pronto me di cuenta de que Mas Magro no oía bien. Con voz aguda le dije que era periodista y que le interrogaba en tal sentido.

-¿Hay alguna nueva noticia, doctor? ¿Por fin el mensaje que su hijo transmitió a Francia por radiodifusión sirvió para algo?

-Sí, claro que sí! Vea usted la carta que acabo de recibir.

Tomé en mis manos la carta que me ofrecía y la copié rápidamente. Antes de que a él se le ocurriera prohibírmelo. La carta dice así:

"Docteur.

Ma fillette de 6 ans est atteinte de leucémie. Je connais votre compétence, j'espére que vous voudrez bien m'apporter votre collaboration.

Je sais parfaitemente qu'il s'écoule un temps plus ou moins long entre la découverte d'une thérapeutique et son annonce officielle, temps nécessaire pour expérimenter de façon formelle la médication prévue.

Je lance un appel à travers le monde entier avec l'espoir que le cas de ma fillette pourra être incorporé dans cette période transitoire et la certitude de gagner ainsi un temps précieux.

Avec l'espoir que vous pourrez m'apporter votre collaboration, je vous en remercie. -JELEN.

326, rue St. Jacques. Paris (5éme)."

Esta carta viene acompañada con una copia del resultado de los análisis clínicos, que han sido efectuados en la sangre de la niña.

-¿Qué piensa usted hacer, doctor?

-No tengo ningunas ganas de moverme. Si dijera lo contrario mentiría. Pero comprendo que ml deber está en París. Saldré para Francia con mi hijo enseguida que el arreglo de los pasaportes me lo permita.

-¿La niña tiene en realidad leucemia?

-Evidentemente, puesto que está diagnosticada por colegas muy entendidos. Pero observo en el análisis que existe algo contradictorio. Tal vez, del estudio de esta pequeña rareza que veo aquí, podrá deducirse algo interesante. He leído en los periódicos que Catalina vivía en un pueblecito, Es una circunstancia que confirma la conclusión que vengo sosteniendo. Jamás padecen leucemia las personas dedicadas a la industria. La padecen los individuos procedentes de campo. Eva Perón y el general Varela, que murieron igualmente de leucemia, procedían de zonas campesinas.

-¿Por qué ha recibido usted la carta de Jelen con tanto retraso?

-Piney, el célebre hematólogo de Londres, acudió a Paris en los primeros momentos y tuvieron puesta la fe en él. Pero el avisarme ahora tardíamente hace sospechar que Piney ha fracasado en su intento de salvar a la pequeña.

Otra vez examiné la carta del atribulado padre francés. Desde luego, la misiva debía proceder de una clínica y no de la casa particular de Jelen. Porque la carta viene titulada con la palabra "Leucemie", seguramente con objeto de permitir una fácil activación. En la nota marginal se dice lo siguiente: "Archives 21-84, 6 rue Rambuteau. Paris (3éme). ¿Acaso la clínica en que se halla instalada Catalina se encuentra situada en la calle Rambuteau?

 

Pie de foto: Los doctores Mas Magro, padre e hijo

 

MAÑANA:

El tratamiento propuesto por Mas Magro es aplicado a Catalina Jelen, que empeora rápidamente.

 

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PUEBLO 23/01/1953 - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (3)



TRANSCRIPCIÓN

El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen

Pie de foto: El doctor español don Francisco Mas Magro estudia el caso de la niña francesa Catalina Jelen, atacada de leucemia. Enviada especialmente por PUEBLO, nuestra colaboradora Mercedes Díaz-Jiménez asiste en el laboratorio del científico español a una observación microscópica de extensión de sangre teñida con las peroxidasas. En la página segunda de este número insertamos un nuevo trabajo acerca de las Investigaciones que el doctor Mas Magro realiza en favor de la vida amenazada tan cruelmente de Catalina Jelen.


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PUEBLO 23/01/1953 - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (3)



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GRANDES REPORTAJES EXCLUSIVOS

EL DOCTOR MAS MAGRO SE DISPONE A SALVAR LA VIDA DE CATALINA JELEN

Un reportaje de Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

SU TRATAMIENTO COMIENZA A APLICARSE

"Cuando se recurre a quien verdaderamente puede hacer algo, la cosa ya no tiene remedio", comenta el sabio español

 

ALICANTE (Especial para PUEBLO.)

CUALQUIER intelectual del mundo que se encontrase en Alicante con tiempo libre correría a casa del doctor Mas Magro para presenciar las importantísimas investigaciones que allí se están llevando a cabo.

Como además de ser intelectual tengo yo en el bolsillo mi título de auxiliar en Medicina, pedí al eminente doctor que me dejara practicar junto a él. Mas Magro accedió gustoso y por eso, con mi trabajo clínico, estoy persiguiendo dos objetivos: el de satisfacer mi inquietud intelectual y el de conocer profundamente al sabio para escribir con verdadero conocimiento de causa. Pues molestar a un investigador de tanta categoría con preguntas frecuentes sería robarle un tiempo precioso. Que es tanto más valioso para la Humanidad, si se tiene en cuenta que Mas Magro es de avanzada edad. Mi presencia constante en el consultorio me permite oír hablar a Mas Magro en el momento en que lo hace espontáneamente.

Lo que hoy reclama toda la atención de la clínica es el resultado de los análisis hechos a Catalina Jelen. La hoja de papel que han enviado de Francia se halla extendida sobre una mesa, mostrando a todas horas sus signos trágicos. De vez en cuando, Mas Magro se acerca a ella para tratar de captar algún nuevo detalle. En igual forma actúa Mas Magro hijo. Y la esposa del sabio. Y Pepita López Companу, la enfermera. Es decir, sobre el análisis francés se inclina el pequeño grupo científico que integra el centro de experimentación de la leucemia que está logrando la fama en el mundo entero. El análisis es el siguiente:

RENSEIGNEMENTS DU 3-1-53

Leucemie aigue á leucoblastes (probablemente lymboblastes) avec tumeur médiasténale.

120.000 leucocytes (pour la trés grande majorité blastes). Moelle envahie par les blastes.

Nette amélioration clinique, radiologique et hématologique apres quelques jours d'un traitemente associant A. C. T. H. et aminopteryne.

EXAMEN DE SANG

Numeration globulaire.-Globules rouges, 3.900.000 par mm3.; globules blancs, 66.400 par mm3.

Formule leucocytaire.-Prolymphcytes, 48 por 100; Imphocytes, 30 por 100; moyens mononucléaires, 5 por 100; monocytes, 2 por 100; polynucléaires neutrophiles, 13 por 100; idem éosinophiles, 2 por 100; idem basophiles, 0.

 -Es muy grave, doctor? -pregunto al sabio.

-Sí; se trata de una leucemia muy aguda. Sucede lo de siempre. Que cuando se recurre a quien verdaderamente puede aliviar, la cosa ya no tiene remedio.

-¿Hay más noticias?

-Sí, Catalina Jelen está empeorando. Me lo acaban de decir por teléfono.

-Luego ¿es cierto que Piney ha fracasado?

-Los hechos así lo demuestran. Ahora es otro clínico el que se ha hecho cargo de la niña. Y ha empezado a tratarla con mi propio procedimiento. No sé cuál es el nombre de este médico. Sin embargo, por el hecho de conocer mi terapéutica y de asegurar que me conoce, debe ser el doctor Gueniot o el doctor R. Rogel, los dos franceses que la Sorbona de París envió a trabajar conmigo hace poco, el mes pasado.

-La llegada a España de estos dos médicos fue la causa que indujo a los españoles a fijarse en usted.

-Lo que no logro explicarme es que los periódicos hayan echado las campanas al vuelo. ¡Si ya vengo trabajando sobre la leucemia desde 1917! Si soy internacionalmente conocido por mi dedicación a estos problemas.

-Porque seguramente usted se ha dedicado a difundir sus ideas por el extranjero solamente, desdeñando a España.

-Eso no es cierto. Escúcheme usted, Mercedes. Yo la llamo por su nombre de pila, como si siempre hubiera estado usted con nosotros. Por dos veces he presentado al premio "Francisco Franco", del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, mi trabajo básico sobre la verdadera etiología de la leucemia. Pues bien, no obtuve el galardón solicitado. Y eso que en el segundo concurso el premio fue declarado desierto.

-¡Parece increíble!

-Cuando yo envío a las revistas españolas mis trabajos de investigación tardan seis meses en publicarlos. En cambio, en Paris me los publican inmediatamente. Además, Paris me reclama constantemente colaboraciones. Y en Madrid, por el contrario, una revista profesional me pidió que no escribiera tanto. Que no estaba bien que yo colaborase en todos los números. Que la revista no se hacía sólo para mí.

Como el teléfono comenzara a sonar insistentemente, fue suspendida en la clínica Mas Magro toda actividad. ¿Acaso sería el médico francés quien llamaba? Pues ha manifestado el deseo de celebrar una consulta por teléfono con el sabio español.

 

Pie de foto 1: El doctor Mas Magro es también un virtuoso del piano.

Pie de foto 2: La señorita Pepita López, que trabaja con los doctores Mas Magro

 

MAÑANA:

Los colaboradores del doctor Mas Magro


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PUEBLO 24/01/1953 - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (4)



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GRANDES REPORTAJES EXCLUSIVOS

EL DOCTOR MAS MAGRO SE DISPONE A SALVAR LA VIDA DE CATALINA JELEN

Un reportaje de Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

Un grupo familiar labora bajo las órdenes del investigador

 

ALICANTE. (Especial para PUEBLO.)

ESTE centro de investigación alicantino de primera categoría, en el que estoy inmersa, consta únicamente de cuatro personas. Se trata, en realidad, de un grupo familiar que labora bajo las órdenes de Mas Magro con el gran entusiasmo que el eminente doctor ha sabido insuflarle. Este grupo está constituido por el sabio, el hijo, la esposa y una señorita auxiliar. Pues la segunda enfermera se encuentra enferma desde hace tiempo.

El doctor Mas Magro habla así de sus colaboradores:

-Sin la ayuda de mi esposa, poca cosa hubiera hecho yo. Ella me ha servido de constante aliento en mis decaimientos. Y el decaimiento es muy frecuente en una apartada ciudad que se halla lejos de un foco científico intenso, como lo es una Universidad. Además, ella me ha prestado su colaboración en mis experimentos. Soy un entusiasta de la mujer en general. Es pasivo el papel de la mujer en la experimentación clínica, todo lo pasivo que se quiera. Pero yo, sin mi mujer, no habría podido obtener las conclusiones que me ha hecho famoso. Ella viene vigilando mis cobayas año tras año. No sólo cuida de su comida, sino que las resguarda del frio y de la lluvia cuando es necesario. Está pendiente de la salud de cientos de cobayas, pues es importante el observar su aspecto, su decaimiento y el momento de la muerte. Mi esposa -además es prima carnal mía- tiene una parte importante en la búsqueda que emprendí hacia la verdad. Por eso, mi libro titulado "La leucemia" a ella va dedicado, con las siguientes palabras: "A mi esposa, Encarnación Magro Mas. Inteligente colaboración y sacrificio generoso en todas mis investigaciones.".

-¿Y su hijo, el doctor Mas Magro II, se compenetra con usted o difiere en los distintos puntos de vista?

-Mi hijo, mi único hijo, tiene un temperamento muy semejante al mío. Yo le formé desde pequeño. Fui su maestro durante todo el Bachillerato, y sólo me separé de él cuando tuvo que ir a Madrid para estudiar su carrera de Medicina. Juntos vamos a ver a los enfermos y juntos viajamos. Si mi hijo me abandonara, yo me quedaría completamente inutilizado. Tanto nos hemos compenetrado, que ya no podemos distinguir a quién pertenece una porción de trabajo y a quién pertenece otra. Y eso que yo trato de respetar su propio campo. Si alcanzo cinco años más de vida podré llegar a curar la leucemia completamente. Pero si el término vital que Dios me tiene destinado ha de ser corto, estoy tranquilo, pues mi hijo es mi fiel continuador. El obtiene importantes resultados, que dará cuenta de ellos cuando estén suficientemente comprobados. En cuanto a la estandarización del trabajo, mi hijo es el encargado de inocular la leucemia a las cobayas. Operación difícil, que reclama mucha precisión. Que es difícil, lo demuestra el hecho de que muy pocos investigadores puedan presentar cobayas leucémicas.

-¿Y su enfermera, la señorita Pepita López Company?

-Nadie podría teñirme las extensiones de sangre tan a mi gusto como lo hace Pepita. No creo que puedan obtenerse mejores preparaciones.

-Está usted satisfechísimo de sus colaboradores.

-Cada uno de ellos representa un papel importante en la obra de conjunto. La falta de uno sería igual que el tornillo, arrancado a una máquina: que paralizaría todo el complicado mecanismo.

-¿Eso indica que no quiere usted admitir a otros colaboradores?

-¿Que no quiero admitir a más colaboradores? ¡Ay, Mercedes, usted acaba de poner el dedo en la llaga! Mi gran pena es la de no haber podido formar escuela. Y si no tuviera yo la suerte de dejar un hijo, todo mi esfuerzo se perdería.

-¿Y por qué no forma escuela?

- Si viviera yo en una ciudad universitaria, los alumnos de la Facultad acudirían fácilmente a trabajar conmigo. Pero así, por ser Alicante una localidad apartada, llegan hasta mí muy pocos médicos en busca de formación. El tener que prescindir de todo trabajo particular y la necesidad de sufragarse por su cuenta los gastos de desplazamiento y estancia, son dos grandes obstáculos. He dado varios cursillos monográficos aquí y en Valencia. Lo que no puedo explicarme es la razón por la cual no tengo una sala mía en el Hospital. La necesito urgentemente, pues me es preciso ver muchos enfermos de leucemia. La leucemia se da con especial predilección entre los pobres, y los pobres sólo pueden ir al Hospital.

-Tengo entendido que usted pertenece al Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

-Sí, la Sección de Hematología de Alicante depende de ese centro. Soy jefe de ella, y mi hijo, profesor adjunto. Estamos orgullosos de ello, y además percibimos un sueldo. Pero, ¿sabe usted cuánto dinero me envía el Consejo para los gastos de experimentación? Pues mil pesetas al año. Y da la casualidad que mis conejitos comen en hierba mucho más de mil pesetas.

-Y en cuanto al material, ¿está satisfecho?

-Vamos a fijar las cosas claramente. El material que yo poseo es suficiente para emprender una investigación eficaz. Creo que lo he demostrado cumplidamente. Todavía, en el extranjero, tienen la idea de que el científico español trabaja con cuatro trastos mal nivelados. Por eso tienen poca fe en nosotros, y aunque se asombran, reconocen nuestros resultados cuando son positivos. Algo semejante se está ahora diciendo de mí en los periódicos españoles. Y protesto, porque además de no ser exacto, lograremos mantener la leyenda negra en el extranjero. Que sigan pensando que los científicos españoles son pobres, mal vestidos, tienen mal genio y trabajan sólo con las manos. Con el mismo material que ahora poseo, todo él alemán, excelente, aunque no tenga apariencia brillante, puedo continuar mi camino. Pero si deseo tener un material de novedad, es con vistas a la enseñanza, para dotar a esa escuela de investigadores de la leucemia que tanto ambiciono.

-Simplemente, con que diga usted una palabra tendrá todo lo que desea.

-¡Ay, hija mía! Se conoce que somos muchos a pedir, y por eso nunca llegan los encargos que tenemos hechos al Consejo de Investigaciones. Hace dos años estuve a punto de lograr mis aspiraciones en este sentido, porque el señor Ibáñez Martin tuvo especial interés en concedérmelo, pero creo que mi petición fue rechazada por el pleno del Consejo.

-¿Ha pedido un microscopio electrónico?

-No. Porque no me serviría de gran cosa.

El doctor Mas Magro se queda pensativo, mirando al frente, ensimismado, con expresión que es muy suya. De aislamiento total. Tal vez su espíritu está dudando en estos momentos. Pero su mandíbula prominente, su boca que avanza audaz hacia adelante con expresión de lucha, hablan bien a las claras de que sus vacilaciones no son duraderas.

 

Pie de foto: Estos son los dos médicos franceses que han sido enviados a la clínica Mas Magro por la Sorbona, de París. Es de suponer que sea uno de ellos el doctor que hoy está aplicando a Catalina Jelen la terapéutica propuesta por el investigador español.

 

EL LUNES:

Un enfermo de leucemia acude a la clínica.


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PUEBLO 26/01/1953 - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (5)



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GRANDES REPORTAJES EXCLUSIVOS

EL DOCTOR MAS MAGRO SE DISPONE A SALVAR LA VIDA DE CATALINA JELEN

Un reportaje de Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

HOY HA LLEGADO A LA CLÍNICA UN ENFERMO DE LEUCEMIA

 

ALICANTE. (Especial para PUEBLO.)

Entre los enfermos que esta mañana llegaron al consultorio Mas Magro, había un leucémico. No voy a decir que ello representó una alegría para nosotros, porque el padecimiento ajeno es muy triste. Pero, para un centro de experimentación de tan terrible enfermedad, esa circunstancia muy apetecida, por suponer un tema de estudio. A cada una de las cinco personas que somos en la clínica interesó desde su particular punto de vista.

Se trataba de un niño de diez años, que su padre traía casi a rastras, por lo cansado que se encontraba. Viajaron durante muchas horas para llegar hasta Mas Magro en busca de salud. Venia de Barcelona. Tan pálido estaba el niño, que parecía hecho de cera. Y cuando alguna vez su carita adquiría un tinte más intenso, se asemejaba a un enfermo de hígado, por el color amarillento de su piel. El enfermito se hallaba siempre cansado. Y por el menor motivo, brotaba una hemorragia de su cuerpo, bien a causa de un diente o bien por causa del más pequeño trauma.

El doctor Mas Magro le hizo él mismo la historia clínica. Privadamente. A continuación trajo al muchacho al laboratorio y allí le tomamos la orina y le pinchamos en un dedo para sacarle unas gotitas de sangre. Después, el abatido protagonista marchó a su casa. A esperar el resultado del análisis que le íbamos a efectuar.

-¿Es un caso claro de leucemia? -pregunté a Mas Magro.

Nunca debe uno guiarse por las apariencias, pues hay anemias que presentan el mismo cuadro clínico que las leucemias. Y, por el contrario, existen personas con apariencia excelente que padecen leucemias gravísimas. Es en la sangre donde pongo toda mi atención, y de ella solamente hago partir el diagnóstico. ¡Vamos! ¡Con rapidez! ¡Colóquense ustedes los guantes! La sangre del leucémico es muy contagiosa. Basta con que tengan ustedes un rasguño en la piel para que el virus penetre rápido por esa vía. Que es, hasta ahora, el único medio de contagio que admito.

Pepita, la enfermera, comenzó a trabajar. Extendió la sangre del enfermo sobre siete cristalitos. Cinco muestras me las entregó a mí para que efectuase un recuento leucocitario por los procedimientos clásicos. La sexta y la séptima extensión, la destinada a demostrar la existencia de la leucemia, la tiñó con una fórmula especial, con objeto de aplicar el "test" de las peroxidasas. Prueba que informa acerca de la existencia o carencia de células mononucleadas con citoplasma basófilo y granulaciones de peroxidasa.

Es un procedimiento japonés, que el doctor Mas Magro ha perfeccionado, dándole una mayor precisión en la percepción de la imagen de los hematíes.

Cuando la preparación estuvo pronta, Mas Magro tomó con impaciencia una muestra y la colocó en el microscopio.

-¡Buen teñido! -exclamó. Y después de acomodar varias veces el tornillo de precisión, dijo rotundamente:

-¡Está presente la leucemia! Llena de curiosidad, me coloqué ante la lente de aumento. En el campo de visión aparecían multitud de manchas redondeadas, de diferentes tamaños, y de color rojizo. Eran las células de la sangre. Pero entre ellas había cinco glóbulos rojos que presentaban a su alrededor unas granulaciones azules, como si fueran numerosas picadas de mosquitos. Esta anomalía, precisamente, la había causado el virus de la leucemia en su afán destructor.

Evidentemente, el virus de la leucemia habitaba dentro del organismo del niño catalán. Al comprobarlo sentí una gran indignación. La indignación de la impotencia humana. Pues un ser que pertenecía al mundo infinitamente pequeño, estaba derrotando a los hombres. Y lo más trágico del caso es que quizá el virus lo hiciera por la imperiosa necesidad de vivir. Sin embargo, repugna mayormente un enemigo solapado, que actúa en la sombra, que no se da a conocer. ¿Cómo será la cara de este segador de hombres a quien no podemos ver? ¿Por qué este monstruo se cebará en las vidas más valiosas y en las más juveniles?

A continuación, Mas Magro me ordenó subir a la terraza y traer dos cobayas de las sanas. De aquellas que la noche anterior le habían traído de la huerta alicantina. Convenientemente preparadas se las presentamos a Mas Magro II, quien hizo tres líneas de escarificación en la piel de cada conejito, sin hacerles sangre. Los desgraciados animalillos habían pasado a albergar en su organismo la correspondiente leucemia. Mas Magro explicó:

Este momento, el de transmitir la leucemia humana a las cobayas, cosa que hice yo por primera vez en el mundo, es el jalón más importante de mis investigaciones. Los científicos venían sosteniendo que era imposible transmitir la leucemia humana a los animales. Yo he demostrado lo contrario, y por eso avanzo con paso seguro hacia la problemática leucémica. Pero, además, en este momento, la operación me sirve para algo más. La leucemia que padece el enfermo llegado hoy a mi casa se la transmito a las cobayas con la finalidad de saber cuántos días van a vivir. La muerte de las cobayas me va a proporcionar una orientación importante.

Sobre la mesa del laboratorio, las sufridas cobayas estaban prestando una gran colaboración al sabio, aunque eran incapaces de comprenderlo. Sus ojillos, parecidos al cristal, miraban, asustados, y sus cuartos traseros todavía temblaban a causa de la reciente excoriación. Pepita y yo las transportamos a su alojamiento. No a la terraza, sino que fueron metidas en jaulas instaladas en el garaje de la casa, junto a otras compañeras ya inoculadas con el estigma fatal.

Enseguida que Mas Magro comprobó que había enemigo poderoso, se dispuso en plan de ataque con todos los medios a su alcance: El enfermo pasó a hospitalizarse en un sanatorio particular. Fue avisado el médico transfusionista, para que preparase a numerosos dadores de sangre, a bastantes, ya que al muchacho catalán habría que dotarle constantemente de plasma sanguíneo nuevo y fresco. Unas doce o quince transfusiones en total. La acción antivirus del plasma sanguíneo actuaría como la infantería del ejército de leucocitos atacantes. La penicilina, doscientas mil unidades diarias, coadyuvarían a la operación estratégica de urgencia, calmando los dolores y trayendo el sueño y el optimismo al enfermo. Esta era la vanguardia del ejército atacante. Después entrarían en juego otros elementos

¿He de decir que el teléfono de la clínica suena constantemente? Por cada hora que transcurre aumentan los enfermos en grandes proporciones. De Nueva York ha salido un enfermo para Madrid y se dirige hacia Alicante. De Ponferrada, de Ceuta, de Valencia, de Murcia, nos están enviando llamadas angustiosas. Seguramente el doctor Mas Magro no podrá echarme de su clínica. Se verá obligado a retenerme.


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PUEBLO 27/01/1953 - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (6)



TRANSCRIPCIÓN

GRANDES REPORTAJES EXCLUSIVOS

EL DOCTOR MAS MAGRO SE DISPONE A SALVAR LA VIDA DE CATALINA JELEN

Un reportaje de Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

LA NIÑA FRANCESA MEJORA GRACIAS A SU TRATAMIENTO

 

ALICANTE. (Especial para PUEBLO.)

YA no marcha Mas Magro a Paris, pues para curar a Catalina Jelen no necesita alterar su tranquilidad alicantina. Tal es el poder de las mentes privilegiadas. Y sucede que la ciencia de este sabio español comienza a organizarse en escuela, como él desea, aunque se trate de una escuela dispersa e invisible. La nueva técnica contra la leucemia ha trascendido convenientemente, y por tal motivo el doctor español puede curar a la niña francesa sin necesidad de moverse de su despacho.

Ahora Catalina ha cambiado de médico y, sin duda, se encuentra en mejores manos. Después del fracaso del hematólogo inglés Pinney, es Bertrand, de la Sorbona, de Paris, quien se ha hecho cargo de la niña. Bertrand ha comenzado a tratarla con la terapéutica Mas Magro, Y, naturalmente, la enferma, después de las primeras aplicaciones, mejora notablemente. En el presente momento los glóbulos rojos de su sangre, que se hallaban enormemente proliferados, están en franco descenso, con camino hacia lo normal.

Mas Magro no puede ocultar su contento. Durante todo el día ha tenido reflejada en su rostro la sonrisa. Está orgulloso. No sólo por sí propio, sino por ser una técnica española que se abre paso entre un concurso de mil opiniones científicas. A Mas Magro le interrogué convenientemente:

-Bertrand ha dicho que es amigo de usted.

-Más halagador para mí todavía es que el aplicador de mi técnica no sea ni Rogel ni Guinot, como creí en un principio, sino un médico que nunca estuvo en Alicante. Efectivamente, Bertrand y yo nos conocemos desde hace tiempo. En el año 1932 me escribió la primera carta, y en ella me llamaba "querido maestro". Bertrand pertenece a la Sociedad Francesa de Hematología, y nos relacionamos frecuentemente porque yo también formo parte de ella, pues soy miembro fundador. Él tiene a su cargo la revista de la Institución, titulada "Le Sang". El primer encargo que me hizo fue el de recoger toda la bibliografía española y sudamericana, que surgiera sobre cuestiones hematológicas. Bertrand y yo teníamos que encontrarnos hace dos años en Barcelona. Los dos íbamos a disertar en la Academia de Ciencias de la ciudad condal. Pero yo no pude acudir a la cita, porque una indecente gripe me retuvo en el lecho sin que pudiera salir de Alicante.

-¿Dónde aprendió Bertrand el tratamiento leucémico Mas Magro?

-Bertrand lo conoce por mis comunicaciones. En cuanto obtuve conclusiones convincentes, puse el hecho en conocimiento de España y en conocimiento del mundo. En 1950 envié una comunicación oficial al Instituto de Medicina Experimental del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Madrid. Otra comunicación a la Sociedad Francesa de Hematología. Y otra a la Academia Internacional de Hematología. Posteriormente, 1952, mi libro titulado "La leucemia, etiología, hematología clínica, diagnóstico y terapéutica", sintetiza mi labor. No he guardado ninguna clase de secretos. Porque la ciencia no ha de ser retenida avaramente por un individuo solo, sino que debe ser patrimonio de la Humanidad.

-¿Y qué repercusión tuvieron, sus comunicaciones?

-España mostró un gran desinterés. En cuanto a los médicos en general, es natural que lo recibiesen con escepticismo. Piense usted que lo tradicional en la leucemia era el no tener solución. Decir leucemia era lo mismo que decir muerte. ¡Es que todavía nos falta demoler muchos mitos que hay en la Medicina! Así es que, cuando yo apliqué un tratamiento efectivo, mis colegas se sonreían incrédulos. Además, se cuidaban de convencer al paciente para que no concibiese ninguna clase de ilusiones. No me cansaré de repetir que yo no curo la leucemia, sino que la inactivo solamente. Si en lugar de ser yo un médico de Alicante se tratara de un norteamericano o de un español con nombre de relumbrón, todo, hubiera sido aceptado incondicionalmente. A todo esto hay que añadir el pesimismo que reinaba en el mundo clínico por la muerte de dos figuras relevantes como fueron Eva Perón y el general Varela.

-¿Pudo usted haber arrancado a esas dos personalidades de las garras de la muerte?

-Yo fui llamado para atender a Eva Perón. Sin embargo, vuelvo a decirle que le llaman a uno cuando la cosa ya no tiene remedio. Vino un señor de la Argentina a buscarme; pero cuando nos disponíamos a marchar sobrevino el fallecimiento de Eva Perón. Si yo hubiera llegado a tiempo, Eva quizá tampoco viviese hoy. Y lo digo porque, estando atendida por un especialista de cáncer, por un cirujano, por un ginecólogo y por alguno más, hubiera sido muy difícil que ellos aceptaran mi opinión. Pues su criterio unilateral de especialistas les habría cerrado los ojos.

-¡Pero, doctor! ¿Esa obcecación que usted achaca a los demás especialistas no la padecerá usted también? ¿No estará usted obsesionado con una idea hasta el punto de creerla inmejorable?

-¡No, porque he inactivado varios casos de leucemia! Esto no es una ilusión, sino un hecho probado. Después, porque mi campo no es tan restringido como el de otros especialistas. Me dedico al estudio de todo aquello que hay en la sangre. Que es mucho y muy variado. Además, no estoy solo, pues por esta brecha que yo he abierto me siguen científicos de diversas naciones. La noticia dada por "Ya", el día 21, me hace reír. Dice este diario que el doctor Pentimalli, director del Instituto de Investigaciones Regina-Helena sobre el Cáncer, de Roma, comunicó al padre de Catalina Jelen la noticia de que ha conseguido inocular la leucemia en un conejillo, obteniendo los mismos síntomas que en una persona. Si Pentimalli se quiere arrogar la prioridad en este paso importantísimo, que lo demuestre. ¿Acaso ha presentado él comunicaciones oficiales al mundo científico como las enviadas por mí en agosto de 1950?

-Tal vez se trate de un pobre ingenuo...

-España descubrió el Nuevo Mundo, y, sin embargo, el continente americano lleva un nombre extranjero, el de Américo Vespucio. Este individuo, italiano, nada descubrió, pero fue quien divulgó el mapa de las tierras recién descubiertas. Por eso aquellas tierras, en lugar de llamarse Isabelia, por ejemplo, se llaman hoy América. Durante mucho tiempo se ha venido creyendo en el extranjero que yo era argentino.

-¿Cuántos casos de leucemia ha tratado?

-Unos doscientos. Es preciso deshacer un error grandísimo: el de que la leucemia es un cáncer de la sangre. Hace pocos días un periódico barcelonés, refiriéndose a mí, hablaba de leucemia o "cáncer de la sangre". Así se ha venido creyendo hasta ahora, porque en los leucocitos se produce una incesante proliferación de las células de la sangre. Por creerlo así nos encontrábamos en un callejón sin salida. ¡Pero la leucemia no es un cáncer! Esta discriminación es otro de los jalones básicos de mis investigaciones. La separación de una y otra enfermedad nos permite avanzar hacia rutas desconocidas.

-He podido observar, don Francisco, que no está usted satisfecho de todo aquello que la Prensa dice en estos días de usted. No me refiero a PUEBLO, sino a los demás periódicos.

-En general, me parece bien. Pero, claro, hay cosas que no me gustan.

-¿Y por qué no cierra usted mis reportajes con un artículo suyo, donde puntualice aquello que crea necesario aclarar?

 

Pie de foto: Nuestra colaboradora, la señorita Mercedes Díaz-Jiménez, autora de estos reportajes, trabajando en el laboratorio del doctor.


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PUEBLO 28/01/1953 - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (7)



TRANSCRIPCIÓN

GRANDES REPORTAJES EXCLUSIVOS

EL DOCTOR MAS MAGRO SE DISPONE A SALVAR LA VIDA DE CATALINA JELEN

Un reportaje de Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

EL MUNDO DE LOS RECUERDOS CONFIDENCIAS

 

ALICANTE. (Especial para PUEBLO.) - En los días de calma, Mas Magro suele hallarse metido en su despacho durante muchas horas. Para mí, el tener que llamarle cuando su presencia se hace necesaria en el laboratorio, me resulta completamente doloroso. Porque supone arrancar al sabio de sus complicadas e importantes meditaciones.

Al abrir la puerta del despacho de Mas Magro, se encuentra uno con la habitación sumida en la oscuridad. Pues únicamente el microscopio está iluminado con un foco de luz potente. El microscopio se halla colocado sobre un "bureau", tras del cual desaparece juntamente con la figura del médico. La frágil valla de madera que rebasa por delante a dicha mesa, recoge al doctor en un espacio vital limitado. Y la madera, hasta simboliza el fuerte muro que en aquellos momentos separa al científico del mundo que le circunda.

Mas Magro tiene a su derecha la pluma. Y, al otro lado, la caja de pinturas está siempre abierta y dispuesta. Pues las acuarelas le son muy necesarias para copiar en el papel las coloraciones que ve en el campo óptico que está estudiando. También, en el espacio que el "bureau" delimita, existe el retrato de una mujer: El de doña Teresa Magro, la madre de nuestro científico que, con estampa novecentista, representa el lazo de unión de este hombre con el pasado.

Cubren las paredes de la habitación enormes estanterías que, por su contenido, denotan en el dueño una formación científica de arraigo alemán. Casi todos los libros están escritos en lengua alemana, que Mas Magro lee con la misma facilidad que el español. En la estantería central preside la estancia una imagen de la Virgen, en copia del Giotto, con marco de cuero repujado, hecho por las dos hermanas monjas que Mas Magro tiene en las Esclavas del Sagrado Corazón. Y aquí y allá, delante de los libros, hay una profusión de retratos, cuyos personajes entraron ya en el mundo de los muertos.

No cabe duda de que Mas Magro se halla unido a ese mundo alejado de las sombras, de los individuos que nos precedieron, en forma semejante a como cada cual nos hallamos unidos a nuestros muertos. Pero con una diferencia: que el sabio doctor no olvida a las personas que le fueron queridas, y que rinde homenaje constante a quienes influyeron en él de alguna forma. Es decir, confiesa a voces su árbol genealógico espiritual y material.

Pregunto a Mas Magro por cada una de las fotografías que hay en su despacho, y me contesta lo siguiente:

-Yo he querido mucho a mi madre, que influyó notablemente en mí. Ella murió en 1917, a los sesenta años, de una afección hepática. De una enfermedad que hoy no es nada, por los medios curativos que tenemos a nuestro alcance, y que, sin embargo, entonces era mortal.

-¿Y el doctor don Francisco Mas Candela?

-MI padre fue médico en Crevillente, el pueblo de la provincia de Alicante donde yo nací. Y a él le debo el que yo sea médico también. Se me murió en mis brazos de una embolia, cuando yo le transportaba en un sillón a la cama. Nunca he podido olvidar el momento en que la cabeza de mi padre querido se dobló sobre su pecho, abatida por la muerte. Quizá sea aquel dolor agudo que sufrí en 1879 el que me impulsara a luchar constantemente, con objeto de querer vencer a la muerte.

-¿Y Miguel Servet?

-¡Es nuestro primer hematólogo!

-¿Y Cajal?

-¡Hombre! ¡¡Cajal es mi maestro!! Yo estudié en la Universidad de Madrid, y siempre que tenía tiempo libre, me metía en el laboratorio de Cajal. Fue entonces cuando comencé a convertirme en una mosca de laboratorio.

-¿Quién es esta señora?

-Una mujer inteligentísima. La doctora Rhoda Erdmann, de la Universidad de Berlín. Dirigía la revista "Archiv Für Experimentelle Zellforschung", en la que yo colaboraba. Nos escribíamos sin conocernos y, durante mucho tiempo, la estuve dando el tratamiento de Herr (señor), pues no podía suponer que fuese una mujer. Por fin la conocí personalmente en Budapest, en 1927. Ella presidió el Primer Congreso de Citología Experimental, que fue llamado el Congreso del abrazo, por ser la primera reunión de médicos de distintas nacionalidades que se celebró después de la primera guerra mundial. Ella fue el alma de aquella reunión, en la que yo pronuncié una conferencia. Cuando murió, en 1935 a los sesenta y cuatro años, Alemania le tributó grandes honores.

-¿Alexander Maximow?

-Un hematólogo ruso que huyó de su país cuando la caída de los zares. Marchó a Norteamérica y fue profesor de la Universidad de Chicago. Yo le quería mucho.

--¿Y este señor que gasta perilla y lleva el sombrero puesto?

-Don Faustino Barberán, que dirigía la "Revista Valenciana de Ciencias Médicas". Era una publicación de poca importancia. En ella comencé yo a publicar, y fue Barberán quien mandó al extranjero mis primeras colaboraciones.

-Dígame, doctor ¿Tiene usted mucho cariño a ese aparato? A su microscopio, que en este momento luce su línea magníficamente, a causa del enfoque de la luz.

-Voy a contarle el primer éxito que tuve con el microscopio. Fue en 1900, estudiando yo el último año de Medicina. Me había reintegrado a casa de mis padres en vacaciones de Navidad, a Crevillente. Al llegar a mi pueblo leí en "El Liberal" la noticia de que en Murcia se había declarado la triquinosis y numerosas personas estaban afectadas. Era muy entrada la noche, pero dejé preparado mi "Leitz" y todos los útiles necesarios para verificar preparaciones microscópicas. Pensaba marchar a Murcia, pues el viaje tenía además otro atractivo para mí. Que Cajal y mi maestro Ferrán habían anunciado su salida para Murcia.

"A la mañana siguiente solicité la venia de mi padre durante el desayuno, que tomábamos a las seis de la mañana, pues él comenzaba a trabajar a las siete. Marché a Murcia, llegando a las diez de la mañana. En la ciudad nadie sabía nada de nada, y anduve varias horas desorientado, hasta que pregunté a un guardia por el Laboratorio Municipal. Eran las tres de la tarde cuando llegué al Laboratorio, y estaba rendido. Allí, diez o doce médicos se agrupaban en torno a una preparación compuesta por fragmentos del músculo de una enferma que sucumbió el día anterior. Los médicos, en vano, hacían maniobras de enfoque, pues nada lograban encontrar. Pasaron tres cuartos de hora con iguales resultados. Entonces yo me atreví a pedir que me dejasen mirar por la lente, aunque sólo fuese medio minuto. En dos segundos enfoqué el microscopio, y las larvas de triquina aparecieron enseguida. Estaban encapsuladas en las fibras musculares”.

"A continuación me encargaron de la dirección del Laboratorio Micrográfico Municipal. Hubo sesión extraordinaria en el Ayuntamiento y fui nombrado huésped de honor de la ciudad y dotado con una buena asignación. Terminada la triquinosis en Murcia, me reintegré a mi casa. Menos mal que Cajal y Ferrán desistieron de su viaje a Murcia. Ramón y Cajal me dijo después que se alegraba, por haberme dejado el paso franco hacia mi éxito. Y yo pienso que aquel caso analítico, aunque no se trataba de un grano de arena en la técnica microscópica, era muy poca cosa para el genio tan grande de Cajal”.

He de advertir a mis lectores, que Mas Magro no suele hablar largamente. Me ha costado permanecer a su lado muchas horas antes de poder arrancarle algunas confidencias. Es un hombre  lleno de sencillez y no le gusta farolear. Además sucede que en medio del relato, Mas Magro me abandona. Deja de hablar y se zambulle en el microcosmos corpuscular sanguíneo que, cual película cinematográfica, pasa constantemente por su mente. Luego, después de unos momentos, vuelve otra vez a la conversación. Mas Magro continúa hablando, oigámosle:

-No soy ya un hombre blando. Aunque si interpreto música es porque siento el arte, y el arte no se puede sentir sin tener sensibilidad. Pero soy insensible para los contratiempos. Y vengo a decir esto porque me he quejado mucho estos días pasados, y usted lo ha recogido, en su periódico. Sería un ingrato si yo silenciara las distinciones que España me ha otorgado. La Academia de Medicina de Barcelona me concedió un premio. Y otro la Real Academia de Medicina de Madrid. Tómelo, léalo usted misma.

La hoja de papel que estoy leyendo dice así:

"Instituto de España. Real Academia Nacional de Medicina.

Ilustrísimo señor: Esta Real Academia Nacional de Medicina, en sesión celebrada el día 9 de los corrientes, acordó conceder, a V. I. el Premio Couder, correspondiente al Curso académico 1950-51.

Para este Premio no se admiten solicitudes, siendo la Corporación quien propondrá anualmente la persona que estime merecedora del galardón, dentro de las condiciones marcadas por la fundación, cuyas características generales son las siguientes:

Esta Corporación concede un premio anual de 4.000 pesetas en metálico, que se adjudicará a la persona a quien la Academia crea merecedora de él por su talento, trabajo y virtudes verdaderamente demostradas dentro del ejercicio de la Medicina.

Lo que en virtud del mencionado acuerdo me es grato participarlo a V. I. para su conocimiento y satisfacción.

Dios Guarde a V. I. muchos, años. Madrid, 11 de diciembre de 1950.

El académico secretario perpetuo, Valentín Matilla."

Después de mi lectura, Mas Magro sonríe satisfecho y añade:

Las cuatro mil pesetas del premio ya me las he gastado. ¡Pero no lo diga usted, pues pensarán que soy un derrochador! Los premios en metálico que recibo los empleo en regalos para mi mujer.

 

Pie de foto 1: De izquierda a derecha: doña Teresa Magro, la madre de nuestro científico; el doctor Francisco Mas Candela, padre de Mas Magro; Miguel Servet, Ramón y Cajal, la doctora Rhoda Erdmann, Alexander Maximow y don Faustino Barberá.

Pie de foto 2: Autógrafo de Mas Magro, escrito para PUEBLO el 24 de enero de 1953, a la una de la mañana. Dice: "En la investigación científica, el hecho definitivo se manifiesta en el tiempo, sin límites, recorrido por una voluntad tenaz. -MAS MAGRO."

 

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PUEBLO 29/01/1953 - El doctor Mas Magro se dispone a salvar la vida de Catalina Jelen (8)



TRANSCRIPCIÓN

GRANDES REPORTAJES EXCLUSIVOS

EL DOCTOR MAS MAGRO SE DISPONE A SALVAR LA VIDA DE CATALINA JELEN

Un reportaje de Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

EL INVESTIGADOR NO QUIERE SALIR DE ALICANTE

Durante la República le ofrecieron la Sección de Hematología del Instituto del Cáncer, pero antes le preguntaron si había tenido algo que ver con la Dictadura

 

ALICANTE. (Especial para PUEBLO.)

La mañana de ayer fue muy laboriosa para el eminente doctor. No sólo el enfermito catalán reclamó una atención especial en  el sanatorio donde se halla hospitalizado, sino que Mas Magro hubo de pasar mucho tiempo, fuera de la clínica. Por otro motivo diferente y alegre. Sin embargo, el tener que salir fuera de casa supone un trabajo más agotador.

Como la Diputación Provincial de Alicante al fin le concede al sabio en el Hospital la sala que tenía pedida al Ministerio de la Gobernación hace varios años, Mas Magro ha tenido que conversar y puntualizar extensamente. El Servicio de Leucemia que hoy se crea en Alicante es el primero de su género que existe en el mundo. Por tanto, España marcha a la cabeza de las naciones en cuanto a la leucemia se refiere. Si hasta ahora no existe en los hospitales ningún servicio leucémico es porque se venía creyendo universalmente, con gran error, que la leucemia era un cáncer.

El personal auxiliar, Pepita y yo, también tuvimos mucho trabajo por la mañana, porque estos días está llegando una enorme cantidad de material de análisis. La explicación de esta acumulación de muestras sanguíneas proviene del aumento progresivo que va adquiriendo la fama de nuestro doctor. Es muy natural que todo enfermo prefiera poner su vida en manos de una eminencia.

También efectuamos los análisis de los enfermos pertenecientes al Seguro Obligatorio de Enfermedad, quienes pueden estar muy satisfechos de tener a su alcance los servicios clínicos de un sabio. Por otra parte, cualquier muestra de sangre que llegue hasta nosotros es analizada en todos sentidos. Así es que la persona que se haya confiado al laboratorio Mas Magro puede vivir tranquila, libre de toda aprensión. Hasta ahora solamente se han encontrado dos casos de leucemia precoz donde menos se sospechaban.

Ayer, cuando por la tarde volvimos a la clínica, como todo el mundo se hallaba cansado el doctor Mas Magro nos ordenó que dejásemos el laboratorio y que subiésemos a tomar una taza de té con él. Recogimos prontamente y Mas Magro, ya despojado de su bata blanca, llamó a voces en la siguiente forma: "¡Periquito! ¡Periquito!" Y un pájaro amarillo se presentó en el despacho. Vino andando por el pasillo con saltitos graciosos. Entonces don Francisco bajó la mano convenientemente y Periquito se encaramó en ella.

Me faltaba hablar a mis lectores de este personajillo tan simpático que habita en la clínica. Se trata de un pájaro de los llamados "periquitos", que no posee jaula porque está amaestrado. Lo mismo se posa en los fregaderos que en la mesa, que junto a los tubos de ensayo, que sobre el mechero de Bunsen cuando está apagado. Y lo más curioso del caso es que Periquito suele ir detrás de su amo, siguiéndole por el pasillo con precipitados saltitos. Son ya varias las veces que he lanzado un "¡ay!" de susto creyendo que Mas Magro había puesto su pie encima del pájaro.

¿Por qué Mas Magro puede amaestrar de tal manera a los pájaros? No se trata seguramente de una catarsis, que así llaman los psicólogos, con palabra griega, al momento en que voluntariamente nos libramos de nuestra tarea continuada, al recreo necesario que proporcionamos de vez en cuando a nuestra inteligencia, dedicándonos a una actividad banal. Debe de tratarse de algo más profundo. Quizá a Mas Magro le guste estudiar la idiosincrasia de los animales pequeños con objeto de ir acercándose a la escala zoológica más ínfima. Al microcosmos donde habitan los seres invisibles que nacen, viven, se reproducen y mueren a costa nuestra. Y también puede verse en esa paciencia enorme que supone el amaestramiento a la constancia del investigador en cuestiones biológicas.

Mas Magro subió las escaleras de su casa llevando al "periquito" en la mano. Nosotras fuimos detrás, y a poco en el piso del doctor el grupo clínico estaba dispuesto a merendar. También doña Encarnación y la esposa de Mas Magro II con sus dos hijitos, Quinita y Francisco de Asís. Este niño, a pesar de sus siete años, parece darse cuenta de que el destino le impone la misión de continuar la obra de su abuelo y de su padre.

Si el violín de Ingres de Mas Magro es la música, el violín de Mas Magro hijo es la afición a todo aparato eléctrico, que él sabe montar, desmontar y variar. Cuando terminamos de tomar el té el joven doctor sacó el magnetofón que posee con objeto regrabar nuestra charla. En seguida pedí que me hiciera oír la voz de Mas Magro reflejada en la cinta magnetofónica. Fui complacida, y la voz del sabio surgió de la película, donde se halla conservada para el futuro. Hablaba de leucemia, ¿cómo no? De peroxidasas, de blastocistos, de metaplasias, etc. Su timbre de voz sonaba más pastoso que al natural. Y los ecos producidos en la audición parecían pertenecer a los espacios de una enorme sala internacional que estuviera llena de científicos venidos de todas las partes del mundo. Era igual que si la Historia en persona estuviera disertando. El acento levantino de Mas Magro es muy pronunciado, pues de tal forma abre el sonido de la e que parece estar articulando una a. En la intimidad de la familia suele hablar en dialecto valenciano. Pero en la clínica, aunque los enfermos le hablen en dialecto, él contesta en castellano.

Mas Magro se encuentra placenteramente dentro de su hogar. Sus tres amores son: la clínica, la esposa y la nietecita. El círculo familiar suyo se desenvuelve en un espacio vital bastante amplio. Como la casa donde habita es de su propiedad, dispone del piso bajo para el consultorio, del piso primero para su hogar y del cuarto piso para el hogar de su hijo. Además utiliza el garaje y la amplia terraza. Las escaleras de la casa son de mármol. Y en su comienzo campea un relieve escultórico del Sagrado Corazón de Jesús que se halla entronizado en esta mansión. Si estoy enumerando estos detalles es para rechazar ciertas afirmaciones aparecidas en algún periódico. Las de que Mas Magro vivía en la más estricta modestia. Cualquier español que en estos tiempos de crisis de vivienda posea una casa de cinco pisos, con fachada a dos calles, puede considerarse un afortunado. Lo que ocurre es que Mas Magro está dotado de una cualidad muy española: con la virtud de la sobriedad. Y pertenece a esa generación de médicos que no hace descansar su éxito en el montaje de una clínica fastuosa.

Le pregunto a Mas Magro lo siguiente:

-Usted, que ha arrancado su secreto a la leucemia, no puede permanecer en un rincón de España. Usted ha echado sobre sus hombros una responsabilidad muy grande y necesita dar la cara al mundo desde la capital de la nación.

-No deseo moverme de aquí -contesta-. Hace tiempo que podía estar en Madrid. Era cuando la República. Entonces me llamó Pittaluga. Me llamó para entregarme la dirección de la Sección de Hematología del Instituto Nacional del Cáncer. En cuanto llegué a su presencia me dijo: "Óigame, Mas: ¿usted no habrá tenido que ver con la Dictadura, verdad?" Ni siquiera le respondí. Volví la espalda a Pittaluga y regresé a Alicante.

Sin embargo, diré, con palabras de Alfonso X el Sabio, que Madrid "Face e desface a los homes".

A nuestro doctor le gusta el ocio como a cualquier ser humano. Por eso cuando tuvo que levantar la velada exclamó: "¡Con lo bien que se está aquí!".

 

Pie de foto: El doctor Mas Magro y su esposa. (Foto Sánchez.)

 

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PUEBLO 23/02/1953 - Los Juegos Florales de Alicante tienen singular carácter social



TRANSCRIPCIÓN

Los Juegos Florales de Alicante tienen singular carácter social

Un premio en metálico al pescador o al marino que mayormente se haya distinguido en su trabajo diario

 

ALICANTE. (Especial para PUEBLO.)

HOY mismo, a las once de la noche, van a celebrarse en Alicante los Juegos Florales que hace un mes fueron convocados en todo el ámbito nacional.

Pero es necesario advertir que los Juegos Florales de Alicante no sirven solamente para deleitar el espíritu de los selectos. El certamen alicantino tiene una significación mayor, por entrar en el campo de lo social. Entre los seis premios convocados, fijémonos atentamente en la poesía que se titula "Exaltación del trabajador del mar".

Dicho tema del concurso trata de enfocar la atención de los poetas, y la atención del público, sobre los hombres que diariamente se Juegan la vida en el mar. Además de esta exaltación del productor, los Juegos Florales otorgan un premio en metálico al pescador o al marino que mayormente se haya distinguido en su trabajo diario.

¿Quién es, pues, el alcalde de Alicante, que lleva también al obrero al lugar donde se celebra la fiesta de los espíritus selectos? Se trata de un alcalde escritor, de don Francisco Alberola Such.

 

HABLA EL ALCALDE DE ALICANTE

-El premio al mérito en el trabajo lo instituí en los últimos Juegos Florales que hace dos años celebramos. Efectivamente, soy el primer alcalde que ha instituido un premio de esta naturaleza dentro de las justas literarias, y no tengo noticia de que otra ciudad siga mi ejemplo. Con ello he dado a esta fiesta tradicional un carácter social de que antes carecía.

Lo que mayormente destaca en los Juegos Florales de hoy, es la calidad de su mantenedor, don José María Pemán, y la de la reina del certamen, señorita María del Carmen Planell, hija del ministro de Industria.

 

MARÍA DEL CARMEN PLANELL, REINA DE LOS JUEGOS FLORALES, DICE:

-Esta es la primera vez que soy reina de unos Juegos Florales, y nunca pensé que pudiera llegar a serlo, porque es algo muy bonito. La noticia fue para mí una agradabilísima sorpresa. Tanto me gustan las poesías, que disfrutaré mucho presidiendo un certamen poético.

Puede ser que esté emocionada en la fiesta o puede ser que no lo esté. Francamente, no puedo prever de antemano la reacción que sentiré, porque ya he dicho que es algo nuevo para mí. Todo ese aparato ceremonioso, la poesía, mis diecisiete damas de honor y las autoridades, es suficiente para emocionar a una muchacha. Yo procuraré que nadie note mi reacción.

En cuanto al vestido, es una cosa importante también para el público y para los poetas, que preferirán que la reina esté muy favorecida. Yo misma lo elegí de organdí blanco y de líneas muy sencillas, que es lo más apropiado para simbolizar a una musa de esas que inspiran a los poetas.

 

HABLA DON JOSÉ MARÍA PEMÁN, EL MANTENEDOR DE LOS JUEGOS FLORALES

-Hace lo menos tres años que he sido invitado para mantener los Juegos Florales alicantinos. Me alegro, al fin, de poderlos realizar este año. Siempre tuve ilusión en ello, porque sé del fino sentido poético de todo el Levante español.

Mi discurso, como mantenedor de la fiesta, no durará más de treinta y cinco o cuarenta minutos, ya que esa es la duración ideal que debe tener un discurso de esta clase. En él desarrollaré el tema tradicional de la Fe, la Patria y el Amor. Creo que en Alicante será interesante mirar estos tres valores fundamentales, un poco desde el punto de vista mediterráneo. Es decir, con el equilibrio y moderación que esa periferia impone a estos conceptos fundamentales y que muy a menudo en España suelen enfocarse exclusivamente desde el punto de vista central de la meseta.

En general, todas las ciudades del Levante son las que conservan mejor y en su mayor pureza el sentido de estas fiestas de la Poesía. Y tengo entendido que en Alicante se celebran con una solemnidad extraordinaria.

 

POESÍA Y PREMIO PARA LOS TRABAJADORES DEL MAR

Son muy numerosos los poetas que han acudido al certamen. Sin embargo, el tema que menos cantores tiene es el de la exaltación de los pescadores. Pero esta circunstancia no significa un desdén. Por el hecho de estar en el comienzo de una nueva trayectoria: del camino que los Juegos Florales emprenden hacia los problemas sociales. Por eso el tema todavía titubea, pues si es cierto que llevamos muchos siglos, de versos, también lo es que los poetas no se fijan en los obreros hasta el siglo pasado.

El complemento de estos elogios poéticos, el premio al pescador que se ha distinguido notablemente en su trabajo acaba de concederse a Tomás Reos Santacreu, inscrito en la Cofradía de Pescadores de Alicante y tripulante del barco pesquero "Ginés Llorca". Y, como yo misma he formado parte del Jurado calificador, fui enseguida a comunicar la noticia al marinero. Pero no pude hacerlo rápidamente, pues el pesquero solamente permanece en Alicante dos horas.

En compañía del patrón mayor y del secretario de la Cofradía de Pescadores, del armador y del reportero gráfico, fui a medianoche al puerto, a esperar el barco donde trabaja el ganador del concurso. A nuestra pequeña comitiva se unieron tres carabineros, los guardias civiles de la ronda, el guarda puerto y algunas otras personas, por creer que íbamos a recibir a una alta Jerarquía. El "Ginés Llorca" se hizo esperar bastante. Por fin, en la negrura de la noche, se oyó el tacateo de su motorcito de dos pistones y dos luces comenzaron a aproximarse. Enseguida saltamos sobre la cubierta resbaladiza y sorprendimos a Tomás Reos cuando recogía el cable de amarre.

Al decirle que él era el ganador del concurso de los Juegos Florales, se quedó bastante atontado. Pues aparte de otras consideraciones, recibir mil quinientas pesetas de un golpe es algo desconocido para el marinero. A mis preguntas fue respondiendo trabajosamente, porque además acostumbra a hablar en valenciano.

-¿Desde cuándo es usted pescador? -le pregunté.

-A los dose años me coloqué con el armador señor Llorca, y no he vuelto a salir de entre sus barcos. Va ya para cuarenta y seis años. Siempre estaré con él en esto de la pesca. Hoy ha sido bastante mala. Salimos por la gamba, a veintisinco millas, y traemos poca cosa.

-¿Qué piensa hacer con las mil quinientas pesetas?

-Pues entregárselas enteras a la mujer. Para que compre ropa para los chicos. Que tengo seis. El más pequeño de doce años y la mayor de veintidós. Y las jóvenes quieren algún vestido. No le he dicho a la mujer que había solisitao el premio, para que no se hisiera ilusiones si no me lo daban. Cuando lo recoja en la fiesta del teatro, voy a casa, que vivo en Villajoyosa, y le entrego a ella un sobre lleno de dinero. No se lo figura, no.

A continuación, Tomás Reos, galantemente, me regaló una pescadilla de las pescadas por él mismo. Y salimos de aquel barquito, perteneciente a la flota pesquera de Alicante, que es, nada menos, que un ex combatiente. A pesar de que no se le nota esta admirable condición por ninguna parte.

 

LOS POETAS Y LOS PROSISTAS PREMIADOS

Los premios que esta noche se otorgan en los Juegos Florales de Alicante son los siguientes: Flor Natural, con cinco mil pesetas, a Adriano del Valle, por su composición titulada "Fábula del Peñón de Ifach".

Rosa de Oro, con mil quinientas pesetas, para Juan Sansano Benisa. A la poesía "Virgen del Remedio".

Poema a Alicante, con mil quinientas pesetas para Leopoldo de Luis, por su composición "Ángel de Marzo".

Exaltación del trabajador del mar, mil quinientas pesetas, asignado a Antonio Coloma Pico, por "Mar adentro".

Geografía, Historia, Arte y folklore del partido judicial de Orihuela, con tres mil pesetas, todavía sin adjudicar en el momento que escribimos estas líneas.

"Chapí, Azorín y Gabriel Miró", dotado con dos mil pesetas por la Caja de Ahorros del Sureste de España, para el prosista Miguel Signes Molines. Y otros dos, de mil pesetas, para Isidro Vidal Martínez y José Alfonso.

Accésit de la Flor Natural, a Luis López Anglada.

Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

 

Pie de foto 1: María del Carmen Planell, reina de los Juegos Florales de Alicante. (Foto Estudio Amer.)

Pie de foto 2: Nuestra enviada especial en Alicante, Mercedes Díaz-Jiménez, comunica a Tomás Reos Santacreu la noticia del premio ganado. Es media noche, el barco acaba de llegar al puerto, y el marinero, que todavía no ha bajado a tierra, obsequia a la periodista con una pescadilla. (Foto Jo San.)


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PUEBLO 09/04/1953 - Intercambio mundial de música



TRANSCRIPCIÓN

INTERCAMBIO MUNDIAL DE MÚSICA

Conciertos de obras españolas incorporados a la cadena del Consejo Internacional

Manifestaciones de Oscar Esplá, delegado en España de este organismo

 

Oscar Esplá, nuestro famoso compositor, ha vuelto a España después de varios años de ausencia, pasados en su mayor parte en Bruselas, donde dirigió el Laboratorio Musical Científico. Y en su finca "Ruaya", situada a pocos kilómetros de Alicante, es donde conversamos con él sobre sus proyectos inmediatos. Oscar Esplá es un hombre juvenil, a pesar de sus sesenta y tres años. Con decir que para dedicarse a la música dejó su carrera de ingeniero y su carrera de Filosofía y Letras, está dicho todo respecto a su gran vocación. Por unas y otras causas, la conversación con este artista está llena de atractivos. Oscar Esplá nos dice:

-Pienso trasladarme en breve a Madrid, donde voy a organizar los conciertos de obras españolas con objeto de que nuestra producción sea incorporada a la cadena de intercambio mundial que el Consejo Internacional de la Música, creado por la Unesco, ha puesto ya en marcha.

-¿No estrenará usted en España sus óperas?

-Tal vez sea esto posible cuando el Teatro Real abra sus puertas de nuevo y ofrezca al público un espectáculo que toda una generación desconoce. La ópera, contra lo que creen sus detractores, no ha caducado. Todos los compositores actuales escriben obras líricas, aunque, en general, lo hagan sin éxito, pues no es fácil la técnica del teatro lírico. Lo caduco es, en efecto, la presentación del espectáculo. Pero cuando la "mise en scène" se estiliza adecuándose a la sensibilidad moderna, la ópera sigue siendo la manifestación artístico musical de influencia más directa en la masa, y, por consiguiente, un vehículo eficaz de cultura.

-¿Hemos oído en España fragmentos de sus óperas?

-Aquí no se han dado más que mis obras sinfónicas. Es posible que me decida a estrenar los interludios de "La Balteira", que forman una suite de concierto que podría dar la Orquesta Nacional. "La Balteira", título que significa "La Bailarina", fue destinada a los teatros de arte que en Norteamérica animaba la escritora Irene Lewisohn, de quien es el libreto. La acción se desarrolla en la Edad Media, en la corte del Rey Denis, durante una cruzada. El núcleo de esta acción es el milagro de la danza, por el cual consigue La Balteira conquistar al rey y obtener el perdón para el cruzado al que ama, La música, si bien se basa en cadencias españolas antiguas, es completamente original. La obra tiene la rémora de exigir una cantante que sea a la vez bailarina, Y si estas dos facultades pudieron encontrarse una vez en una sola persona, es verdaderamente difícil de hallar. En lo sucesivo habría que modificar el asunto para separar los papeles de cantante y de bailarina, facilitando así la representación.

-¿Y "Plumas al viento"?

-Se trata de una ópera en un acto, con libreto del belga Joseph Weterings, en la que se presentan, estilizados, algunos tipos clásicos de la ópera bufa: el pretendiente tímido; el joven aventurero que arrebata la amada al tímido; el viejo ricachón que quiere llevarse a la joven, y la madre de ésta, que acaba casándose con el viejo. El estilo de la composición es el mío personal, sin buscar imitaciones en el pasado del género.

-¿Y "La Forêt perdue"?

-Es la más importante de mis obras teatrales y en la que he puesto mayor ilusión. El libro está sugerido por mí mismo al poeta belga Paul Willems, que ha hecho los versos siguiendo mi propio escenario. Se trata de la Bella Durmiente del Bosque que despierta ahora, en nuestros días. Y he buscado en ello el contraste entre lo fantástico y lo real.

-¿Qué obra sinfónica suya es la que más pronto vamos a oír?

-Tal vez "Sonata del Sur", para piano y orquesta. La Comisaría General de la Música tiene interés en presentarla en España, y desearía, como yo, que el estreno aquí corriera a cargo del pianista español Eduardo del Pueyo, que vive en Bélgica y que es el mejor intérprete de mi obra. Es él quien la estrenó en París y luego en casi todos los países en los que ya se ha dado. Además, Del Pueyo es hoy uno de los primeros pianistas del mundo, y su presentación en España sería un acontecimiento artístico. Pero hasta ahora no ha habido medio de llegar a un acuerdo, y la obra sigue sin conocerse en mi país.

-¿Y su "ballet" titulado "El Contrabandista"?

-Fue estrenado en París hace tiempo por Antonia Mercé, "La Argentina" era una artista genial. Hizo triunfar mi obra, a pesar de lo mal que la orquesta la interpretaba. Tan mal, que escribí una carta a la Prensa, advirtiendo que lo que se tocaba no era lo que yo había escrito. Quise hacer llegar esta carta a los críticos por medio de mi editor, Max Eschig; pero éste me hizo desistir de mi propósito, diciéndome con su sorna habitual: "Deje, maestro, que la obra se toque así. Es posible que si se tocara como usted la ha escrito, no tuviera tanto éxito."

-Y ese ballet, ¿no va a representarse en Madrid ahora que la danza española ha alcanzado un nivel tan alto? Hay una estupenda pareja de bailarines que ha formado compañía. ¿No le gustaría que bailasen "El Contrabandista" Antonio y Marienma?

-¿Por qué no? Estaría encantado. Pero he de añadirle una danza final a la obra. Por eso se interrumpió su edición.

-Usted, maestro Esplá, figura en la historia de la literatura como el amigo más íntimo de Gabriel Miró. Uno de los prólogos en la edición de sus obras completas está escrito por usted. ¿Entre Gabriel Miró y usted existieron contactos musicales?

-Sí, existieron, y hubo el proyecto, entre nosotros, de hacer una obra lírica sobre Santa Teresa. Además, Miró escenificó su maravilloso cuento "Corpus" para que yo le pusiera música. Y empecé la composición, que por circunstancias diversas no terminé.

-¿Qué le parecen los músicos españoles de ahora?

-El movimiento musical español es interesante y cuenta con personalidades notables que mantienen el prestigio de nuestra música. Así, por ejemplo, Fernando Remacha, que vive en Tudela y cuyo talento extraordinario empieza a ser conocido en España. Ernesto Halffter, en Lisboa, Joaquín Rodrigo, Guridi, Palau, etc. Otro grupo de músicos interesantes se manifiesta en Cataluña, con Toldrá, Montsalvatge, Ferrer, etcétera. Finalmente, he oído una obra del joven Cristóbal Halffter, que me hace ver en él una legítima esperanza de nuestra música. Hay otros todavía que haría larga esta lista.

-Y en el exterior, ¿qué nuevas tendencias musicales hay?

-Las novedades son poco agradables. El dodecafonismo atonalista y serial, puro cálculo y sensación, al margen de la función musical auténtica, no por dodecafonista, sino por atonal e intelectualista. En cuanto a la otra "novedad" de la música en cuartos de tono, de Alois Hába, es una legítima puerilidad. Este hombre pretende evitar el "tema" en la música. En una demostración que hizo en París pude hacerle ver, al menos por el momento, que su vago fluir musical, "sin tema", como él sostiene, se convierte en la conciencia del auditor en un galimatías de temas fugitivos que la imaginación va combinando con los sonidos que oye, precisamente porque el compositor no le impone ninguno.

Después de oír hablar a Oscar Esplá de sus obras y de las obras de los demás, nos quedamos anhelantes. Esperando conocer la totalidad de su obra. Porque la música de Esplá, aparte de su gran fuerza emotiva, está compuesta con un dominio de la técnica musical tan preciso y tan elaborado, que pocas veces puede ser alcanzado por los compositores.

Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

 

Pie de foto: OSCAR ESPLÁ


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PUEBLO 16/04/1953 - El domingo, en El Rastro (9): La tienda de antigüedades



TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

LA TIENDA de antigüedades

 

Lo más atractivo del Rastro son las tiendas de antigüedades, porque mundos conocidos y mundos desconocidos se encuentran allí representados. Todo lo que hay en el interior de ellas es valioso o por lo menos antiguo. Y lo antiguo tiene el gran atractivo de haber pertenecido a nuestros antepasados. Hablar de las tiendas de antigüedades es recordar a Dickens y a Balzac, con sus relatos llenos de interés novelesco y con su caleidoscopio aromado con el perfume de la época romántica.

Del espectáculo de las tiendas de antigüedades del Rastro se puede disfrutar gratuitamente, pues carecen de puertas, y la entrada es libre, sin que tengamos la obligación de comprar alguna cosa. Y por añadidura, la amabilidad de los anticuarios contrasta notablemente con el mal humor que tienen los comerciantes del interior de la ciudad. Los anticuarios nos invitan a entrar en su camarín y disfrutan cuando pueden hablar de sus especialidades con un cliente atento. Por eso la sublimación de la profesión de comerciante la podemos encontrar en estas tiendas, pues a los anticuarios no les domina el lucro sobre toda otra transacción. Por manejar historia y cultura, su imaginación no está avasallada por la transacción comercial. Observad lo que ellos hacen cuando no tienen clientes: leen libros a pergaminos, traducen inscripciones de monedas y estudian textos de arte. Preguntad a un anticuario del Rastro por el Museo del Prado y veréis cómo desarrolla ante vosotros una magnífica lección de pintura. Y cuando venden una pieza de primera categoría, se desprenden de ella a regañadientes y se quedan sufriendo durante varios días.

¡Cuántas tiendas de antigüedades veo a mi alrededor! Y cuántas vocecitas misteriosas salen de su interior que me están llamando imperiosamente. Estoy indecisa y no sé hacia cuál dirigirme. Pero no hay necesidad de entrar para estar distraída, pues acabo de posar mi vista sobre un anticuario que se halla en la puerta de su comercio y que, provisto de jabón, cepillo y de un barreño de agua, está bañando y frotando a dos pastorcitos de porcelana.

-Los acabo de traer -me dice- y los estoy adecentando para que sean más atractivos.

Tal vez sea el Rastro uno de los lugares de Madrid donde más se limpia, pues casi todas las mercancías son sometidas previamente a la acción purificadora del agua. Con el líquido elemento son tratados desde el voluminoso armario hasta la tenue laminilla de un grabado. Aunque la limpieza no se efectúa en virtud de la higiene, sino por exigencias del negocio, los microbios mueren en grandes cantidades al llegar al Rastro. Pues ya se sabe que la prosperidad del comercio influye beneficiosamente en la civilización de las naciones.

El hombre de los pastorcitos continúa frota que frota las porcelanas, y yo le pregunto por la razón del letrero que campea, en su escaparate y que dice así: "No se efectuará ninguna compra sin examinar la documentación del vendedor."

-Es que no queremos líos con la Policía. Por eso tenemos que evitar la compra de un objeto que haya sido robado. Llevamos un libro donde anotamos todos los detalles del vendedor y del objeto, y la Policía viene a examinarlo periódicamente. A veces la Policía nos envía unas hojas donde se describen minuciosamente todas las características de ciertas joyas que acaban de ser robadas. Puede darse la casualidad que vengan a ofrecérnoslas a nosotros. En estos casos actuamos como detectives, y a mí me parece que llego a ser un protagonista de novela policíaca, a las que soy bastante aficionado. Entonces casi todos los individuos que pisan el umbral de mi tienda me parecen delincuentes, pero siempre me equivoco. Nosotros no queremos objetos robados. No sólo porque sufrimos una pérdida comercial cuando nos quitan el objeto en cuestión, sino por las derivaciones desagradables que trae consigo.

A primera vista, todas las tiendas de antigüedades parecen lo mismo. Pero escudriñando un poco se perciben las distintas especialidades a que cada una de ellas se dedica. Al fin penetro en el interior de un comercio que proclama su dedicación principal a los grabados y a los mapas. El dueño me deja en libertad vigilada para estar al tanto de mis preferencias, y yo me dedico a recorrer el mundo universal que se halla extendido por las paredes, por las mesas y contenido en enormes carpetas. También acaba de entrar una extranjero, que viene acompañado de un muchacho pecoso, y los dos se ponen a revolver entre los mapas, buscando no sé qué pieza determinada, mientras hablan en lengua holandesa. Allí hay mapas, planos, pergaminos o cartularios de todas las épocas. Son imágenes que están muy de moda en la decoración de los interiores modernos, pues se colocan bajo los cristales de mesas y mesitas. Además tiene la tienda infinidad de cuadros y otros muchos diversos objetos de arte.

Estoy deseando que el dueño me hable. Lógicamente, el poseedor de aquellos tesoros tiene que ser una persona muy culta, puesto que supo reunir tan bella colección. Y sabrá además muchos relatos interesantes, porque cada objeto expuesto es un párrafo de la pequeña historia de la crónica diaria de un pueblo, de un hombre o de una mujer. El anticuario, don Juan Caballero, pronto me dirige la palabra y entabla conversación conmigo:

-Han subido ustedes de categoría -le digo-, por haberse instalado en esta galería comercial, tan nueva y tan moderna. Se dice que el edificio pertenece a Conchita Piquer.

-Conchita Piquer es uno de los tres accionistas que tienen la propiedad de estas galerías. Aquí estamos reunidos los anticuarios que pudiéramos llamarnos clásicos, porque venimos ejerciendo la profesión de siempre y aun algunos por varias generaciones. En la galería que hay al otro lado de la calle están instalándose los nuevos. Corredores de antigüedades que se acaban de establecer o bien comerciantes venidos del centro de Madrid.

-Sin duda, tendrá usted muchos clientes extranjeros. Acabo de ver a dos autobuses franceses que en la plaza de Cascorro están esperando a sus tripulantes.

-Sí; así es. Vienen muchos extranjeros a mi tienda. Pero compran cosas de poco valor por falta de moneda española y porque llevarse consigo un bargueño, por ejemplo, resultaría muy complicado. Lo que vienen a buscar es un trofeo que acredite su paso por España. Suelen comprar cerámicas, hojas de pergaminos de los antifonarios, grabados, monedas y castañuelas.

-En este verano habrá hecho usted una venta estupenda.

-No sé por qué razón los turistas de este año han traído tan poco dinero. En cambio, el año pasado hicimos más ventas en los dos meses de verano que en toda la temporada de invierno.

--Y dígame, ¿quiénes son sus proveedores?

-Los corredores de antigüedades principalmente. Así como en la mañana del domingo todas las personas que entran en nuestras tiendas son clientes, los días de diario, por el contrario, somos visitados asiduamente por los vendedores. Sin embargo, ellos no son especialistas en arte y creen que cualquier objeto tiene valor por el simple hecho de ser antiguo. Mi tienda me absorbe demasiado, pero cuando puedo hacer una escapada, me dedico a recorrer pueblos y provincias.

-¡Sí, ya no quedará ningún objeto artístico por los rincones de España! ¡Si los anticuarios han arrancado hasta las puertas, las rejas y los escudos de las casas antiguas! ¡Todavía se encuentra mucho! Hace poco llegué a una casa escondida en una serranía y  me encontré con la maravillosa sorpresa de que en su comedor había veinte floreros de Arellano. La gente suele vender las cosas con motivo de las herencias. Los hijos conservan los objetos que pertenecieron a sus padres. En cuanto a los sobrinos, ya es otra cosa, pues prefieren el dinero. Recientemente se ha vendido en pública subasta un goya en cuatrocientas mil pesetas.

-¿Es Goya el pintor que más se paga?

-No; ni mucho menos. En la cotización internacional de pintura española, el primero es el Greco. ¡El Greco es maravilloso! Así como los personajes pintados en los lienzos de la escuela italiana, y no digamos de la holandesa, están asentados sobre un lugar determinado, las figuras del Greco, por el contrario, entran en el dominio de lo universal. Los personajes de "El entierro del conde de Orgaz" lo mismo pueden hallarse en la calle que en una habitación o sobre una nube, pues no tienen soporte real. Lo mismo ocurre con “El bautismo". Velázquez está grandemente influenciado por el Greco, pues no habría podido pintar su célebre Cristo desasido de la cruz, con sólo el soporte de los pies, si no hubiera visto el Cristo del Greco. En virtud de este antecedente pudo Velázquez llegar a pintar el aire y la atmósfera.

Y el anticuario don Juan Caballero se olvidó de sus clientes y se quedó junto a mí, hablando largamente sobre pintura española. Después, cuando marché de su tienda, fui pensando en la buena adquisición que la pedagogía podría hacer si hiciese pasar por las cátedras de arte a los anticuarios del Rastro. Pues los estudiantes escucharían una disertación monográfica muy estimable, y la lección se fijaría en su memoria mayormente por recordarla unida a un hombre que es protagonista, agente activo, de las vicisitudes artísticas.


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PUEBLO 17/04/1953 - El domingo, en El Rastro (10): Un ladrón perseguido



TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

UN LADRÓN PERSEGUIDO

 

El curioso espectáculo que presenta el Rastro durante las mañanas de cada domingo atrae sobre la plaza de Cascorro a un numeroso público madrileño. Y también absorbe durante unas horas a todo provinciano que se encuentre en la capital de España, porque la fama de este mercado es conocida en toda la Península Ibérica, y aun fuera de ella.

Hasta los extranjeros acuden allí con sus ojos muy abiertos, ya que las agencias turísticas incluyen ahora, en sus rutas de visita a Madrid, la correspondiente vuelta por el Rastro. Su presencia se hace bien notoria, pues autobuses ingleses, franceses y portugueses quedan encallados en la populosa cuesta de Cascorro, como barcos arrojados a la marea humana. Ayer, precisamente, había allí un extraño coche casa que llevaba incrustado en el techo una barca de lona, pintada en color plata. Más allá, un taxímetro de los nuestros aguantaba en su techo a un turista sueco que enfocaba su máquina de retratar y gastaba sus películas sobre tan curiosa perspectiva.

Y sucede así porque dicho lugar es varias cosas a la vez. Es un exponente de las vicisitudes por que atraviesa la más parlante de las economías menores españolas: la economía de la intimidad, la casera. Es un alarde tradicional, con numerosas páginas de historia escrita por los valiosos objetos de arte que las tiendas de antigüedades exhiben. Y es un abigarramiento humano, integrado por clientes, vendedores y curiosos, componedores de un cuadro costumbrista que llega a sintetizar, parcialmente, el alma del pueblo madrileño. Del pueblo, pueblo exactamente.

Pues bien: este mercado está lleno de sorpresas, y además del clima típicamente madrileño, también podemos encontrar al individuo musulmán. Hay lo menos ocho marroquíes vendedores de perfumes, que llaman la atención con el "tarbush" de su cabeza y que ayudan a sus compañeros de puesto. Ellos sirven de intérpretes entre el cliente de lengua inglesa y el vendedor que, de puro castizo, habla con la campanilla. Pero no solamente se hallan en el Rastro los marroquíes que son mercaderes, pues también los hay entre los curiosos. Quizá suceda así porque los habitantes de la parte más meridional de la tierra que se encuentra en Madrid acuden al Rastro seguramente a causa del gran atractivo que para ellos tienen toda clase de zocos. Y tan es así, que el domingo presencié lo siguiente:

Me hallaba yo en la cuesta de Cascorro en la hora más concurrida de la mañana, aguantando, como todo el mundo, los ardientes rayos solares que caen sin piedad a la hora del mediodía. Estaba replegada sobre una de las aceras para defenderme del rio humano que por la calzada avanzaba, cuando un gran griterío me hizo volver la cabeza hacia la derecha. Entonces vi que un hombre corría, atropellando cuanto encontraba a su paso. Se abría camino por entre la multitud a empujones y a saltos, y caía sobre uno y otro puesto, dejando las mercancías destrozadas. Este hombre era perseguido por varios individuos, pero no lograban darle caza, pues el pequeño surco que se abre entre la gente dura allí solamente unos segundos. Se trataba de un ladrón que estaba logrando huir de sus perseguidores, y ya se creía completamente a salvo, cuando un desconocido, sujetándole por un brazo con hábil llave pugilística, le detuvo en el acto y le dejó inmovilizado.

Tan cerca me encontraba yo de aquellos hombres, que pude presenciar todo movimiento y oír toda palabra. El ladrón tendría unos cuarenta años, y su aspecto era pulcro y bien vestido. Claramente se veía que no era un raterillo accidental, sino un hombre organizado, un técnico del robo. Su pecho jadeaba por el esfuerzo realizado, y una expresión enorme de rabia salía por sus ojos, que se habían enrojecido. Con los pelos revueltos, con la camisa desabrochada, con los puños apretados, con el ademán dispuesto para arrancarse de un tirón que le librara del brazo opresor, parecía una fiera a quien la multitud acosaba complacida.

El desconocido que le había detenido, percatándose de las intenciones de huida del ladrón, le dijo con marcado acento marroquí:

-Te advierto de que pertenezco a la Escolta Mora del Generalísimo, aunque voy de paisano. Así es que más te vale estar quieto.

Como a tales horas la gente que hay en el Rastro no puede detenerse para formar corro, porque la marea humana obliga a todo circunstante a subir y a bajar la cuesta periódicamente, el musulmán, comprendiendo que podía evitar el escándalo, dijo al ladrón con voz baja, pero con mucha energía:

-¡No grites! ¡Estate quieto y disimula, como si tú y yo estuviéramos en buena armonía!

Y el ladrón quedóse quieto, callado y sujeto al brazo de su opresor.

Entonces, yo, bajándome de la acera, me introduje entre la gente y marché hacia otros lugares, pues no quise saber más. Porque me hacía sufrir el ver a un hombre acosado como una fiera. Que no solamente es triste contemplar a un cuerpo accidentado, con la carne herida, desgarrada y sangrante, sino que es más desagradable sorprender a un hombre en el momento en que su ánimo está abrumado por el delito, por la detención y por la rabia. Sin embargo, la caza tan limpia que el musulmán hizo del ladrón cuando sus varios perseguidores no habían logrado detenerle, me hizo exclamar lo siguiente:

-¡Pero qué magnifica guardia tiene el Jefe del Estado!

Pues hasta entonces, yo sólo había podido comprobar su gran vistosidad suntuaria.


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PUEBLO 18/04/1953 - El domingo, en El Rastro (11): Los angelitos barrocos



TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

LOS ANGELITOS BARROCOS

 

Para darse exacta cuenta de los detalles interesantes que una película del cinematógrafo encierra es preciso que veamos varias veces su proyección, pues en la segunda vuelta se nos revelan detalles que no pudimos apreciar antes por haber captado únicamente su argumentación general. De igual forma, no podemos conformarnos con visitar las catedrales españolas una sola vez. En la segunda y en la tercera visitas que hagamos nos saldrán al encuentro figuras y motivos que no habíamos visto, por dominarnos la armonía total de la obra arquitectónica.

En la catedral nueva de Salamanca había yo entrado varias veces. Pero en la visita que la hice el mes pasado me salieron al encuentro todos los angelitos barrocos que en ella habitan. ¡Qué infinidad de ellos hay en la citada catedral! En el coro nada más habrá unos seiscientos. Rematan la crestería de los sillones, se escapan jugando a meterse bajo los asientos, vuelan a colocarse sobre el monumental órgano, posan sus cabecitas en el trascoro churrigueresco, alguno de ellos esconde su tristeza junto a un sepulcro, y los más ambiciosos se instalan en el altar mayor, junto a la Virgen Santísima. ¿Cómo era posible que antes no hubiera visto a tan graciosa multitud angélica? Por causa sin duda de misterios psíquicos o de refracciones ópticas. Por quedar asombrada, quise aprehenderlos al menos con mi cámara fotográfica. Más, ¡oh desilusión! Solamente podría retratarlos con el reflejo del "flash" y con ayuda de un andamio altísimo. Y como no me era factible en los pocos días de vacaciones que me restaban conseguir el permiso del cabildo catedralicio y el andamio apropiado, hube de quedarme defraudada sin llevarme nada entre las manos.

Pero mi sorpresa fue grande cuando al volver a Madrid y llegar al Rastro veo una tienda de antigüedades con su interior cuajado de angelitos barrocos, que estaban clavados en las paredes como si fueran mariposas. Naturalmente que me introduje en la tienda llena de avidez, y sin mirarlos detenidamente alcé mi brazo y dije:

-Quiero este y este...

De pronto, el temor de que mis caudales no dieran mucho de sí detuvo mi brazo y no seguí apuntando más. Mientras el anticuario subía a una escalera y descolgaba a las inocentes criaturas, comencé a pensar con horror en el precio de cada uno. Mirados de cerca, los angelitos tienen caras muy diferentes. No todos están en actitud beatífica, sino que han pasado a la acción; unos se llevan su mano a los ojos, otros desenrollan un pergamino, y los más de ellos se dedican a tocar instrumentos musicales. El anticuario me dijo:

-Esta pareja de niños vale mil doscientas pesetas. Son del siglo XVI y han venido de la provincia de Badajoz.

-Yo le daré novecientas pesetas, pues no tengo más dinero.

-No puede ser. Es que son muy simpáticos! Fíjese que están marcados en mil quinientas. En fin, por ser para usted, y si no tiene más dinero..., se los dejaré.

-¿De qué madera están hechos?

-A ver... Por este dedito que tiene roto puede apreciar la madera. Son de nogal. No; son de pino. De pino, sí.

Los adquirí inmediatamente con la intención de que revoloteasen por mi dormitorio, sobre la cabecera de mi lecho. Pero como aquellos "niños", según la calificación que los anticuarios les dan, no iban a haber salido del hospicio, pregunté al chamarilero por su procedencia.

-Vienen de los conventos, pues ya sabe usted los apuros que están pasando las monjitas de clausura, debido a que los pequeños capitales de sus dotes no rentan casi nada. ¡Los tiempos han variado mucho! Desde luego, para venderlos han de contar con al permiso del señor obispo, quien se apresura a darlo, pues es una manera de salvar su apremiante situación económica. Recordará usted la campaña que se hizo en Madrid el año pasado en favor de los conventos de clausura. En ella se pedían sugerencias del público para mejorar la condición de las monjas.

-¿Es que vienen ellas a vendérselos a ustedes?

-No. No es así. Somos nosotros quienes nos hemos abalanzado sobre los conventos pidiéndoles antigüedades. Algunas monjas han llegado a desprenderse de los angelitos con lágrimas en los ojos. En muchos conventos nos dicen: "¡Pero si no tenemos nada, lo que se dice nada!" Sin embargo, comienzan a sacarnos un objeto y otro y otro verdaderamente valiosos, aun cuando ellas lo ignoraban. Es que España ha sido muy rica. Recientemente un convento de Toledo vendió un Greco, pero el cuadro no llegó a salir de su sitio. El anticuario dio una señal de doscientas mil pesetas y se comprometió a pagar lo restante, hasta el millón, en el plazo de un año. Pero no pudo reunir esta cantidad, porque en sus anticipadas especulaciones nadie le dio lo que pedía. Así es que, en buena moral comercial, pasaba el cuadro a pertenecer a las monjas. Pero ellas, como bonísimas personas que son, devolvieron al comprador parte del dinero de la señal. Dárselo todo les hubiera sido imposible, pues habían hecho obras en el edificio.

Antes de marcharme dirijo mi vista a los diferentes objetos de la tienda y veo que hay una buena cantidad de imágenes: el Niño Jesús con un dedo de menos, un San Leandro manco y San Juanín con una túnica bordada que solamente cubre su desnudez hasta al ombligo. Hacen bien las monjas en desprenderse de tales santitos policromados, pues son imágenes de poco valor artístico, que si han producido emoción devota entre el público ingenuo de tiempos pasados, es mucho mejor sacarlos de las capillas y arrojar los a la vorágine del mundo para decorar vestíbulos y salones hogareños.

En cuanto a los "niños" barrocos hay tantos, que le pregunto al anticuario un poco escamada:

-¿No será que están falsificados?

-No, señorita. No merecería la pena llevarse tan arduo trabajo.

Cogí mis angelitos y, colocándolos con el mayor cuidado entre los brazos, me marché con la tierna carga a la estación del Metro. Y ya se sabe que, a la vuelta del Rastro, todo viandante que lleva las manos embarazadas por algo es observado descaradamente por la gente, que está deseosa de saber cuál es el tesoro que uno ha encontrado. Ciertamente yo había encontrado un tesoro en los angelitos, pues era precisamente el mayor capricho que en aquellos días tenía.


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PUEBLO 21/04/1953 - El domingo, en El Rastro (12): “El nervioso”, o sea Francisco Martín Messía, único castañuelero que hay en Madrid




TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

"El Nervioso", o sea Francisco Martín Messía, único castañuelero que hay en Madrid

 

EN España, el país de las castañuelas, es muy natural que existan artesanos dedicados a la confección de ellas. Pero lo que resulta paradójico es que no conozcamos los nombres de estos laboriosos individuos, ni sepamos dónde viven ni en qué forma verifican su trabajo.

Esta omisión viene siendo característica de todas las épocas. Pues sólo sabemos que se hacían castañuelas en Madrid, en la calle de Toledo, a fines del siglo XVIII. Y un siglo después nos dice Barbieri que el único palillero que había entonces en la Corte se llamaba Joaquín López, y vivía en la calle de Mesón de Paredes. Fuera de estas dos citas, la literatura y el periodismo enmudecen por completo.

Los hombres dedicados a este arte menor tan simpático han sido muy pocos. Pero ellos, precisamente por su poca frecuencia, nos resultan más interesantes. En la actualidad sólo contamos en España con media docena de profesionales de las castañuelas, ya que no cuentan en el folklore hispánico las dos fábricas de palillos existentes en la Península. Ni tampoco los carpinteros anónimos, que suelen hacer un par de castañuelas con el trozo de madera inservible que les sobró.

El único individuo que en Madrid está dedicado a los palillos se halla tan encerrado en su ambiente que pasa completamente inadvertido. Su existencia la notamos indirectamente por las castañuelas nuevecitas que vemos en el Rastro. Pero en las tiendas donde se venden los pequeños instrumentos de percusión es inútil preguntar por el castañuelero. Allí no saben dónde vive "El Nervioso", porque él mismo las visita periódicamente sin dar tiempo a que le llamen.

Por tal motivo, si quise encontrar a "El Nervioso", no tuve más remedio que montar la guardia en el Rastro durante la mañana del domingo. Avizorando las tiendas de antigüedades, esperé el momento en que el castañuelero se acercase a los escaparates para observar si había suficiente provisión de postizas. Aunque los proveedores de tiendas no trabajan en los domingos, sin embargo, quien por algún motivo se halle vinculado al Rastro, no puede pasarse los días festivos sin acudir a él. Más que una costumbre es ya un vicio, pues el Rastro atrae y embriaga a multitud de personas. "El Nervioso" tardó bastante en llegar, pero enseguida le conocí por la serie de movimientos irrefrenables que con su cabeza efectúa. Al punto le abordé y le pedí que me dejara ir a su taller, de castañuelas para ver cómo se hace el instrumento nacional de percusión.

Así es que aquella misma tarde del domingo me encontraba yo en el Puente de Vallecas buscando el número 7 de la calle de Callejo. Por fin dí con la calle buscada, que se encuentra junto a la vía del tren, y si aquello no es el confín de Madrid, lo parece, al menos. Seguidamente entré en la casa de "El Nervioso".

El taller de castañuelas es bien sencillo. No tiene más que un banco de carpintero, dos o tres herramientas, un montoncito de maderas y un baúl para guardar el género ya concluido. En realidad, no hace falta más, pues la calidad de los palillos depende por entero de las manos del artesano, del "punto" que se da al instrumento. "El Nervioso", o sea Francisco Martin Messía, tiene buenas manos.

-¿No es así, señor Francisco? -pregunto al maestro castañuelero.

-Eso creo yo, pues en mi vida hice otra cosa. Tengo cincuenta y seis años y desde chico es lo que vi. Mi padre era castañuelero, y mi abuelo, también. Yo estoy orgulloso de que mis palillos ganaran una medalla en la Exposición de Barcelona. De los cinco hijos que tengo, sólo uno ha salido con el oficio. Mi descendiente-discípulo vive en Sevilla y gana sus buenos cuartos.

-¿Pero si en Sevilla habrá cientos de castañueleros?...

-No los hay. Allí sólo está mi hijo Manuel. Y Esperanza, la hija del castañuelero "Ojos Negros", que Dios tenga en su gloria. Esa chica sólo trabaja un molde de palillos, y nosotros, en cambio, hacemos cuatro plantillas diferentes.

-La gente cree que todas las castañuelas son iguales.

-¡Quiá! Ni mucho menos. Mis modelos son éstos, mírelos. Este se llama de "pescuezo de botella", y es el que más gusta en Andalucía. Esta otra, de "oreja de paloma", que es la madrileña: corta de oreja y ancha de tripa. Ahora vea usté la más aplastada, la "hechura alemana", que se llama así porque el catalán que las introdujo aquí trajo el modelo de Alemania. ¡Ya ve usté qué cosa! Y esta otra, la más grande de todas, es la preferida por la parte del Norte. Los sonidos varían poco, pues lo importante es el "punto" y no la forma.

-¿Y cómo fue eso de que su hijo se estableciera en Sevilla?

-Es que yo voy todos los años allá. Emigro como las golondrinas, porque Sevilla me gusta mucho. De recién casados iba mi mujer conmigo; luego me llevaba a algún hijo. Y una niña allí se me murió. Me hospedo en Triana, y cuando llego voy a visitar a mis compadres, a los amigos y a los maestros de baile. La gente comienza entonces a decir: "Ha venío Martín de Madrí." Y me caen los encargos, porque yo, en Sevilla, estoy reconocío. Mi hijo Manuel estuvo colocado aquí de regador del Ayuntamiento; pero vio que las castañuelas proporcionaban mayores ingresos y daban más libertad de acción. La última vez que lo llevé a Sevilla se enamoró de una muchacha, se casó con ella y no quiso volver. Él tiene más ilusiones que yo, pues es joven y viaja para buscar madera.

-¿Me parece que está usted muy deprimido?

-¡Claro! ¡Si no puede ser otra cosa! La falta de madera me trae sin sosiego. Ni granadillo, ni guayacán, ni ébano. Con decirle que ayer me pidieron treinta duros por un kilo de ébano. Cuando tengo madera, me quedo en casa trabajando, y hasta velo, aunque haga mucho calor. Y digo lo del calor porque sabrá usté que el granadillo es muy delicao, y hay que cerrar puertas, ventanas y rendijas: la menor corriente de aire lo raja. Si velo, me hago seis pares de palillos al día. Pero ahora, ¡maldita sea! ¿Qué he de hacer?, pues vagar todo el día por el Rastro y entrar en la taberna de la calle de la Ruda pa animarme un poco con el mosto. Como no tengo compañeros de oficio, ni Sindicato, ni na, pues ando como un perro, con el rabo entre piernas.

---Sin embargo, las tiendas madrileñas están llenas de palillos. Nunca he visto tantos como ahora.

-¡Pero son igual que tejas! De fábrica, hechas con las peores maderas y parecen monstruos. Los turistas no entienden y los dueños de las tiendas tampoco. Sólo hay cuatro comercios que conocen el género. En cuanto a los clientes, los más exigentes son los sevillanos, aunque allá se pagan menos los palillos. Donde mayor precio alcanzan es en Barcelona. En Barcelona también he trabajao, pues fuimos allí evacuados cuando la guerra. En esta ciudad tengo a un hermano, profesional de las castañuelas, que es mu célebre, A mí me gustaría vender los palillos directamente al público. Pero soy mu corto, y además dirían los del Rastro: "Mira a Martín, que se ha metío a vendedor."

-¡Cuántos imponderables tiene este oficio! Pero, Martín, yo he venido a su casa para verlo trabajar.

El señor Francisco tomó entonces un pedazo de madera y modeló una castañuela delante de mí, tardando una hora en hacerla. Primeramente puso el patrón de cinc sobre la tabla y dibujó el contorno. Luego lo recortó con la sierra, y efectuó la concavidad interior con la gubia. Metió la pieza en el torno para que estuviese bien sujeta y la moldeó pacientemente con dos limas de diferente grosor. Hizo en el interior de la oreja el juego de bisagra, necesario para que encajara suavemente con la valva contraria. Con un taladrador verificó dos agujeritos para los cordones. Por último, con papel de lija dejó las superficies tan lisas como la palma de la mano. La otra media castañuela la hizo después. Y a medida que avanzó en su trabajo fue repiqueteando los palillos con objeto de probarlos y rectificar la afinación poco a poco.

Por fin, el señor Francisco levantó la castañuela hembra, cerrada, a la altura de mis ojos para que yo me fijara en el célebre "punto". Y vi cómo las dos valvas de madera se rozaban sólo en un lugar imperceptible situado en la mitad del borde inferior, por dentro. Después sometió a mi observación el juego de bisagra. Es decir, yo estuve durante unos segundos sorprendiendo el secreto de los palillos, metida en el quid donde reside la valía del pequeño instrumento. Como que casi llegué a palpar el principio de causalidad promotor del orgullo profesional de Martín. Y como punto final, "El Nervioso" sonó la castañuela con repiqueteos de triunfo, como si en aquel momento hubiera en su taller una orquesta interpretando la "Suite", de Albéniz.

Se me olvidaba decir que Martin, mientras estuvo haciendo su trabajo, no dejó de bajar la cabeza con fuerza a cada momento, pues en ese movimiento consiste su tic nervioso. Tan curioso me resultaba el contemplar a ese acompañamiento de diapasón, que llegué a pensar si el tal tic sería un caso de mimetismo, de identificación entrañable con el oficio: la cabeza de Martín se mueve igual que unas castañuelas, en el momento en que ellas dan un castañetazo seco. Pues aparte del mimetismo, sólo encuentro otras dos explicaciones verosímiles para este curioso fenómeno: que sea el duendecillo alegrador de las castañuelas quien hace cosquillas en el cogote de Martín, o que este hombre posea el maravilloso humorismo de hacer burla a los palillos remedando su manera de ser.

Cuando vayáis al Rastro, lectores míos, fijaos en todas las personas que pasan junto a vosotros. Entre ellas se hallará Martín, con su caja llena de palillos bajo el brazo y con una alegre castañuela por cabeza. No le dejéis pasar de largo sin observarle atentamente. Él es un tipo interesante: uno de esos seis castañueleros que únicamente hay en España.

 

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PUEBLO 05/05/1953 - La Caja de Ahorros infantil, de Alicante, primer establecimiento bancario que tienen los niños españoles.




TRANSCRIPCIÓN

LA CAJA DE AHORROS INFANTIL, DE ALICANTE, PRIMER ESTABLECIMIENTO BANCARIO QUE TIENEN LOS NIÑOS ESPAÑOLES

 

Numerosas instituciones tenemos en nuestro país dedicadas a la infancia. Toda una trayectoria, que va desde la obra asistencial puericultora hasta la protección al escolar superdotado. Pasando por las escuelas, las catequesis, las bibliotecas y los parques. No obstante esta variedad, el individuo que llega a Alicante se queda gratamente sorprendido ante el letrero que campea en un lujoso establecimiento, que dice así: "Caja de Ahorros Infantil."

La existencia de esta Caja de Ahorros Infantil nos dice que aquí, en Alicante, nos hallamos frente a una modalidad institucional nueva. Pues se trata de un local destinado exclusivamente a los niños. Y la novedad es trascendente porque, además del beneficio que reporta a nuestra riqueza, plantea varios temas de estudio a los que es necesario prestar atención.

No es que sean nuevas las Cajas de Ahorro Infantiles. Lo nuevo es el lujo de entregar un local a los pequeños clientes. Ciertamente que el Estado español viene propugnando el ahorro infantil, hasta el punto de que es obligatorio, desde 1911, la implantación de las Mutualidades Escolares. Sin embargo, no obstante el celo de la legislación estatal, varias veces reiterado, el ahorro infantil es muy lento: las Mutualidades Escolares no prosperan a pesar de que los maestros y los funcionarios que intervienen en ellas se desviven por impulsarlas.

Pero lo que no puede hacerse de ninguna manera es dejar escapar una aportación que beneficia al niño y a la nación. Por tanto, el agradecimiento a quien consiga canalizar una riqueza que se está perdiendo tontamente debe ser notorio. Si la filial de la Caja de Ahorros del Sureste de España logra atraer a un considerable número de pequeños clientes, es porque, debido a su limitación regional, tiene una mayor flexibilidad. Y también a que la gran potencia económica que detenta le proporciona la libertad de movimientos propia de quien es rico. Téngase en cuenta que, aun siendo una institución muy reciente, está custodiando un ahorro infantil de 12 millones de pesetas.

 

EN EL INTERIOR DEL ESTABLECIMIENTO INFANTIL

Ni que decir tiene que a todas las horas del día se estaciona el público ante los escaparates de la Caja de Ahorros Infantil. Grandes y pequeños miran atentamente al interior de las vitrinas. Los chicos, a la profusión de juguetes que se exhiben para premio de los más constantes. Las personas mayores, para admirarse de que la institución alicantina consiga lo verdaderamente difícil: que sus hijos prescindan de golosinas y de chucherías con objeto de formar un pequeño caudal que, sobre toda otra consideración, tiene la virtud de educar la voluntad del pequeño impositor.

Ya desde el umbral de la casa se consigue la atracción del niño con simpatía. Porque allí hay una composición alusiva, hecha al estilo de las fallas valencianas, con una gran hucha rodeada de chicos buenos y malos, guapos y feos, y de hormigas y cigarras, sellos y monedas. Al transponer la puerta del establecimiento, un Niño Jesús, en hornacina bien al alcance de las miradas, hace una llamada a la fe de los clientes. Y un bajorrelieve escultórico consigue educar un poco el sentimiento estético de los visitantes. El patio de operaciones, cosa inaudita, no es para personas mayores. Los mostradores y las ventanillas son bajas; la caja fuerte, pequeñita, y las fórmulas administrativas facilísimas.

Las imposiciones se verifican principalmente en los lunes, debido a que los chicos ahorran los domingos algunas monedas. El contemplar la afluencia de pequeños clientes a los mostradores es un espectáculo que brindamos a los pesimistas. Niños y niñas de todas las edades se acercan a vaciar sus huchas y aprietan con sus manitas la correspondiente cartilla, dándose perfecta cuenta de que ese cuaderno tiene valor. Otros siguen con su mirada las anotaciones que las funcionarias van trazando sobre los impresos. Y algunos deletrean la dedicatoria de la cartilla, que habla cariñosamente: "Querido estudiante." "Simpático pequeñuelo.".

Es decir, que la aridez propia de las cifras y del local donde se cobijan se ha convertido en algo muy sugestivo. Y el hecho es más trascendente por vivir en unos tiempos donde todo parece conspirar contra el niño, quien no cabe en ninguna parte. Ni en los pisos tan pequeños, ni en las ciudades aprovechadas solamente para el tráfico, ni en los presupuestos familiares.

 

LA JUNTA DE GOBIERNO INFANTIL

Además, la Caja de Ahorros Infantil tiene una Junta de Gobierno, compuesta por nueve muchachos, cuyas edades oscilan entre los nueve y los trece años. Esta Junta tan juvenil se reúne semanalmente, y tiene su misión de conocer la manera del ahorro que efectúan los chicos alicantinos, el movimiento económico que las escuelas proporcionan a la Caja y el proponer a los alumnos más sobresalientes de la ciudad para que sean premiados por su aplicación.

He aquí, pues, llevadas a la práctica, las teorías preparatorias de la convivencia social, que tan necesarias son a nuestra idiosincrasia individualista: los escolares deben ponerse en contacto con la sociedad para conocer sus problemas. Que la Caja de Ahorros del Sudeste de España persigue con estas actividades fines económicos, está fuera de toda duda. Pero ¿es que puede fomentarse la cultura y el bienestar sin una base crematística? No debe olvidarse que esta institución es benéfica. Que sus beneficios son empleados en obras culturales, en viviendas económicas, en protección al necesitado y en bibliotecas públicas.

El presidente de la Junta de Gobierno infantil es el muchacho de doce años Román Bono Guardiola. En él se da la circunstancia de ser hijo del presidente del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros del Sureste. Esta condición ha sido elegida a propósito, pues con ello se consigue una finalidad educacional bien necesaria. Es lógico suponer que, con el tiempo, el joven Román Bono entre en la citada institución para trabajar en ella. Por tal motivo, formar parte de la Junta de Gobierno infantil es lo mismo que estar asistiendo a una escuela profesional. Y a todas horas estamos clamando por las escuelas profesionales. Con ello estamos, además, dentro de la propuesta española de la educación del selecto. Del individuo llamado a desempeñar las tareas más elevadas y las responsabilidades más serias.

Por otra parte, la Caja Infantil está verificando una experiencia muy alentadora. La Junta de Gobierno reúne a muchachos pertenecientes a las distintas clases sociales. Y el intercambio de sentimientos, la amistad que se adquiere y el compañerismo que se está fraguando redundará en ventajas para todos: en acercamiento de los de arriba y de los de abajo.

Pero oigamos el parloteo de los chicos después que la Junta de Gobierno infantil terminó sus tareas:

José Onofre: "Estaba en la cama, enfermo. Pero me llegó un oficio dirigido a mi nombre, y me levanté para venir a la Junta."

José Climent: "Cuando cumpla veinte años seré hombre de provecho. Pues tendré diez mil pesetas para montar un taller de electricista."

Vicente Aracil: "Yo tenía doscientas pesetas ahorradas, pero necesité sacar treinta duros y me he quedado bastante pobre."

José López: "En mi escuela se prefieren los sellos de ahorro a la hucha. Es más divertido comprar los sellos y pegarlos en las hojas que echar las pesetas en una caja."

Juan Más: "Para ser vocal de la Junta mi profesor nos propuso a tres chicos, a los primeros de la clase. Pero el director del colegio me eligió a mí. Los otros dos son listos, pero dejarían mal al colegio porque hacen muchas diabluras."

Antonio Lledó: "Yo soy el alumno más importante. ¡Todos los chicos me miran cuando salgo del grupo escolar para dirigirme a la Caja de Ahorros! Y cuando vuelvo, me preguntan: "¿Es bonito el despacho que tenéis?" "¿Habéis contado mucho dinero?" Ellos no tienen ni idea de lo que es esto."

Con las frases anteriores los muchachos han expresado su entusiasmo. Todo un mundo de intereses infantiles está contenido en ellas. Los nueve adolescentes de la Junta de Gobierno son los mejores de cada escuela alicantina, y tan abiertos tienen los ojos, que captan con avidez las nuevas situaciones sociales que la Caja de Ahorros Infantil les está proporcionando.

Mercedes DÍAZ JIMÉNEZ

 

Pie de foto: La Junta de gobierno de la Caja de Ahorros Infantil, cuyo presidente, el tercero de la izquierda, es el joven Román Bono Guardiola. (Foto Sánchez.)


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PUEBLO 07/05/1953 - El domingo, en El Rastro (13): El “Melenas”




TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

EL MELENAS

 

Todos los días, indefectiblemente, "el Melenas" llega al Rastro a la una de la tarde. Se detiene en los distintos puestos donde se venden chisqueros y fornituras para encendedores y examina las novedades del momento. A veces compra un tornillo, a veces dos, a veces ninguno. Luego marcha cuesta abajo, por la calle de Carlos Arniches, y se introduce en las callejuelas adyacentes.

La clase de tipo que es "el Melenas" solamente puede tener por fondo al Rastro y a sus aledaños. Es un hombre desagradable, bajo, cojo y bizco. Además está corcovado a causa del esfuerzo que sus manos verifican sobre los bastones que le ayudan a caminar. Sin embargo, todas estas señas personales tan desmedradas, se hallan dentro de lo frecuente, pues hay muchos individuos cojos, bizcos y corcovados. Pero lo que singulariza grotescamente a este producto de la naturaleza es su larga melena, que flota en el viento cuando anda. Melena sucia, canosa y ondulada que pone en su cuerpo la tragedia. Porque la fealdad innata se hace más visible con tan llamativas greñas.

"El Melenas" lleva nombre de persona como cualquier hijo de vecino: se llama Laureano Pérez y tiene cuarenta y ocho años. Si Laureano aparece en el Rastro a la una de la tarde y no antes, es porque la noche anterior se acostó a las cinco de la mañana. A tal hora dejó las churrerías de Lavapiés y, trac, trac, trac, con el acompañamiento de sus bastones, sonando en las losas de la vía desierta, llegó al número 12 de la calle del Mediodía Grande. A su domicilio habitual, en la hospedería más barata de Madrid: a dos pesetas la cama. Hospedería que no hay que confundir con aquella famosa posada de mendigos, donde el durmiente apoyaba su cabeza sobre una cuerda bien tensa. Aquí cada uno de los ochenta y cinco huéspedes tiene cama individual. Los mozos de cuerda, los mendigos y la gente de mal vivir duermen en habitaciones colectivas con perfecta línea horizontal.

En la madrugada llegó "el Melenas" a su catre, cayó en él y pasó seguidamente a roncar. Mas pronto llegaron las ocho de la mañana y con ellas el levantamiento obligatorio. Aunque Laureano fue zarandeado convenientemente, no se movió. Pues la Dirección tolera al "Melenas" una ración extraordinaria de cama, debido a su veteranía en la casa. Luego, cuando llegaron dos viejas de aquelarre a limpiar el dormitorio, de nada sirvió que descorrieran el catre de Laureano, y de nada sirvió que le echaran encima nubes de polvo antihigiénico. "El Melenas", como cualquier potentado caprichoso, jamás se levanta del lecho hasta que el sol ha llegado a su cenit.

Dio la casualidad de que "el Melenas” y yo coincidiéramos el domingo en un puesto del Rastro. Como la aproximación que el público efectúa ante un tenderete induce a la conversación, pude hablar fácilmente con "el Melenas". Y le pedí que me mostrase sus pensamientos íntimos. "El Melenas" se negó a que yo le acompañase a su taberna habitual, alegando que no estaba lo suficientemente curioso para ir con una dama. Efectivamente, sus pantalones de tela de soldado semejaban dos mangas de riego, por los surcos imborrables que tenían marcados y por la fuerte consistencia que el tejido adquirió a causa de la mucha mugre. Pero, en definitiva, llegamos juntos a la taberna, y el dueño tuvo la precaución de colocarnos lejos de las miradas del público. Pues en aquel momento nos estábamos pareciendo extraordinariamente a Quasimodo y Esmeralda, los personajes que Victor Hugo puso en "Notre-Dame de Paris". Yo le dije a Laureano Pérez:

-Me han dicho que vende usted específicos contra la calvicie. Y que en el Rastro expone usted al público su hermosa melena como muestra convincente.

-¡Yo no hago eso! -contestó lleno de indignación-. Mi pelo no lo rebajo hasta ese punto. ¡Si lo llevo largo es porque hice una promesa! Y mire usted, promesas hay muchas, pero como ésta de mala ninguna. ¡Bien sé lo que cuesta llevarla encima!

-Sin duda ha recibido usted un gran beneficio del cielo. ¿Quiere decirme cuál fue la causa que motivó tal promesa, y a qué santo fue hecha?

-¡Es una penitencia que yo me impongo a mí mismo!

-Pues habrá sido muy grande el pecado que usted está purgando.

-Llevaré la melena toda la vida porque me interrumpieron la promesa. Había prometido sólo cuatro años, pero caí enfermo, me llevaron al Hospital y allí me la raparon sin pedirme permiso. ¡Cuesta mucho trabajo llevarla! Los chicos huyen de mí asustados, y en la taberna donde yo era limpiabotas comenzaron a cerrarme las puertas. Hace treinta años que ando por esta barriada y todos me aprecian mucho, pero, claro, mi pelo les retrae. En Casa Flores me daban cincuenta duros de sueldo por limpiar los zapatos. Condición previa, que me cortase la melena. El dueño de La Murciana me dijo: "Pérez, aquí no entres si no vienes arreglado." Entonces me fui a las duchas, el barbero me afeitó, me lavó el pelo y me puse un traje nuevo. Pero el murciano no quiso apreciar mi limpieza. ¡Quería que me cortase la melena! Si lo hacía, me dejaba volver de "limpia", vendería el tabaco y me daba de comer sin cobrarme nada.

-Aceptaría usted en seguida...

-¡Pues no me la corto aunque se empeñen! ¡Basta que anden detrás de mi melena para que yo la conserve! Otro de los que la tienen tomada con mi pelo es el guardia que hace la ronda nocturna en Lavapiés. Hace pocos días iba yo para mi casa en la madrugada, y el guardia me echa el alto. Me pregunta: "¿Adónde vas?" Dije yo: "Pues a casa." Y va y me registra; luego dijo: "¡Que no te vuelva yo a ver así! Mañana vienes pelao!" Y le dije yo: "¿Por qué se mete usted conmigo, si yo soy un hombre decente y honrao? ¡Se meta usted con la gente maleante de ahí abajo, que yo soy un ciudadano patriótico y normal!"

-Óigame, Laureano: ¿si una mujer se enamora de usted y le pide que se corte el pelo?

-Esa mujer no pedirá que me corte el pelo. Si se enamora de mí es que la he gustado tal cual soy. No sería la primera vez que una mujer me quiere. Entonces tenía yo el pelo cortao al cero cuando viví con la Pili por cuatro años. Y yo trabajaba porque tenía voluntad. Íbamos a casarnos y todo, porque el señor conde de Casal tenia gusto en ello y nos mandó a su secretaria para arreglarnos los papeles. Con los míos no hubo dificultad, porque soy madrileño. Pero la Pili es asturiana, y por más que escribió a varios pueblos, en ninguno la conocían. Es que ella, ¿sabe usted?, es analfabeta. En ese medio tiempo surgió la discusión entre los dos y nos separamos.

-¿Qué le parece la vida?

-Que es el sino de la persona. Yo fui bien educao en los frailes. Estudié taquigrafía con el método Caballero, y francés con el método Rivera. ¡Y ya ve usté lo que soy! Aunque la vida también tiene cosas buenas.

[TEXTO INCOMPLETO]:

Yo tenía p (…) calle de Lope de Vega, (…) dejó mi madre. Un día l (…) en trece mil pesetas al jefe (…) tramoya del teatro Español (…) dinero en el Banco, en c (…) corriente, y, ¡amigo!, cogía (…) que, echaba una firma y (…) gao. ¡Eso sí que es bueno (…) trece mil pesetas sólo me (…) tres meses. Para celebrar (…) entrega cogí a dos mujeres (…) vendían tabaco en la calle de (…) Encomienda, la una chepa y (…) larga y vieja, y del brazo (…) las tabernas. Bailábamos (…) mos zapatetas. Al final, (…) querían venirse conmigo (…) cuenta corriente, ¿sabe? (…) fue cuando eché la última (…) ¡El sino de la persona! P (…) que más dinero tuve. Per (…) que fueron aquéllos mis (…) felices, no.

 

-¿Tiene ahora lo suficiente para vivir?

-¡Quía! A veces no c (…) aguanto, y a nadie le pi (…) La culpa la tengo yo, por (…) tener voluntad. Me encuentro (…) los amigos, con la gente (…) con las chicas que alter (…) que son las que mandan (…) tabernas. Bebemos y ca (…) cuando yo me quedo sin (…) da, mis amigos me coge (…) que llevo en los bolsillos (…) natural! Un día una mujer (…) tó trescientas pesetas.

 

-¿Nunca trabaja?

-Me gusta ganar un (…). Mire: uno, dos, tres, cuatro (…) ocho encendedores llevo (…) dos los bolsillos. Los c (…) en el Rastro, los arreglo y l (…) Además hay pintores que (…) llamao para su estudio; (…) quiero ir porque yo no (…) con mi persona. Sé cantar (…) la y tengo estudio hecho (…) tro: yo fui ayudante de (…) la cla de los teatros líricos (…) venga usted el domingo al (…) de mus que tenemos en (…) taberna y me oirá cantar (…) copas del concurso las p (…) nar yo, pues juego muy (…) luego las llevaré a la casa (…) empeño.

 

-¿Tiene alguna clase (…) proyectos?

 

-¡Si tuviera voluntad (…) vida golfa! Estoy en pos (…) derecho de limpiabotas, y (…) tener una plaza fija en A (…) pero nunca llego a reunir (…) necesario. Ciento diez p (…) permiso del Ayuntamiento (…) chapa, veinticinco cincuenta (…) sindicato y treinta duros (…) aunque lo compre a plazo (…) llego a reunir el dinero. (…) tuviera voluntad...!

 

Después de oírle hablar (…) comprendí que "el Melenas” (…) Sansón, tiene su fuerza (…) Laureano Pérez es inteligente (…) sabe que a nadie puede (…) su desmedrada persona. Y (…) mente de esta insignifican (…) la razón de su melena, p (…) que lleva el pelo largo (…) mundo se fija en él. Las (…) interesadas en cortarle el (…) le hacen un gran favor. (…) nistran la lucha por la (…) ilusión de defender algo (…) el cojo, bizco y corcovado (…) cillo seguirá marchando (…) Rastro con su gran melena (…) tando al viento. Ella le proporciona un agradable complejo de superioridad.


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PUEBLO 04/06/1953 - El domingo, en El Rastro (14): Natalia, la coja




TRANSCRIPCIÓN

EL DOMINGO, EN EL RASTRO

Por Mercedes DÍAZ-JIMÉNEZ

NATALIA, LA COJA

 

Natalia la Coja es una mujer, llena de personalidad. Tanto que a su marido nadie le conoce por el nombre de Juan Antonio Moreno, sino por el apodo de "Juanito, el de la Coja".

Si Natalia tuviera las dos piernas cabales, sería una mujer físicamente insignificante. Pues su cojera es lo que mayormente la distingue de sus congéneres de oficio. Por eso, en el Rastro, en medio del barullo de traperos, de gitanos, de mirones y de vagos, que durante todo el día se concentran en la plaza del General Vara de Rey, a quien primeramente se distingue es a Natalia. Mejor dicho: a sus botas color marrón, a sus torpes movimientos de cojitranca y a su bolso de cuero, que siempre lleva colgado del brazo.

Lo que dentro de su bolso lleve Natalia, no es fácil adivinarlo. Y por esta misma dificultad tiene mucho atractivo para los policías de la Comisaría de la Arganzuela, porque se lo abren de cuando en cuando. Siempre que se sienten atacados de repentina curiosidad. Y sabido es el motor principal que suele impulsar a los representantes de la Ley.

Natalia la Coja es una institución importante para las gentes que acuden a la Ribera de Curtidores con cierta clase de negocios. Porque el Rastro da de comer a mucha gente. Afirmación que hacemos, claro está, sin hacer distinción entre las personas que comen pan de procedencia honesta y aquellas otras que lo sacan de combinaciones poco limpias. La importancia de Natalia nace del engranaje social de la vida. Pues aunque se opere en los bajos fondos, siempre suele encontrarse un escalón propicio que le eleve a uno sobre otros seres más inferiores todavía. Si no fuera por el grupo de traperos desaprensivos que capitanea esta mujer, como "el Aranjuez", "el Quiqui", el Valentín Sardoni, "el Máquinas", y "Juanito", ¿qué sería de los individuos que roban todo aquello que se les pone por delante? ¿Y qué de las sirvientas que hurtan prendas a sus señoras? ¿Y qué de las "mecheras", las individuas que roban en los comercios fingiéndose clientas? ¿Y qué de los empleados ladrones que llegan al Rastro con objetos extraídos de sus centros de trabajo?

Natalia es quien ayuda a esas gentes a deshacerse rápidamente del cuerpo del delito antes de que la alarma llegue hasta la Policía. Caer la prenda ignominiosa en el Rastro y salir en el tren de Galicia para ser vendida allá lejos es todo uno. La red de transportes urgentes, de los traperos escabullidores, se halla perfectamente organizada. Y, por si fuera poco el favor que Natalia hace a los amigos de lo ajeno, les entrega además unas cuantas pesetas: una proporción equitativa al riesgo que corre. Pues si el valor de lo pignorado asciende a mil duros, por ejemplo, la Coja entrega ochocientas pesetas por la transacción.

Pero justo es reconocer que Natalia, ahora, ha dejado de ser un pozo para los secretos profesionales. Y si ya no se dedica a la compra de objetos robados, es porque de sabios es reconocer el error. Hay que tener en cuenta que, en el momento en que esta famosa "perista" llegó a conocer el error, se produjo en el Rastro un hecho bien extraño. Pues la persona que elige una profesión se va perfeccionando en ella, se introduce a fondo en el asunto y llega a doctorarse en la materia de que trata. Que Natalia se hallase en regresión sobre los bajos fondos, que de repente diera marcha atrás, era debido, sin duda, a poderosos motivos. Por eso la cronista del Rastro tenía la obligación de enterarse de lo ocurrido en los abismos psicológicos de esta mujer representativa de las de su clase. Seguidamente llegué a la plaza del General Vara de Rey y busqué a la trapera. Sin embargo, a la trapera no la encontré.

Que Natalia no estuviera allí, presidiendo a la pícara fauna que se congrega en la más típica plaza del distrito de la Arganzuela, era cosa inaudita. ¿Es que se la había llevado la Policía a dar una vuelta por la Comisaría? La suposición no era verosímil, pues la noticia de tales incidentes barométricos suele recorrer a la comunidad rastrística con velocidad eléctrica. Y la comunidad rastrística, la idónea, no sabía nada. Por tanto, no me quedaba más remedio que ir a buscar a Natalia a su domicilio. Su casa está situada en la calle de la Encomienda. Se trata de un edificio de los reconstruidos recientemente. Como que entre la vetustez reinante de esta calle castiza del barrio de Lavapiés, la casa de la trapera aparece como de nuevo rico. Y tan moderna es, que tiene realquilados. Y además está bajo la amenaza del casero, quien ha puesto pleito a Natalia sobre si tiene o no derecho a ocupar el piso sin contrato expreso.

Pronto me enteré de que Natalia dejó de acudir al Rastro porque se hallaba inutilizada: yacía tendida en su cama. En cuanto oyó que la buscaban, ordenó desde su cuarto que me dejasen pasar, creyendo que el Rastro se había trasladado a su habitación por ir yo a ofrecerle alguna clase de mercancía. Pero no quedó decepcionada cuando la convencí de que mis intenciones eran sólo periodísticas. Sonrió complacida, y exclamó:

-¡Usted viene enviada por "El Caso"!

-¿Es que ha ocurrido algún crimen -la contesté- para esperar la visita de tan sangriento semanario?

-¿Le parece poco acontecimiento que me hayan roto mi pierna sana?

-¿Y qué le ocurrió a su marido?

Pues que tuvo la mala suerte de comprar alhajas a unos menores de dieciocho años que las venían extrayendo de una joyería. Nos metieron a los dos en la cárcel. A él en Carabanchel y a mí en Ventas. Pero a mí la cárcel no me asusta, pues aquello está bien y es más difícil ganarse las judías en la calle. Me pusieron de mandanta para cuidar de las más jóvenes: que se levantasen a la hora y que estuvieran en formación cuando llegaba la directora. Todas las jóvenes eran criadas de servicio, que estaban "allí" por haber robado a sus amas. Pero no puedo consentir lo de la cárcel. ¡Por mi hijo! ¡Que es muy decente! Infórmese, infórmese usted en el Rastro y verá. Está trabajando honradamente, es muy religioso y no puede ser que sus padres estén en la cárcel.

-Un noble motivo para que usted cambie de vida.

-Él es quien nos va a retirar. Tengo yo un terreno en Tetuán que lo estoy conservando a toda costa. Lo venderé para que mi hijo se establezca. Que ponga una, taberna, y yo le ayudaré a fregar.

-¿Qué hace ahora su marido?

-Pues yo le digo: "¡Juanito, no compres nada! ¡Mira que la Policía no nos deja vivir! Juanito, que ahora es peor, que eres reincidente. Que estás delicao del estómago. Juanito, que en estos tiempos no hay seriedad, que los ladrones se chivan. ¡Que hoy aprietan mucho los jueces!"

-¿Y cómo empezaron a dedicarse a eso?

-Pues cosas de la guerra. Mi marido era tratante en ganao, pero la C. N. T. le quitó doce mulas. ¿Y dónde va a ir a parar un negociante desocupao? Pues al Rastro. Allí, mirando, vimos que se ganaba dinero. Y dijimos: "¿Para qué vamos a estar llorando por las mulas que nos han quitao? Pues vamos a hacer lo que hacen los demás."

-¿Es difícil aprender a ser "perista"?

-Al principio le engañan a uno. Fíjese: mi marido compró una sortija en mil pesetas y la vendió en mil. Pues luego resultó que valía cuatro veces más. Yo un día compré una cortina a una mujer, y tonta de mí, la hago un recibo. Como resultó que era robada, pues me buscaron a mí. Con esos engaños te espabilas. Pero ahora el oficio está bastante mal. Porque la gente ha perdido la vergüenza y prescinde de nosotros. Los mismos que roban se ponen a vender lo robao. Además, como se ha quitao el estraperlo, pues los que antes mataban el hambre con la venta del pan tienen que dedicarse a otra cosa.

-¿A usted no le atrajo el estraperlo?

-¿Pero usted cree que yo voy a comerciar con comida? ¡Eso no es para mí! De la escasez de comida no debe uno aprovecharse.

-Tengo entendido que su presencia en la plaza del General Vara de Rey no es grata para los comerciantes que allí están establecidos. Van a pedir que la supriman a usted.

-¿A quién? ¿A mí? Si a mí me echan, y a mi marido, pongo las cartas boca arriba. Pues hay algunas tiendas que han hecho de todo. Como que mi marido y yo nos hacemos cruces, pues están millonarios.

 

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PUEBLO 11/06/1953 - Réplica de los comerciantes de la plaza Vara de Rey



TRANSCRIPCIÓN

CARTAS AL DIRECTOR

NATALIA, "LA COJA"

Réplica de los comerciantes de la plaza Vara de Rey

Madrid, 5 de junio de 1953.

Señor director del diario PUEBLO. Madrid.

 

Muy señor nuestro: En el periódico de su digna dirección de ayer jueves, día 4, se ha publicado un artículo de los de la serie «El domingo en el Rastro», firmado por Mercedes Díaz-Jiménez y con el título de “Natalia, la coja”, que por creer debemos refutar algunos de sus párrafos, es por lo que nos dirigimos a usted, acogiéndonos al reciente decreto de rectificación en la Prensa, con el ruego de que dé cumplida réplica a ciertas afirmaciones que en dicho artículo se vierten.

En primer lugar, y dejando a un lado la reseña periodística de las actividades nada elogiosas de la tal Natalia, nos interesa hacer constar que los comerciantes, en general, del Rastro, y más concretamente los de la plaza del General Vara de Rey, que es donde esta individua tiene su cuartel general, en repetidas ocasiones, y por muy distintos medios (Prensa, instancia al jefe superior de Policía y hace unos días en el coloquio sobre el Rastro en la Escuela de Periodismo), nos hemos ocupado ampliamente de esta invasión del Rastro por la gente del hampa que en ningún momento aprobamos ni deseamos y, por lo tanto, hemos pedido, y ahora lo hacemos de nuevo de la forma más enérgica, se suprima el espectáculo, bochornoso para todos, de tener que soportar y consentir que la mencionada plaza del General Vara de Rey sea escenario de toda suerte de hechos perpetrados a plena luz del día y a la vista, ya que dichos sujetos están todos fichados como peristas, vagos y maleantes.

Pero donde nuestra paciencia llega al límite es al leer los dos últimos párrafos del mencionado artículo que, para mejor comprensión de la réplica, voy a transcribir literalmente: «Tengo entendido que su presencia en la plaza del General Vara de Rey no es grata para los comerciantes que allí están establecidos. Van a pedir que la supriman a usted. «¿A quién? ¿A mí? Si a mí me echan y a mi marido, pongo tas cartas boca arriba. Pues hay algunas tiendas que han hecho de todo. Como que mi marido y yo nos hacemos cruces, pues están millonarios.»

Como es lógico, no vamos a entrar aquí en diálogo con una señora; pero, en cambio, emplazamos a la señorita Mercedes Díaz-Jiménez para que dé satisfacción al buen nombre ofendido con este motivo de todos los industriales de dicha plaza, y a este respecto hacemos constar públicamente lo que sigue:

Primero. Que los comerciantes establecidos en dicha plaza no hemos tenido en ninguna ocasión contactos con sujetos de tan repugnante condición.

Segundo. Que pueden ponerse en todo momento las cartas boca arriba, pues todos los industriales somos personas de absoluta y probada honorabilidad, tanto comercial como política, y, por lo tanto, no estamos dispuestos a soportar se nos insulte públicamente.

Tercero. Exigimos a la señorita periodista publique, si puede, los datos concretos de algún industrial que esté comprendido dentro de alguna de las afirmaciones que tan gratuitamente hace.

Le saludan atentamente, Galerías Cascorro, S. L.; Juan Deza; Vicente García; Miguel González; Patricio Martínez; Firma ilegible; Francisco Gutiérrez; Jesús González; José Luis Alonso; Florencio N. Cortés; Salvador Valdivia; Pérez y Hernández; Antonio Solís y M. Álvarez."

N. de la R.- El artículo a que se refiere esta carta es el reportaje que, con el título "Natalia, la coja", fue publicado en nuestro número del jueves 4 de los corrientes, con la firma de su autora, Mercedes Díaz-Jiménez, a la que invitamos a responder de la veracidad de sus afirmaciones. 


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PUEBLO 20/06/1953 - Contestación a los anticuarios de la plaza del general Vara de Rey



TRANSCRIPCIÓN

Contestación a los anticuarios de la plaza del general Vara de Rey

Por Mercedes Díaz-Jiménez

 

Antes de que yo comenzara mi campaña periodística en favor del Rastro, mucho se había escrito sobre tan típico lugar madrileño. Pero todos los escritos anteriores a los míos fueron hechos de una manera subjetiva, donde el tratadista exponía la serie de consideraciones que el lugar y los personajes sugerían a su imaginación, sin fijarse mucho en que correspondiesen a la realidad. De ahí resultó que el público ignorase cómo eran, exactamente, los vendedores, los traperos, los anticuarios y los maleantes. Precisamente, porque se desconocía ese documento humano tan interesante, es por lo que yo acometí la tarea de dar a conocer a los personajes rastrísticos. Tal y como ellos pensaban, tal y como ellos hablaban y tal y como ellos actuaban. La tarea que me propuse está conseguida, pues mi objetividad ha sido reconocida hasta por los lectores que pertenecen al Rastro. Por los propios protagonistas del acontecer que estoy reflejando.

En los reportajes que vengo publicando, bajo el epígrafe de "El domingo en el Rastro", va saliendo la variada gama de aspectos que la cuesta de Cascorro y sus aledaños presenta. En ellos hay elogios y censuras. Hay personas más importantes y las hay más humildes. Las hay honorables y las hay que bordean la ley. Ninguna individualidad puede faltar, porque entonces mi exposición perdería su realismo y reflejaría una sola faceta. Si las distintas clases de personas que tienen su vida en el Rastro se codean los unos con los otros a diario, justo es que también aparezcan mezclados en mis crónicas periodísticas. Todas son criaturas humanas, incluso los delincuentes, y todos presentan un interés sociológico. Existen, y por este hecho todos tienen derecho a pasar a la historia.

Por eso, una mujer tan característica de su profesión como es Natalia, "la Coja", no podía faltar en mi "Domingo en el Rastro", aun a pesar de que varios comerciantes de dicho lugar quisieron disuadirme de que yo la interrogara. Natalia ha salido retratada en un reportaje mío, porque ella forma parte del gran teatro del mundo, de la comedia humana, o de la abigarrada multitud que del Rastro vive. Reconozcamos que su entrada en la escena periodística no es tan desfavorable para su pobre humanidad caída. Porque ella comienza por acusarse de sus delitos y lucha, valientemente, por reformar su vida. Por eso, señores anticuarios de la plaza del General Vara de Rey, las crónicas ejemplares no son, precisamente, las que ustedes valoran. Es decir, aquellas que solamente están dedicadas a entonar elogios.

Efectivamente, yo interrogué a Natalia, "la Coja". Le pregunté, entre otras cosas, lo siguiente: Tengo entendido que su presencia en la plaza del General Vara de Rey no es grata para los comerciantes que allí están establecidos. Van a pedir que la supriman a usted. Ella me contestó: ¿A quién? ¿A mí? Si a mí me echan y a mi marido, pongo las cartas boca arriba. Pues hay algunas tiendas que han hecho de todo. Como que mi marido y yo nos hacemos cruces, pues están millonarios. Respuesta que fue publicada en mi veraz reportaje del día 4 del presente mes. No habría necesidad de advertir que esta afirmación hecha por Natalia sólo tiene un valor relativo. Y que la mayoría de mis lectores le ha dado su justa interpretación: la que se deriva de la psicología propia de la protagonista, cuyo ánimo está resentido contra aquellos compradores que viven felizmente por tener una profesión honorable.

Pero resulta que los anticuarios de la plaza del General Vara de Rey son muy susceptibles y, a pesar de tal evidencia, se han sentido atacados por mí. En carta enviada al director de PUEBLO me emplazan (sic) para que dé satisfacción al buen nombre ofendido, con este motivo, de todos los industriales de esta plaza. Creo que con mi anterior párrafo, en el que se habla del resentimiento de Natalia, "la Coja", doy la satisfacción que el buen nombre de los citados señores reclama.

Sin embargo, para mí, el asunto no termina en este punto. Porque los anticuarios añaden en su carta varios apartados, y dicen en el tercero de ellos lo siguiente: Exigimos a la señorita periodista publique, si puede, los datos concretos de algún industrial que esté comprendido dentro de alguna de las afirmaciones que tan gratuitamente hace. Por esta razón paso a informar a los señores exigidores sobre las fuentes de información que me han impulsado a recoger en mi reportaje la afirmación de Natalia. Que es, naturalmente, todo lo que puede exigírsele a una periodista, ya que el seguir la pista de las actividades de los comerciantes y el levantar actas notariales no es a mí a quien corresponde. Voy, pues, a lo de las fuentes, las cuales tienen más garantías que la información que Natalia me proporcionó:

Uno de mis reportajes, de los que todavía están sin publicar, se titula "El anticuario más joven del Rastro". Para hacerlo Interviuvé, como es natural, a un joven anticuario que tiene su tienda en la plaza del General Vara de Rey. Él se quejó de la ignominia, y del perjuicio, que para ellos representa el tener en su plaza "peristas", vagos y maleantes. Me habló de la instancia que los anticuarios habían presentado, conjuntamente, al jefe superior de Policía pidiendo que los tales tipos fueran retirados de allí. Y añadió que ninguna contestación habían tenido sobre lo solicitado en dicha instancia.

Es evidente que, para conocer bien el Rastro, es necesario verificar un estudio profundo de él. Por tanto, seguidamente me dirigí a la Comisaría del distrito de la Arganzuela, con objeto de pedir una información autorizada sobre los maleantes, y sobre la instancia presentada por los anticuarios. Pero tuve necesidad de pedir una previa autorización al jefe superior de Policía, en cuyo despacho me personé. Cuando de nuevo volví a la Comisaría de la Arganzuela, el comisario respondió a mis preguntas. Dijo que había informado la instancia de los anticuarios en sentido negativo, porque algunos de los firmantes estaban considerados como personas que habían comprado mercancías sin atender a su procedencia.

Otra fuente de información, procedente de distinto sector, es la siguiente: con motivo de publicarse en el diario "Madrid" un reportaje en el cual se hablaba de los "peristas" que estaban actuando en el Rastro, se sintieron atacados los susodichos anticuarios en forma semejante a la de hoy. Dirigieron un escrito al director del periódico "Madrid" y fueron a recabar la firma de todos los anticuarios. Pero varios de ellos se negaron a firmar. Y uno de ellos me dijo a mí, exactamente, que no refrendaba aquel escrito de protesta por considerar que el puritanismo ostentado por unos cuantos era completamente nuevo y que firmar la protesta equivalía a considerarse aludido y, por tanto, sospechoso.

Este es el ambiente que se respira en el Rastro. Y si yo lo proclamo hoy a los cuatro vientos, es debido al requerimiento que me hacen los anticuarios de la plaza del General Vara de Rey. Que los citados señores se valoren en comunidad denota que son bastante ingenuos. En cuanto al grupo de maleantes que a sus puertas se estacionan (asunto distinto a la presunta ofensa mía y que se halla fuera de lugar), hay que advertir que desaparecen por temporadas: siempre que ingresan en la cárcel por haber sido cogidos con las manos en la masa. Ellos cumplen la correspondiente condena, y cuando se hallan en paz con la ley, vuelven al Rastro. ¿Qué quieren los anticuarios? ¿Que el Estado mantenga a estos individuos recluyéndolos perpetuamente con el solo fin de que unos comerciantes realicen negocios más florecientes? ¿Es que nuestro dinero, el de los que somos contribuyentes, no debe emplearse en resolver otros asuntos más importantes de los que están planteados en nuestra Patria? Lo indicado en este caso es que los anticuarios doten a los individuos que les molestan con una pensión vitalicia que les permita vivir lejos de la plaza del General Vara de Rey.

Hay otro aspecto de la carta al que también quiero contestar. Me refiero al párrafo que dice así: Como es lógico, no vamos a entrar aquí en diálogo con una señora. La frase está dicha, claro está, en sentido peyorativo. Significa que estos hombres tan importantes no pueden dialogar con una mujer por eso de que las mujeres somos seres inferiores. Pero la lógica que ustedes invocan, señores anticuarios, queda bastante mal parada. Pues da la casualidad que ustedes acaban de entrar en diálogo conmigo: me han preguntado y yo les contesto.

Y ahora que hablamos de diálogos, en su escrito se echa de ver que están ustedes muy orgullosos de que el tema del Rastro haya sido llevado a la Escuela Oficial de Periodismo. Porque el coloquio sostenido allí les sirvió de propaganda, les dio mayor categoría y les proporcionó la ocasión de pedir tales y cuales cosas. Pues bien: observen que en la Escuela Oficial de Periodismo sostuvieron ustedes un diálogo, incluso con mujeres. Y por añadidura les diré que ese diálogo público que tanto les halaga se lo proporcioné yo a ustedes. Fue una mujer precisamente quien propuso al director general de Prensa el coloquio sobre el Rastro, y don Juan Aparicio me hizo el honor de aceptarlo. Formé la lista de los invitados e incluí en ella una nota biográfica de cada uno. ¿0 es que pensaban ustedes que en los medios intelectuales suceden las cosas por generación espontánea? Craso error: nadie se habría acordado de los anticuarios si una mujer no hubiera emprendido la campaña sobre el Rastro en PUEBLO. En el citado coloquio era yo quien tenía que haber pronunciado el discurso de presentación. Hoy me congratulo de no haber asistido al acto, pues me evito el tener que arrepentirme de haber elogiado a unos comerciantes que tan desenfocados se hallan.

Y una vez que los señores emplazadores han sido complacidos, es lástima que no me hagan más preguntas. Porque de los diálogos nace el progreso de las instituciones. El suscitar una polémica sobre el Rastro nos proporcionaría el mejor observatorio de estudio que existe sobre tan típico lugar madrileño. En cuanto a la profesión de comerciante, de cuyo buen nombre se muestran ustedes tan celosísimos, estoy deseando hablar. Para exponer la forma en que actúan sobre el cliente, con objeto de conseguir que compre hasta la mercancía más despreciable. Yo afirmo que, desde la terminación de nuestra guerra hasta ahora, la picaresca del vendedor ha ido desarrollándose poderosamente. Todo un tratado de psicología podría formarse alrededor de esta picaresca, donde no falta el ataque por sorpresa, el engaño, la falsificación (relojes Ingleses y cuadros de firma, por ejemplo) y la mentira más descarada. Y conste que hablo con conocimiento de causa, pues por ser mujer he comprado de todo: pan, carne, patatas y mercancías suntuarias. Hasta en los instrumentos de música también pretenden darle a uno gato por liebre, como si la música no tuviera voz elocuente en todo momento. ¡Estupendo tema de estudio este de la profesión de comerciante! 


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PUEBLO 23/06/1953 - Cuando las muchachas japonesas escribían cartas a los soldados de Franco




TRANSCRIPCIÓN

Cuando las muchachas japonesas escribían cartas a los soldados de FRANCO

 

En la primavera de 1938, el heroico emblema de la Legión apareció en la Prensa Japonesa; varios oficiales de nuestros tercios solicitaban madrinas de guerra del lejano y poético país de los crisantemos y el FujiYama. Por encima de los mares llegaron a nuestros campos de batalla las femeninas cartas japonesas; escritas graciosamente, con pincel, dibujadas con elegancia sobre los finos rollos de papel de seda. Cartas femeninas que iban leyéndose en nuestros campos de batalla, dulces y poéticas; cartas que hablan del lago de Biwa, del juego de las flores en los jarrones, de los kimonos primorosamente bordados... Cartas femeninas que anuncian el envío de "La Banda de los Mil Puntos", prodigioso talismán que libra de las balas a los héroes. Mercedes Díaz-Jiménez ha coleccionado cuidadosamente estas cartas japonesas, algunas de las cuales publicamos hoy en la página siguiente como homenaje a las muchachas japonesas y en honor de su príncipe heredero que hoy es huésped de honor de nuestra ciudad.


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PUEBLO 23/06/1953 - Las japonesas escribieron a los combatientes españoles de 1938



TRANSCRIPCIÓN

LAS JAPONESAS ESCRIBIERON A LOS COMBATIENTES ESPAÑOLES EN 1938

Cartas coleccionadas por MERCEDES DÍAZ-JIMÉNEZ

 

La llegada a España del príncipe Akihito, heredero del trono del Japón, ha sido acogida en España con gran simpatía. Con tal motivo, y para satisfacer la curiosidad que nuestros lectores sienten por conocer las costumbres de tan lejano país, vamos a presentar a ustedes una pequeña colección de cartas que están escritas por mujeres japonesas. Es ésta una correspondencia que tuvo lugar durante las jornadas emocionantes de nuestro Movimiento nacional.

Corría la primavera del año 1938. Las tropas nacionales luchaban valerosamente en todos los frentes de combate, y los soldados que sitiaban a Madrid estaban a punto de conquistar la capital de España. De este sector precisamente, donde la lucha es sorda y pesadísima debido a la forzosa Inmovilidad que impone el sitio, es de donde sale una misiva para el Japón en la cual se solicitan madrinas de guerra. La carta va firmada por los oficiales de la Legión, pertenecientes al segundo Tercio, séptima bandera, veintiocho compañía. Después de cruzar medio mundo, el mensaje llega a su destino y es reproducido en los periódicos japoneses. Las mujeres niponas que lo han leído se llenan de entusiasmo y prontamente responden a los combatientes españoles.

Por tal motivo, las líneas escritas por manos de mujer Japonesa que hoy reproducimos, convenientemente traducidas, son interesantísimas. Ellas nos hablan de las costumbres de tan lejano país, y, sobre todo, son páginas de Historia. Pues los hechos que en ellas se citan tuvieron realidad en un pretérito cercano. Téngase en cuenta que la Historia no la redactan solamente los cronistas oficiales y los cronistas particulares, sino que también se halla reflejada en los papeles íntimos. Y, por si todo esto fuera poco, podemos ver la interpretación que de la guerra hacen las mentes femeninas orientales; y el amor tan intenso que por las flores sienten las japonesas; y la solicitud con que cuidan a sus combatientes; y tantas otras cosas más.

Las cartas que vamos a ofrecer a ustedes son completamente inéditas. Y son conocidas por muy pocas personas. Todas ellas vinieron escritas en caracteres japoneses. Algunas fueron redactadas con pluma estilográfica. Otras, a la manera tradicional, es decir, dibujando los signos de la escritura con pincel. Cuando esto ocurre, el tamaño de la carta alcanza los dos metros de extensión y son documentos orientales de bellísima factura. Su papel fino, pero resistente, parece hecho con seda natural. Alguna vez aparecen los signos occidentales. Pero es para repetir solamente la firma y el lugar de residencia, no sea que la respuesta vaya a perderse en el largo camino que tiene que recorrer. Entremos, pues, por unos momentos en ese lejano país que se llama Japón, llevados de la mano por delicadas mujeres cuyos rostros parecen de porcelana:

 

Yokohama, 30 de marzo de 1938

A los heroicos soldados de España: Me permito dirigir estas líneas a los heroicos oficiales y soldados españoles que han tomado las armas a fin de castigar a los rojos y de salvar a España de sus garras.

Me alegro mucho de poder escribir a ustedes desde esta lejana tierra para confortarles.

¡Señores soldados del General Franco! ¡Les ruego que combatan con sus máximos esfuerzos y con gran patriotismo! Todo el pueblo japonés estamos impresionados profundamente por sus heroicas actividades desde agosto de 1936.

No se ha terminado la guerra ni en España ni en China y tenemos que hacer frente aún a muchas dificultades, que serán superadas a costa de cualquier sacrificio con espíritu de abnegación.

Sé que ustedes comprenden realmente la situación japonesa en el Extremo Oriente. Cuando venga la paz, les ruego venir al Japón y seamos aún mejores amigos.

Les ruego ocupar pronto Madrid, Barcelona y Alicante y aniquilar a los rojos, que son nuestro común enemigo.

Al terminar esta carta hago fervientes votos por la felicidad del General Franco, a quien respeto mucho, y a los señores oficiales y soldados a sus órdenes. Firmado: Señorita JUSHIKO KIKYO.

*          *           *

Tokio, 5 de abril de 1938.

A los capitanes y tenientes de la Legión: He visto en los periódicos que en una tierra muy distante a la nuestra luchan unos valientes guerreros que nos piden a nosotras, japonesas, unas palabras de consuelo. Si estas líneas mías pueden serviros de algún consuelo, con alegría os escribo. Yo he hecho estudios en varios colegios de Tokio, la capital de nuestro Imperio, y hace poco que he salido de un Colegio de Farmacéuticos.

Tengo veinte años y vivo con mis padres y hermanos, dando siempre gracias de haber nacido en el Japón y de ser tan feliz. Paso los días tranquilamente cosiendo mis kimonos y aprendiendo a poner las flores en los jarrones, que es una de las artes del Japón que toda joven tiene que aprender: esto es lo que compendia mi vida. Y esto es lo que generalmente hace toda joven japonesa; se lo escribo porque a ustedes, seguramente, les gustará saberlo. Ahora una de nuestras ocupaciones es la de enviar bolsas con algunos socorros y cosas necesarias a nuestros soldados japoneses: hace unos días hemos mandado muchas de todas partes. Aquí se llaman «imon bukuro» (bolsas de consuelo).

El Ejército de Franco trabaja y lucha por la paz y vosotros sois del innúmero de los valientes que exponéis vuestras vidas por tan hermosa causa. Estáis animados (los españoles), del mismo espíritu que nosotros, japoneses, por lo que desde ahora será estrechísima la unión que reine entre nuestros países.

En Tokio estamos ahora en el rigor del invierno. ¿Y en España? De vez en cuando veo en el cine escenas de la guerra de España.

Esas flores que os envío no son muy bonitas, pero os las mando de corazón: las disequé este verano pasado.

Anoche he oído por la radio una antigua melodía japonesa: mientras la escuchaba nacieron en mi pensamiento unos versos que os escribo:

"Por encima de los mares y de los montes

Del lejano país

Se oyen ruidos de guerra

Que llegan a los oídos de las jóvenes japonesas.

Estos renglones que nosotras escribimos,

¿Cuándo, cruzando los mares,

Llegarán a las manos de los valientes guerreros?

¿Cuándo serán leídos por ellos?”

Que sigáis con salud y muy valientes. Firmado: Señorita KAMADA JOMIE.

*          *           *

31 de marzo de 1938.

Señores oficiales: Soy japonesa, que vivo cerca del famoso lago de Biwa. Desde que era joven siempre he adorado a España, país de la poesía. Supongo que vuestra Patria será hermosísima.

La figura que llevan estas hojas de carta donde escribo es una bailarina japonesa. Comprendo perfectamente la ansiedad con que vosotros esperáis la llegada de cartas.

Como me quedé profundamente impresionada al saber que ustedes se hallan en la sagrada guerra anticomunista, pues les envío, juntamente con esta carta, una «Banda de Mil Puntos». Ruégoles que se la pongan ustedes en la cintura, debajo del uniforme, y ninguna bala llegará a su cuerpo en medio de los combates del frente.

Esta «Banda de Mil Puntos» he tardado mucho en hacerla. El largo lienzo blanco lo preparé yo; pero cada nudito de color de los bordados que lleva ha sido hecho por una diferente mujer, por mil mujeres. Yo salí a la calle con mi banda y paré a una señora que iba por la calle, diciéndola: «Ruego a usted que ponga aquí su bordado en esta Banda de Mil Puntos, que es para un soldado español». La entregué la aguja enhebrada, y ella bordó un punto. Luego la hice una reverencia, ella otra a mí, y cuando íbamos lejos, nos volvimos y nos hicimos muchas E reverencias. Y así durante mucho tiempo estuve por las calles, rogando a las japonesas que bordaran un punto. Hoy se la envío, al fin, y creo firmemente que si llevan la tela puesta quedarán protegidos contra todo mal.

Esta Banda lleva el espíritu sincero de mil japonesas, cuya alma estará siempre con ustedes. Les ruego llevarla siempre en el frente, en la seguridad de que les protegerá.

El General Franco es un gran héroe, y ruego a vosotros combatir por él y por la Patria. Al terminar esta carta hago votos por la salud de ustedes.-Señorita Isako Higuchi.

 

 

Pie de foto 1: Las mujeres Japonesas vistieron en todo tiempo estos deliciosos kimonos. ¡Qué poca fantasía!, dirán nuestras lectoras. No, amigas mías; la fantasía de la mujer japonesa es una fantasía poética; en enero, sus kimonos llevan primorosamente bordadas las flores del cerezo; en febrero, las del granado; en marzo, las del almendro...

Pie de foto 2: Este es el sobre que, "cruzando los mares, llegara a las manos de los valientes guerreros"; estos son los graciosos signos verticales que trazó la señorita Kamada Tomie

Pie de foto 3: Esta carta la escribió una damita Japonesa. Mojó el pincel en tinta china, sacó la lengüecilla como una colegiala y escribió con su mejor letra: "Por encima de los mares y de los montes del lejano país se oyen ruidos de guerra que llegan a los oídos de las jóvenes Japonesas."

 

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PUEBLO 30/06/1953 - Cuando los legionarios teníamos madrinas en Japón 



TRANSCRIPCIÓN

"CUANDO LOS LEGIONARIOS teníamos madrinas en Japón"

Cómo se nos ocurrió, desde las trincheras de la Cuesta de las Perdices, solicitar madrinas a Tokio"

 

¡Cuántos recuerdos me ha traído de pronto este magnífico reportaje que en su número del día 23 publicó el periódico PUEBLO, de Madrid, a propósito de la visita del príncipe Akihito a España!

Se refiere este reportaje a las cartas que las muchachas japonesas escribieron a unos oficiales de La Legión cuando España luchaba contra el comunismo en su propio suelo. Y PUEBLO reproduce nada menos que la carta que el teniente Jaime Miláns del Bosch y Ussía y yo escribimos a Japón solicitando madrinas de guerra, así como nuestras respectivas firmas.

 

HISTORIA DE AQUELLA CARTA

La historia de aquella carta tuvo su origen en las trincheras de la Cuesta de las Perdices, en el frente de Madrid, en diciembre de 1938. Nos hallábamos en aquel duro sector la séptima bandera de La Legión. No es que no hubiera “tomate" con frecuencia, pero para distraernos del ocio no teníamos otra cosa que leer y escribir cartas, así como hacer perrerías a los rojillos por las noches metiéndoles bombas en sus propios parapetos. Fue entonces cuando se me ocurrió a mí, puesto que había varios oficiales compañeros míos que tenían madrinas de guerra italianas, solicitarlas al Japón.

-Eres un loco. Ni siquiera llegará la carta -me replicaron cuando les expuse la idea.

Me unía una entrañable amistad con el teniente Jaime Miláns del Bosch y le convencí de que compartiéramos a medias las madrinas que pudiéramos conseguir del Japón.

-Vamos a decirles que si nuestra guerra termina antes que la suya, iremos a luchar también contra el comunismo en China -le dije-. Y lo haremos, ¿no crees? Juramentémonos.

-Bueno, falta que vivamos –me repuso, lacónico, Jaime, que ya había sido cuatro veces herido en nuestra campaña.

Escribimos la carta, dirigida a nuestro embajador en Tokio, con el ruego de que la publicara; mandamos hacer a máquina el sobre en la oficina de nuestra compañía, que estampó el sello que PUEBLO reproduce en su recuadro de primera plana y enviamos la misiva por avión.

Poco después nuestra bandera era relevada de aquella posición. Nos trasladaron al frente de Aragón e hicimos las campañas del Alfambra, la reconquista de Teruel -¡tierras por donde acaba de pasear triunfalmente el Caudillo que nos condujo a la Victoria!- y la ofensiva hacia el Mediterráneo.

 

LLEGAN LAS CARTAS Y LOS REGALOS CON EL EMBAJADOR DEL MANCHUKUO

A mí me cupo el honor de ser herido en la batalla del paso del Guadalope. Recuerdo que cuando me llevaban en camilla hacia el puesto de urgencia, Jaime Miláns del Bosch se me acercó, y al verme tan mal herido me animó con sus palabras:

-No te preocupes. No tienes nada. Volveremos a vernos en Japón, ya sabes.

Días después me amputaban la pierna derecha y no pude ya ni siquiera seguir la campaña en La Legión. ¡Adiós nuestra aventura japonesa!

Algunos meses más tarde, hallándome ya en el Hospital de Valdecilla, en Santander, recibí una carta de Jaime Miláns del Bosch anunciándome que, con un enlace, me enviaba un gran paquete de regalos procedentes del Japón.

En efecto, a través del nuevo embajador del Manchukuo en España, desde la Embajada española en Tokio se nos enviaba a Jaime Miláns y a mí un gran paquete de regalos y de cartas.

 

LAS BANDAS DE LOS "MIL PUNTOS"

Excuso decirles con qué alborozo abrí mi paquete. Venían centenares de cartas de muchachas japonesas. En la Embajada -nuestra misiva había sido publicada en la Prensa tokinesa- nos tradujeron algunas decenas de cartas, todas ellas llenas de gran ternura, simpatía y admiración hacia la lucha que España realizaba contra el comunismo. Algunas cartas eran maravillosamente femeninas y leyéndolas daban ganas de llorar.

Entre los regalos que nos enviaron -jabones, confituras, cascos de "samurai", papel de escribir, muñequitos, etc.- figuraban varias "bandas de mil puntos". Son estas bandas unas tiras de algodón. Cada mujer borda un punto. Y estos mil puntos en la banda dicen que protegen al soldado que se la arrolla al pecho. A mí me llegó tarde. No sé si Jaime Miláns del Bosch se la envolvió al cuerpo, porque lo cierto es que en todo el resto de la campaña, ni siquiera en el cruel Ebro, donde se ganó heroicamente la Medalla Militar individual, y más tarde en Rusia, en la División Azul, recibió ni un solo rasguño.

Tanto a Jaime Miláns como a mí nos tocaron varias bandas de "mil puntos". ¡Imagínense la de japonesitas que trabajaron para nosotros, pues cada punto ha de bordarlo una mujer diferente!

Los mismos oficiales compañeros nuestros que consideraron una locura nuestra petición de madrinas al Japón nos pidieron urgentemente sus señas. No sé si las escribieron. Muchas japonesas nos enviaron sus fotografías. Algunas nos ofrecieron sus cabellos. Otras nos invitaron a pasar una temporada en sus casas.

Se terminó nuestra guerra y tanto Jaime Miláns del Bosch como yo seguimos nuestras carreras vocacionales. Hoy Jaime es comandante de Estado Mayor. En cuanto a mí, el periodismo me llamaba demasiado fuerte y no pude resistir la primera ocasión de enrolarme en sus filas.

Sí. ¡Cuántos recuerdos me han traído, de repente, estas cartas que PUEBLO, por mediación de la señorita Mercedes Díaz Jiménez (¿antigua empleada en la Embajada de España en Tokio? ¿Por qué y cómo guarda esta carta original nuestra escrita desde las trincheras de Madrid?) ha resucitado en sus páginas!...

Waldo DE MIER

 

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